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LA RECONFIGURACIÓN DEL PSICOANÁLISIS
A COMIENZOS DEL SIGLO XXI
LA UNIVERSIDAD - LA EVALUACIÓN - LAS TCC
6 de agosto de 2005
Buenos Aires, Argentina
Teatro Coliseo
Convocan
Escuela de la Orientación Lacaniana
Escola Brasileira de Psicanálise
Nueva Escuela Lacaniana
Con la presencia de Jacques-Alain
Miller

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Boletín N° 10 - 4 de Julio
de 2005
Índice
> Editorial, por Maria
do Carmo Dias Batista
> Correo de los lectores. Cartas de Ram Mandil
y Elisa Alvarenga
> Presencia del DSM, por Guillermo A. Belaga
Editores
Maria do Carmo Dias Batista, diasbatista@uol.com.br
Paula Kalfus, maito@arnet.com.ar
Juan Fernando Pérez (moderador), juperez@epm.net.co

Editorial
Cualquier cosa
El texto de Dominique Laurent, publicado
en el Boletín del Foro de los psi, No. 2, suscitó
varias discusiones y comentarios enviados a los editores.
Hoy presentamos algunos de ellos.
Lo que tienen en común es el énfasis
en la diferenciación de territorios dentro de la psiquiatría.
No existe la psiquiatría como un saber denso y homogéneo;
a duras penas cavó su lugar en la ciencia y en la medicina
y permanece estática allí.
Existen corrientes, formas, tendencias, especialidades:
de la psiquiatría biológica a la psicodinámica,
de la psiquiatría francesa y alemana a la norteamericana;
de la antipsiquiatría de los años ´60
a la psiquiatría social.
Entonces, ¿cómo se forman los
jóvenes psiquiatras?
¿Será la TCC terapia de elección
y unánime entre varias corrientes?
¿Cuál de las sub-especialidades
conversaría mejor con el psicoanálisis? ¿Es
que alguna de ellas indicaría psicoanálisis?
¿Con medicación? ¿Sin ésta?
Parece que la araña de síntomas
creada por los diagnósticos del DSM-IV se reproduce
en la maraña de las líneas psiquiátricas.
Debe obedecer a la misma lógica: el furor hiper-clasificatorio
fue acompañado por el surgimiento de nuevos linajes
en la psiquiatría. A cada nuevo síntoma le corresponde
una nueva línea.
Sin esa araña, sin esa araña,
sin esa araña....
Ni el rencor araña el carro
Ni el sarro araña España
(Qualquer Coisa, canción de Caetano Veloso, 1975)
Lean en este número a Elisa Alvarenga,
Ram Mandil y Guillermo Belaga.
Maria do Carmo Batista
Traducción: Cecilia Gasbarro

Correo de los lectores
Ram Mandil
EBP
16.06.05
Del Boletín del Foro de los psi, No.
2, destaco una cuestión del excelente texto de Dominique
Miller, sobre la tendencia a la desregulación de prescripción
de psicotrópicos, lo que permitiría su prescripción
por cualquier practicante. Más allá de que lleve
a un aumento del consumo, esta tendencia favorece la práctica
de las TCC, por el hecho de que dispensa de la necesidad de
una formación psiquiátrica en el campo psi.
Esto podría llevar, en consecuencia, a la desaparición
de la psiquiatría tal como existe hoy. Este aspecto
hace pensar en el debate sobre el acto médico en Brasil.
Uno de los argumentos que nos defienden es el de preservar
la prescripción de medicamentos a los médicos.
Sabemos que esta defensa se viene sustentando mucho más
en argumentos corporativistas que en una visión amplia
de la sociedad contemporánea. Una pregunta: en nuestra
posición ante ese proyecto de ley, ¿cómo
diferenciarnos de los que la atacan por los motivos inconfesables
de una desregulación generalizada de la prescripción
de psicofármacos?
Otro tema interesante de ese mismo texto.
Sobre el "corte de las generaciones": "La nueva
generación de psiquiatras no tiene nada en común
con estas referencias teóricas diversas de la generación
precedente. Un profesor de psiquiatría amigo me confiaba
la manera en que su generación (de profesores) estaba
separada en el plano epistémico de la que la sigue:´Con
ellos´, me decía, ´no se puede hablar más´.
Este corte está marcado por la desaparición
de un saber especializado que se aplicaría al uno por
uno, y por el crecimiento de la potencia, en nombre de una
falsa universalización, científica, de las prácticas
elevadas a la dignidad de psicoterapia, y que no se basan
sino en la reeducación y el aprendizaje".
Esto vale para la formación de los
psiquiatras, pero también para las Universidades, no
es así? Pienso que Elisa, que tiene una función
de mentora de psiquiatría, tendrá algo que decir
sobre esto. Como también los demás colegas que
están en la Universidad.
Traducción: Cecilia Gasbarro
Elisa Alvarenga
EBP
16.06.05
Queridos colegas,
Ram (Mandil) está en lo cierto cuando
destaca el "corte entre generaciones" enunciado
por Dominique Laurent en su texto Del deseo de estandarización
en masa, publicado en el Boletín del Foro de los psi
No. 2. El diálogo con los jóvenes psiquiatras
y sus jóvenes profesores es a veces un diálogo
de sordos. Sin embargo, el diálogo puede ser difícil
aún entre psiquiatras de la misma generación,
pero de diferentes orientaciones. Puedo dar tres ejemplos:
1.- La preocupación del profesional
por resguardarse jurídicamente puede ocupar un primer
plano para algunos psiquiatras, llevándolos por ejemplo
a sugerir que un residente exija, de su paciente paranoico
en psicoterapia –que se rehúsa a tomar medicación–
la firma de una declaración de compromiso escrito en
el que conste que él no acepta la medicación...
Es la mejor manera de librarse de un paciente cuya transferencia
tiende estructuralmente hacia la desconfianza...
2.- Según el Compendio de Psiquiatría
de Kaplan, muy estimado por los psiquiatras en formación,
las terapias cognitivas usan como estrategia la confrontación
con la realidad. Sin embargo, en lo que concierne a los estados
paranoides, "algunas áreas de la creencia del
paciente pueden estar tan cargadas que tal vez sea mejor dejar
su exploración para un momento futuro". Así,
discutiendo el caso de una paciente paranoica atormentada
por interpretaciones delirantes de tono persecutorio, se considera
que la paciente sufre de un déficit cognitivo, porque
no se entiende que, estructuralmente, ella no puede subjetivar
su responsabilidad en el desorden de su realidad. El psicoanalista
lacaniano no opera confrontando a su paciente con la realidad,
apostando, al contrario, a que el tratamiento le haga posible
permitirse una cierta subjetivación, ya que no considera
la psicosis como un déficit cognitivo.
3.- Discutiendo casos de co-morbilidad se
presenta, por ejemplo, "un caso de trastorno afectivo
bipolar (TAB) con dificultades en la conducción del
tratamiento debido a la co-morbilidad con un trastorno obsesivo-compulsivo
(TOC) y un trastorno alimentario". Las clasificaciones
psiquiátricas actuales propician un empuje a las presentaciones
de casos tales como este fragmento, del cual un psiquiatra
en formación expone un caso, comentado por su profesor
que añade, oportunamente, que "la posibilidad
eventual de un tratamiento tiende a agravar el curso de otro
cuadro". En el caso en cuestión, no hay interrogación
alguna sobre el hecho de que el tratamiento de la bulimia
ha desencadenado un episodio maníaco-depresivo, como
tampoco del hecho de que su estabilización haya hecho
resucitar antiguos síntomas obsesivo-compulsivos. La
conclusión del profesor es que la literatura (científica)
recomienda, en esos casos, estabilizadores del humor, además
de terapia cognitivo-comportamental. El psicoanalista lacaniano
trabaja con un presupuesto básico, ignorado por las
TCC; el de que el sujeto necesita de su síntoma para
vivir. Ante el furor terapéutico contra el síntoma,
el ser-hablante, el sujeto que habla con su cuerpo, se desdoblará
en co-morbilidades, no para sostener sus síntomas suprimidos,
sino para intentar que sean escuchados. La co-morbilidad de
la psiquiatría comportamental puede ser una respuesta
al tratamiento supresivo de las manifestaciones del sujeto,
que habla a través de sus síntomas.
Buenos augurios para nuestro Forum
Un abrazo,
Elisa
Traducción: Cecilia Gasbarro

Presencia del DSM
Guillermo A. Belaga
EOL
Este comentario surge de la lectura del artículo
de Dominique Laurent [1] aparecido en el Boletín Nº
2 del Foro de los psi en Buenos Aires.
La querella de los diagnósticos en
torno al DSM no es nueva, y muchos psiquiatras y psicoanalistas
han escrito en forma crítica, precisa y exhaustiva
sobre esto desde la misma aparición en 1980 de su 3ª
edición.
Su renovada actualidad justamente se desprende
de lo que resalta y advierte D. Laurent: su condición
de brújula para las nuevas generaciones de psiquiatras
y su confluencia con los sistemas de poder públicos
–comprometidos con la caída del Estado Benefactor–
y privados, que apelando a su "pseudo cientificidad"
refuerzan sus estrategias para imponer su lógica contable
rentable.
La batalla de las neurosis
Es un hecho que la falta de inscripción del término
de neurosis marcó la derrota de los psicoanalistas
en su elaboración.
Esta ausencia ha sido justificada como parte
de posturas a-teóricas y de refuerzo de los criterios
sindrómicos a los fines de un consenso global. Pero
que en realidad, han servido para desplazar la causalidad
psíquica hacia estrechos planteos biológicos,
homogeinizadores de los sujetos.
Por otro lado, J. A. Miller [2] ha hecho
una lectura donde se podría relativizar esta pérdida
para fundamentar la crítica al DSM IV desde la perspectiva
de la última enseñanza de Lacan. Así,
la misma desde el ternario RSI se distingue y se diferencia
de las categorías freudianas, de la repartición
hermética y discontínua, entre neurosis, perversión
y psicosis.
Es un tiempo de cambios, a partir de la declinación
del orden tradicional patriarcal impuesto por la ciencia y
la globalización económica, que se verifica
en los nuevos paradigmas de la psiquiatría, [3] como
también en la necesidad de revisar el estándar
freudiano centrado en el Nombre-del-Padre. Al respecto Miller
afirma que como se perdió "la seguridad de lo
discontínuo y estanco, el síntoma se vuelve
la unidad elemental de la clínica y ya no lo que se
llamaba la estructura clínica, que era una clase".
Agregando que "después de todo lo que Lacan llamó
sinthome al final de su enseñanza, es la versión
lacaniana de la fragmentación de las entidades clínicas
en el DSM".
Por supuesto, se advierte que no es la misma
fragmentación, y si bien Lacan observa el mismo movimiento
de desestructuración de las entidades, esta última
clínica tiene como pivote la referencia al goce y de
hacer surgir la particularidad de cada sujeto que debe hacer
frente, uno por uno, al trozo de real que le toca.
Una consecuencia de esta clínica borromea
es que permite oponer en la época de la generalización
del trauma, la singularidad de los casos, la aptitud del síntoma
para la invención a los programas universalizantes
donde surge la categoría del síndrome de estrés
postraumático –apreciada por los manuales epidemiológicos–,
que se organiza a partir de una suerte de estándar
de la reacción del organismo afectado.
Sin embargo, sostener todavía la categoría
de neurosis se haría necesaria si se siguen los argumentos
aportados por Eric Laurent en las últimas jornadas
anuales de la EOL, ocasión en que afirmaba que la alianza
entre biología y ciencia tendería a un uso moralista
masificador a partir de justificaciones y mitos biológicos,
"por el cual nos van a decir que hay que renunciar a
la perspectiva analítica que trató de desarrollar
los lazos entre lo sexual y el lazo social". [4]
Asimismo, desde la clínica psiquiátrica
existe una tentativa clasificatoria de la Asociación
de Psiquiatras de América Latina que intenta diferenciarse
de los criterios del DSM elaborando la Guía Latinoamericana
de Diagnóstico Psiquiátrico. La misma, además
de proponer criterios ligados al contexto histórico-social
de nuestros países, conserva entre otras cosas las
categorías de neurosis, reconociendo el aporte clínico
y conceptual del psicoanálisis para la psiquiatría
dinámica.
Situación del DSM
La elaboración del manual epidemiológico americano
ha quedado cada vez más en manos de los investigadores,
en desmedro de los clínicos.
Estas circunstancias han llevado a un creciente
malestar en EEUU donde se ha profundizado la brecha entre
los primeros con los practicantes de la psiquiatría
y las psicoterapias. Estos disensos, que valen la pena seguir,
aparecen en el momento de su aplicación efectiva especialmente
en torno al problema de la co-morbilidad. Es decir, que producto
de la utilización de los criterios sindrómicos
del DSM surge con demasiada frecuencia la co-existencia en
un mismo paciente de varios trastornos, lo que complica las
decisiones terapéuticas e inclusive vuelve muy engorrosa
cualquier investigación y/o cumplir con la seguridad
social y los sistemas de reembolso.
Esta disyunción entre los institutos
y centros de investigación con los clínicos,
no aparece aún totalmente explicitada, dado que el
DSM se demuestra como un buen instrumento para las comunicaciones
científicas y estadísticas, y cumple con el
ideal de la época de la búsqueda del consenso
democrático, de un "uso" común del
lenguaje.
Desde la perspectiva de nuestros países,
el problema es cómo se lee esa "omnipresencia",
cómo se recepciona este manual, dado que es parte de
los modos de recepción existentes a las investigaciones,
producciones culturales y debates que provienen de los centros
que las elaboran.
Al respecto, en Argentina, debido a que el
Estado está lejos de la consistencia del de los países
del primer mundo, y también porque coinciden la fuerte
presencia de la clínica clásica europea (francesa
y alemana principalmente) con el psicoanálisis, la
psiquiatría dinámica y variadas prácticas
psico-sociales; junto a la tradición política
de los movimientos de masas "nacionales y populares"
y de izquierda, se opta en general por las clasificaciones
de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en los
hospitales de psiquiatría, en los servicios de salud
mental, y en otros ámbitos públicos de asistencia.
Esta realidad que aparece como favorable,
contrasta con lo que se vive en clínicas privadas,
pre-pagas y obras sociales, donde se adopta sin críticas
y a rajatabla el DSM, las terapias "breves" y la
psicofarmacología, lugares donde los psicoterapeutas
se enfrentan con un clima "anti-psicoanalítico",
como el que se describe en la Europa de la regulación
y la evaluación de las terapias.
En este sentido, el problema de la formación,
como señala D. Laurent, es algo crucial. La nueva generación
de psiquiatras por sus actuales posiciones muy influenciadas
por el DSM, junto a que se ha restringido el ingreso rentado
a los hospitales públicos, y/o simultáneamente
se ha desplazado la formación y la posibilidad de un
sostén económico a los ámbitos privados,
puede hacer cambiar el estado de cosas en las instituciones
públicas a favor de estas corrientes.
Esta generación es parte de la época
de los estilos que se reafirman en modos de vida "autónomos",
que empuja a que cada individuo tenga cada vez más
que hacerse cargo de su propia narración personal.
Los practicantes también son individuos institucionalizados
que se tientan con programas aparentemente "científicos"
y sistematizados, como los que se desprenden de los papers
de psicofarmacología que usan al DSM como clasificación
para agrupar a los pacientes.
Además de esta seria situación
de los jóvenes psiquiatras, que puede afectar a las
instituciones en un futuro cercano, en el presente, la organización
de un discurso homogeneizador y biologizante conectado a los
test evaluatorios, afecta y condiciona a la práctica
"psi" desde otros campos, como a los neurólogos
que "abrazan" al DSM, éstos, intentando que
queden bajo su influencia las categorías del Síndrome
de Déficit de Atención e Hiperactividad, y los
Trastornos Generalizados del Desarrollo –el llamado
"espectro autista"–. También se suman
los médicos clínicos y de familia, algunas corrientes
sanitarias y pedagógicas, y finalmente los enormes
gastos de la industria farmacéutica, que incluye una
estudiada difusión en los mass media para inducir al
público para que imponga a los médicos la prescripción
de ciertos psicofármacos.
Ante esta compleja situación del porvenir,
desde el psicoanálisis, hacen falta respuestas "sin
maquillaje", como dice J. A. Miller, hace falta que se
concierte una nueva alianza con su forma llamada aplicada,
y que avance en el campo social, y en el campo institucional
[5]. Además de sumarse a otros psicoterapeutas y psiquiatras
ya dispuestos a debatir y enfrentar a estas corrientes biologizantes.
La angustia del practicante
Por último, también estas consideraciones implican
estar atentos y presentes en las instituciones cuando los
practicantes se enfrentan a sus propias "urgencias subjetivas".
Como es el caso frecuente de la tradicional "urgencia
psiquiátrica", en donde el clínico se encuentra
inmerso en un verdadero agujero en el discurso, enfrentado
a lo indecidible, porque verifica que la clínica del
DSM y de los papers no es una clínica "segura".
Donde los pacientes que concurren no responden a los psicofármacos
como se postula, porque son más complejos, porque las
patologías son más graves, porque distan mucho
de aquellos que fueron seleccionados especialmente para que
den "buenos resultados" en los protocolos farmacológicos.
Situación donde aparece la carencia de una clínica
psiquiátrica, y donde puede surgir frente a la angustia
del practicante una nueva tentación: recurrir al discurso
jurídico –ligado también al DSM–
y/o a los algoritmos decisionales provistos por la llamada
medicina basada en la evidencia. Momento de borde con lo real,
de caída de los estándar y los programas, en
el cual el psicoanálisis puede empujar a otra manera
de decidir, transmitir otra teoría de la decisión
para el terapeuta y el psiquiatra.
Notas
1- Laurent, D.: "Del
deseo de estandarización masiva", En Boletín
del Foro de los Psi, No. 2, 2005. Edición en listas
electrónicas de las Escuelas de la AMP.
2- Miller, J. A.: "El inconsciente es político".
En Lacaniana No. 1, agosto 2003, Bs. As. pp. 9-19.
3- Stagnaro, J. C: "De la neurosis traumática
al trastorno por estrés postraumático. Un análisis
histórico-epistemológico". En Rev. Desarrollos
en Psiquiatría, Año 2, No. 5, (órgano
oficial de la Asociación de Psiquiatras Argentinos
[APSA]), Nov-Dic, 1997.
4- Laurent, E.: "Presentación de la revista Lacaniana".
En Nuevos síntomas, nuevas angustias, (Colección
de la Orientación Lacaniana), EOL-Grama, Bs. As., 2005.
pp. 117-136.
5- Miller, J. A.: "Improvisación sobre Rerum Novarum".
En Lacaniana, No. 2, ago 2004, Bs. As. pp. 9-14.
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