LOS NOMBRES DE LA ANGUSTIA EN EL MAL VIVIR ACTUAL

IV Jornadas

Noviembre 17, 18 y 19 2006
Guayaquil - ECUADOR


   

 

Comentarios al BOLETÍN # 6

COMENTARIOS DE MARIA ISABEL PATIÑO Y MARIA VIRGINIA ZAMORA -NEL Maracaibo. Comentan el artículo de Susana Dicker "Del desamparo y la Angustia, a la creencia en el Síntoma". Destacan la función del Psicoanalista que brinda la posibilidad de una invención al sujeto "que no lo deje en la inercia, petrificado y en la satisfacción paradójica". Oportunidad para que se produzca una nueva posición frente al Otro.

La lectura del boletín preparatorio a las IV Jornadas de la NEL #6, titulado "Del desamparo y la angustia, a la creencia en el síntoma" y enviado por Susana Dicker, suscitó en nosotras una reflexión en torno a dos aspectos: el primero, en relación al fenómeno de la angustia expectante y el segundo en relación a la intervención posible frente a un sujeto que ha vivido un acontecimiento traumático producto de la violencia delictiva. La problemática del robo, secuestro y el asesinato es sin duda una que nos rodea a nosotros en Maracaibo, una de las ciudades con más altos índices de robos a mano armada, hurto de vehículos y secuestro del país, e incluso de Latinoamérica.

Cuando se introduce el concepto de la angustia expectante, como un experiencia en la que el sujeto se encuentra en una constante alerta frente a la posibilidad de agresión del Otro, se puede pensar en la presencia de esta angustia como un elemento que le permite al sujeto sostener la presencia del Otro, de un Otro omni-presente y omni-potente y, en tal sentido completo. La angustia expectante sostiene al Otro bajo una creencia fantasmática según la cual el sujeto ocupa un lugar "privilegiado" frente a otro, que se traduce en una posición correlativa a la de ser objeto de goce del Otro. La creencia en el Otro se mantiene incluso al precio de estar sujeto a un Otro que puede irrumpir bajo la forma del atracador, secuestrador, etc.

La angustia expectante produce en el sujeto una experiencia cercana a la de ser "robado", "atracado" o "secuestrado" casi todo el tiempo, pues incluso cuando el hecho en sí no está ocurriendo el sujeto queda fijado en esa escena, bien sea por la rememoración constante de la misma, los flashbacks, la toma de medidas permanentes para evitar que suceda de nuevo, entre otros. Es lo que la psiquiatría denomina "estrés postraumático". Y sabemos que si el sujeto cuenta con algún elemento del orden de la certeza, es en relación con su goce, es decir que si el sujeto se ancla en una serie repetitiva, es porque se juega algo de su satisfacción, de su goce.

La creencia en el fantasma se opone a la creencia en la contingencia. Creemos que es más accesible al neurótico la creencia en la ficción fantasmática que la aceptación de la contingencia, que lo dejaría como uno más entre muchos que pudieron ser afectados por la misma. Vemos incluso cómo en ocasiones la ficción fantasmática basta por si sola para producir esta angustia expectante, e incluso, como el sujeto que no ha sido víctima directa del hampa puede experimentarla. Es la realidad fantasmática impuesta sobre la realidad "objetiva".

Que el trauma es contingente significa que puede aparecer en la forma de un acontecimiento, pero el modo en que el sujeto responde y lo articula en su respuesta sintomática tiene que ver con su fantasma, y la expectativa del Otro como aquel que irrumpirá en esta forma de acontecimiento traumático deja al sujeto anudado a un modo particular de goce resultado de su ofrecimiento como objeto en esta escena.

De allí que hay que pensar en anudar, tal como se plantea en el escrito, el acontecimiento y la estructura. Si se piensa sólo el acontecimiento, podría otorgársele a las respuestas del sujeto un sentido derivado de la experiencia misma de ser robado, atracado, o violentado de cualquier manera. Como si la experiencia traumática en sí misma generara respuestas universales y esperadas, sobre las cuales no habría interrogación posible. Así, el consentimiento del sujeto a esta forma de satisfacción queda silenciado, y con ella la posibilidad de dilucidar un sentido más propio a lo que estos acontecimientos guardan de traumático.

En el sujeto el trauma siempre está presente, pero no se trata de una experiencia prevenida, sino de algo que es del orden de lo inesperado, que irrumpe en la vida del sujeto y se inscribe en una experiencia particular que no es posible descifrar si se le da, en el dispositivo analítico un carácter de universalidad. Es decir si se le da crédito a los síntomas derivados de un sujeto que se ha identificado al "ser robado", "ser violentado" y que prefiere cercenar su libertad, evitar ciertas actividades, o armarse para confrontar al otro que lo espera.

La posibilidad de una invención del sujeto, como es tratada en el texto, tiene que ver con la oportunidad que tenga de construir una nueva respuesta frente a este síntoma social contemporáneo que no lo deje en la inercia, petrificado y en la satisfacción paradójica, sino que le permita lograr un acomodo distinto frente a lo traumático que ha estado presente a lo largo de su vida, desde que se constituye como sujeto a partir del lenguaje.

Creemos que la propuesta de S. Dicker es que este acontecimiento permita al sujeto una invención que le permita continuar una vida no sujeta al trauma. Y que el acontecimiento traumático podría constituirse en la vía para la invención de una nueva posición frente al Otro y de una reconsideración con respecto al lugar que el sujeto le ha otorgado a éste.

Pensamos que la intervención estaría orientada entonces a deslastrar el trauma del sentido, ese que petrifica al sujeto en la convicción de que su vida permanecerá anudada al evento amenazante y que no permitiría mayores elaboraciones al respecto, es decir, que el trauma aparezca bajo la forma de un "todo está dicho ya". Se trataría de apuntar al sin-sentido del trauma, a su cualidad contingente, que permitiría una relativización del mismo, así como una invención posterior como propone la autora del artículo.

Maria Virginia Zamora y Maria Isabel Patiño.

Asociadas NEL - Maracaibo

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Piedad Ortega de Spurrier
Nel - Guayaquil

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