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LOS NOMBRES DE LA ANGUSTIA EN EL MAL VIVIR ACTUAL IV Jornadas Noviembre 17, 18 y 19 2006
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Comentarios al BOLETÍN # 3 COMENTARIOS AL TEXTO "LA FUNCIÓN INDICATIVA DE LA ANGUSTIA" de María Hortensia Cárdenas Siguiendo con los comentarios que algunos miembros de la Nel nos han enviado a propósito de los artículos que han aparecido en los boletines preparatorios a las jornadas en Guayaquil, en este caso, el artículo de María Hortensia Cárdenas sobre la función indicativa de la angustia. Una novedad adicional es que, en esta oportunidad se trata de comentarios realizados por un grupo de investigación de primer año del CID GUATEMALA. Les damos la bienvenida en nuestras páginas. COMENTARIO DE Alejandra H. de Vitola (Tema de trabajo: Castración y ley) Elaboraré mi comentario sobre la frase: "el miedo a la castración está en el centro de toda producción de síntomas y es el motivo de la represión", enfatizando más en la segunda parte de la frase, en la que se afirma que el miedo a la castración es el motivo de la represión. El concepto de "miedo a la castración" remite al tema de la sexualidad infantil, específicamente al paso por la etapa fálica. En esta etapa se da una creencia universal del pene, en la cual el niño reconoce un único órgano genital: "el falo", ya sea presente (niños) o ausente (niñas). En un momento, el niño muestra un marcado interés por los genitales, siendo el propio falo el punto central de interés, lo que lo lleva a un aumento de su curiosidad y exploración, no sólo en sí mismo, sino en otras personas también. La curiosidad lo lleva finalmente a reconocer las diferencias anatómicas, reconoce que las mujeres carecen de pene y, en algún momento, esta confirmación visual la asocia con las amenazas verbales del padre, generando así la angustia de castración, (¿angustia vivida inconscientemente, o es un miedo real ante las amenazas del padre por manipularse el pene?). Estas experiencias del niño son aún más complejas en el sentido que se dan dentro de la trama edípica; la cual le deja sólo una salida: no optar por la madre (o el padre) como objeto de satisfacción. La ley de la prohibición del incesto tiene efecto porque cualquier satisfacción amorosa dentro del Complejo (con el padre o con la madre) le implicaría la pérdida de su órgano (castración). Lo interesante de notar es que en ese conflicto "triunfa", por así decirlo, el "interés narcisista". El niño se aleja de los padres para no perder su órgano. Definitivamente, la posibilidad de perder el falo (ser castrado) es más a nivel simbólico que anatómico. Entonces, al momento en que la pulsión se dirige hacia el objeto parental, la represión entra en juego. Freud indica que la represión tiene como meta el "despojar a la pulsión de su eficacia", y es por esta razón que este mecanismo se pone en marcha para terminar con el complejo de Edipo y no permitir una satisfacción con "objetos prohibidos". De esta manera, sucumbe el complejo de Edipo; salva los genitales de la castración pero por un momento, y los paraliza de su función en la etapa de latencia. Freud indica que mediante la represión el complejo no se elimina por completo, más bien, éste sigue subsistiendo en el inconsciente y manifestará más tarde su acción patógena, posiblemente en forma de angustia. Angustia que indica acerca de la pulsión, ya que es una experiencia que no necesita enmascararse para escapar la barrera de la represión . Luego de haber leído el boletín y enfatizar en la frase de la cual partí para hacer el comentario, me surge la duda ¿es miedo o angustia de castración? O, ¿es que se da miedo en un inicio y luego, por medio de la represión, ya es vivido como angustia? Y, por último, ¿será la angustia de castración la experiencia más determinante de la sexualidad infantil, por lo que se afirma que "está en el centro de toda producción de síntomas"? COMENTARIO DE Aura María Ambeliz (Tema de trabajo: síntoma neurótico) "El miedo a la castración está en el centro de toda producción de síntomas y el es el motivo de la represión". El miedo a la castración, se puede decir, es el miedo a la aceptación simbólica de algo que limita al sujeto, que lo limita en cuanto a su deseo de poseer a la madre, y en cuanto a su deseo frente a la sexualidad. Es simbólica porque la castración no recae exactamente sobre una parte del cuerpo, sino sobre un deseo del sujeto respecto a su objeto de amor. Sin embargo, lo que sí se percibe por el cuerpo es la angustia. La castración genera angustia porque es una fuerza represora de la pulsión, la obliga a retroceder, le prohíbe satisfacerse y, por lo tanto, genera displacer. El síntoma es el representante de ese displacer, en él se invierte la energía pulsional que quedó reprimida y separada de la representación o idea asociada a la satisfacción de la pulsión. El síntoma se forma debido al fracaso de la represión sobre la satisfacción de la pulsión. Queda desviada la pulsión de su objeto original, pero la carga reprimida se transforma en un afecto angustioso que el yo tratará de suprimir. Este afecto al estar separado de su representación original, establece conexiones o asociaciones con distintas representaciones capaces de llegar a la conciencia en forma de angustia que recaen sobre el yo del sujeto. Tenemos entonces que el síntoma paradójicamente es una solución y un problema para el Yo, por su carácter repetitivo. Esta paradoja surge del desplazamiento del afecto hacia otras representaciones de la vida psíquica del sujeto. Este desplazamiento puede darse también sobre objetos de la realidad externa, como en las fobias, convirtiéndose así en miedo. En el caso de la histeria el desplazamiento es hacia el propio cuerpo y en la obsesión hacia la esfera del pensamiento. En este pequeño análisis podemos observar cómo la limitación de la satisfacción de la pulsión, o sea la castración, genera los síntomas por sustitución. La angustia, como se indicó al inicio, se origina en la prohibición, en el límite a la descarga pulsional y en la pérdida del objeto original de la pulsión. COMENTARIO DE Arturo Jarquín (Tema de trabajo: narcisismo y elección de objeto) La autora, haciendo referencia a Freud, explica que "existe una conexión entre la represión y la angustia, de tal modo que la verdad que emerge por esa represión, causa la angustia". Más adelante, citando a Miller, la autora "nos invita a apartarnos del deseo de curar la angustia. La angustia no es un trastorno –afirma Miller– ni un disfuncionamiento; de eso se trata el síntoma y no la angustia" . Agrega que algunas terapias intentan "suprimir la angustia considerada como un síntoma. Se le quita todo valor subjetivo y la posibilidad de expresarse como una señal de algo" . La angustia retorna para dar cuenta de aquello que ha sido arrojado al subterráneo de la psique humana por el mecanismo de represión. Esto sucede después que la represión ha logrado separar afecto y representación, y el afecto, ahora liberado, atraviesa los sistemas de censura transportándose hacia el cuerpo como su destino; esto en "apenas una vacilación del yo" –dice Lacan –. De lo anterior, que la angustia desde Freud, en tanto que transmutación de lo reprimido no se ubique por sí misma en calidad de síntoma pues proviene "directamente del sistema Inc. en sustitución de los afectos reprimidos" (Freud, 1915) [1] . De ahí que su génesis sea ontológica y no fenomenológica, como afirma la lectura de la psicología científica. La cual, desde sus dominios de saber intenta capturar la angustia y sujetarla por medio de una taxonomía obsesiva, haciéndonos creer cada vez que se trata de una entidad. Esto, a través de una exaltación de la eficacia de sus métodos como respuesta a una demanda cultural, cultura del clic, en detrimento del significado que para el sujeto pueda tener la angustia. De esta manera, la tecnología terapéutica de la psicología científica, desde un modelo cibernético de la menta humana, pretende sofocar aquello que es el destino de la angustia, a saber, expresar lo incanalizable y que nos ubica en el umbral de aquello que no queremos saber [confrontación con la castración] . Las terapias alternativas, como la Gestalt , intentan abordar la angustia desde el cuerpo, es decir, emprendiendo un recorrido de vuelta a los orígenes; antes de la palabra sólo queda el cuerpo. En tanto que la psicología, partiendo de su comprensión apuntala a una tecnología que silencia y borra la experiencia de angustia, Freud (1904) nos advierte a no ser tentados por esa solución instantánea, ubicándola en el plano de la técnica de sugestión [2] . El psicoanálisis, entonces, desmintiendo esta visión fenomenológica de la angustia, se aproxima a ella apuntando a enlazarla a un objeto. Para de esta manera, producir un síntoma analítico desde el cual la angustia pueda ser escuchada, aportando ese saber nuevo que promueva un cambio en la posición subjetiva del sujeto. COMENTARIO POR Emanuele Tacchia (Tema de trabajo: Icc estructurado como un lenguaje) Mi comentario al boletín de María Hortensia Cárdenas se enfoca en las siguientes líneas: "Freud señala que existe una conexión entre la represión y la angustia, de tal modo que la verdad que emerge por esa represión, causa angustia. La represión estará al inicio de la formación de los síntomas". Esto corresponde, como se menciona en el boletín, a lo que Freud escribía en 1916, que la angustia real y la neurótica se derivan de una libido no empleada. La angustia neurótica es la fuga del yo de un peligro, un peligro interno que se proyecta al externo. La angustia es retenida en los neuróticos obsesivos por sus actos repetitivos, en la histeria por los síntomas corporales. En general, la angustia es reemplazada por los síntomas y las neurosis se generan por la incapacidad de soportar la represión de la libido. La angustia es uno de los destinos de la libido, generado por la represión. Sin embargo, en 1932, Freud corrige la relación entre angustia y represión. La angustia es un estado afectivo, cuya causa ordinaria es una excitación libidinosa frustrada. La represión no crea la angustia, ésta existía con anterioridad. Al contrario, es la angustia la que crea la represión. De la amenaza de castración, una situación de peligro exterior, surge la angustia . Falta, en el texto del boletín, este pasaje importante en la teoría freudiana: el giro que se da en la relación entre angustia y represión en los escritos de 1932 con respecto a los de 1916. En el texto de María Hortensia Cárdenas se toma en consideración sólo la elaboración teórica hasta 1916. Una nota más: cuando María Hortensia Cárdenas afirma que "La angustia es antagónica a un saber nuevo, la angustia no quiere saber; de ahí la posición subjetiva de la angustia", está personificando la angustia. Quien no quiere saber es el sujeto, no la angustia, que es un afecto. Me parece que esto contradice lo que antecede: "La angustia es de entrada un asunto de una posición subjetiva" y también lo que sigue: "La angustia signa la entrada de la certidumbre en la subjetividad por la puerta del sufrimiento". COMENTARIO POR Paulina Zamora de Otero (Tema de trabajo: angustia y pulsión en la formación del analista) He elaborado mi comentario alrededor de dos puntos: el primero, la frase que hace referencia a Freud en el tema de la angustia y la represión, y que dice "la angustia es antagónica a un saber nuevo". Y el segundo, el que hace referencia a Lacan, también en relación a la angustia y el saber, y se plantea de esta manera: "Lacan no dice eludir la angustia, ni evitarla, ni levantarla. Dice afrontarla, pasar por ella para que se pueda obtener un saber sobre la manera como se encuentra implicado en su sufrimiento". Freud y Lacan. Ambos relacionan la angustia con un saber. En el caso de Lacan, pensar en la angustia como "una función indicativa de lo real" lo llevó a proponer que a la angustia hay que afrontarla y esto para acceder a un saber inédito, y más específicamente, un saber inédito sobre la pulsión. En Freud, desde lo que está planteado en el boletín en términos de que "la angustia no quiere saber", pareciera que afrontarla para acceder a un saber inédito sobre la pulsión sería inútil y tal vez incluso contraindicado. Pero, pregunto, ¿estarán tan alejados Freud y Lacan en ese punto en particular sobre la angustia? Para ambos la angustia es un afecto y más que un concepto, una experiencia. Ahora bien, Lacan dirá que la angustia es el afecto de lo real. Y Freud dirá en su texto de Lo Inconsciente (1915) que la angustia es la sustitución regular de los afectos reprimidos, o dicho de otra manera en ese mismo texto, que la angustia es el afecto que emana directamente de lo inconsciente. Pero lo más interesante es cuando define lo que es el afecto: "proceso de descarga de la pulsión". Hasta aquí la relación que hace Freud entre pulsión y angustia. Ahora veamos la relación entre angustia y represión. Si bien en Freud hay una relación indiscutible entre angustia y represión, retomando su texto de La represión (1915), dicha relación no es de colaboración. En ese texto ubica justamente el fracaso de la represión en no conseguir evitar las sensaciones de displacer o de angustia, aunque haya alcanzado su fin con la idea. Y no es un fracaso cualquiera el de la represión sino que fracasa justamente en su fin, porque Freud nos dice en ese mismo texto que el fin de la represión es la coerción del desarrollo de afecto. Así que lo antagónico a un saber nuevo es la represión, no la angustia. Entonces si la angustia es un afecto que emana directamente de lo inconsciente y, por ser un afecto, es una descarga directa de la pulsión a la que la represión no se le logra oponer, Freud no se aleja tanto de Lacan en el tema de la pulsión y la angustia, y del saber y la angustia . Definitivamente, el concepto de lo real de Lacan y el concepto de inconsciente de Freud no son lo mismo, pero en ambos sí está que no es la angustia la que no quiere saber y tampoco es la angustia antagónica a un saber nuevo. Sigue siendo el sujeto quien vuelve la angustia en un horror al saber. La angustia es el afecto que emana directamente de lo icc, o lacanianamente, la angustia es el afecto de lo real, así que la angustia es más bien otra de las vías regias hacia lo icc, más específicamente, hacia la pulsión. Lo único que es antagónico a un saber nuevo es la posición subjetiva del sujeto . Y, más específicamente, la posición del sujeto frente a la angustia. Podríamos concluir, entonces, que tanto conceptual como clínicamente la angustia ha sido desde el inicio de la teoría psicoanalítica algo a afrontar, y no a eliminar, justamente por su íntima relación con la pulsión. Tan íntima que le debe su origen. Un ejemplo clínico de esto, es el mismo abordaje que hace Freud del caso Juanito. A la angustia de Juanito, presente desde antes del inicio de la fobia, la puso a trabajar con los elementos del discurso del propio niño y así llegó a tres conclusiones importantes sobre la angustia (las cuales dirigieron las intervenciones que Freud le indicaba al padre): 1. Aunque la angustia y la fobia pueden tomarse por separado en un inicio, la fobia le debe su origen a la angustia, y la angustia le debe su origen a "un impulso, imposible de dominar para el niño". En pocas palabras la pulsión. 2. La diferencia entre angustia y miedo está relacionada con la presencia o ausencia de objeto. Freud lo plantea así: "Esta angustia, correspondiente a un deseo erótico reprimido, carece, en un principio, de objeto, como toda angustia infantil. Es aún angustia y no miedo". 3. Por último, la diferencia entre angustia y deseo. Freud aclara que aunque la angustia se origina de un deseo reprimido, la angustia no es lo mismo que el deseo. Esta diferenciación es fundamental ya que el deseo puede satisfacerse cuando se le aporta el objeto deseado pero "la angustia perdura, aun cuando el deseo pueda ser satisfecho. No puede ser ya totalmente transformada en libido" (Recordemos que desde 1898, en su texto La sexualidad en la etiología de la neurosis , Freud define a la angustia como libido desviada de sus fines). COMENTARIO POR Miguel Nájera (Tema de trabajo: la angustia) Comentario al párrafo segundo de la 2da página del boletín que dice: "En el ataque de pánico se trata generalmente de la irrupción de un miedo a enloquecer o a morir acompañado de manifestaciones corporales…. No podemos dejar de mencionar aquí a Freud en Las psiconeurosis de defensa acerca de la constitución de los síntomas y sus consecuencias. En situaciones extremas de excitación psíquica –afirma Freud- la representación se hace irreconciliable para el sujeto y, en consecuencia, representación y afecto quedan separados y tienen destinos diferentes. La representación sucumbe a la represión y el afecto pasa al cuerpo, como lugar de la angustia, para producir acontecimientos corporales." La Licenciada Cárdenas usa de referencia el capitulo VII de Las psiconeurosis de defensa (1894), pero Freud no utiliza todavía el término de ataques de pánico ni el de extrema excitación psíquica. Más que todo trata de explicar cómo en el paciente se estructuran los diferentes mecanismos que le permiten convertir, transformar, la representación intolerable y los estímulos excitatorios somáticos. Comenta Freud que el esfuerzo de voluntad del paciente (la intención del paciente es otra, y no llega a cumplirse, acarreando, en cambio, una disociación de la conciencia) no se cumple hasta cuando emerge el síntoma histérico que se puede formular como sigue: "el yo se plantea la representación intolerable que es directamente insoluble para él; ni la huella mnémica ni el afecto a ella inherente pueden ser hechos desaparecer una vez surgidos. Pero hay algo que puede lograrse y es debilitar la representación de que se trate, despojándola del afecto a ella inherente; esto es, de la magnitud del estímulo que consigo trae. La representación así debilitada no aspirará ya a la asociación. La magnitud del estímulo de ella separada habrá de encontrar un distinto empleo". Esta descripción la consideran Freud y Breuer iguales para la histeria, las fobias y representaciones obsesivas. Parte de una nueva descripción en el proceso de la histeria: la representación intolerable queda hecha inofensiva por la transformación de su magnitud de estímulo en excitaciones somáticas proceso que denomina conversión. La huella mnémica no desaparece por ello, sino que forma a partir de aquí el nódulo de un segundo grupo psíquico, tal nódulo es un momento traumático, y cuando una nueva impresión de igual género consigue traspasar las barreras alzadas por la voluntad, aporta un nuevo afecto a la representación debilitada e impone por algún tiempo el enlace asociativo de ambos grupos psíquicos hasta que una nueva conversión restablece la defensa. Así es que considera el factor característico de la histeria, a la facultad de conversión. ¿Qué pasa cuando no hay conversión y se inicia el rechazo de una representación intolerable? Se produce la separación de la misma de su afecto concomitante, este afecto tiene que permanecer existiendo en lo psíquico. La representación así debilitada queda apartada de toda asociación en la conciencia, pero su afecto libre se adhiere a otras representaciones y no intolerables en sí, a las que este falso enlace convierte en representaciones obsesivas. Esta es la teoría de las representaciones obsesivas y fobias. En el capítulo IX de La Neurastenia y la Neurosis de Angustia (1984-85), describe el complejo de síntomas que constituyen la neurosis de angustia y es aquí donde hace la diferenciación sintomática de los ataques de angustia. Comenta Freud en este capítulo que en los mecanismos de la neurosis de angustia se sospecha una acumulación de excitación y que la angustia en la que se basan los fenómenos de la neurosis no es susceptible de una descarga psíquica. Freud considera que el divorcio entre la representación sexual y su afecto, y el enlace de éste último con otra representación adecuada (no intolerable), son procesos que acontecen sin conciencia, que sólo es posible suponer. La psique cae en el afecto de la angustia cuando se siente incapaz para tramitar, mediante la reacción correspondiente, una tarea (un peligro) que se avecina desde afuera; cae en la neurosis de angustia cuando se nota incapaz para reequilibrar la excitación (sexual) endógenamente generada. Se comporta entonces como si ella proyectara la excitación hacia afuera. El afecto, y la neurosis a él correspondiente, se sitúan en un estrecho vínculo recíproco; el afecto es la reacción ante una excitación exógena, y la neurosis, la reacción ante una excitación endógena análoga. El afecto es un estado en extremo pasajero, en tanto que la neurosis es crónica; ello se debe a que la excitación exógena actúa como un golpe único, y la endógena como una fuerza constante. De esta manera reflexiona Freud formulando el inicio de su teoría de la neurosis de angustia en el año 1985, y es en sus ensayos posteriores que él logra definir el ataque de pánico como tal. En el capítulo mencionado del texto de Las psiconeurosis de defensa todavía no ha desligado los elementos sintomáticos (afectos) de las neurosis de histeria, fobia y la obsesiva. COMENTARIO POR Luisa Aragón (Tema de trabajo: cuerpo y síntoma) Tomando como punto de partida la frase "La representación sucumbe a la represión y el afecto pasa al cuerpo, como lugar de la angustia, para producir acontecimientos corporales", busco establecer la relación que existe entre el cuerpo y la angustia. Cuando se rastrea el término "cuerpo" en la teoría elaborada por Freud, resulta imposible apartarse del concepto de pulsión. Freud establece una clara diferencia entre la angustia real que se manifiesta ante la presencia de un peligro proveniente del exterior íntimamente ligada al peligro y la angustia neurótica que corresponde a la exigencia de la pulsión o en la que el yo busca escapar a las exigencias de la libido. Según Freud en "Las pulsiones y sus destinos" el concepto de pulsión, representa el límite entre lo anímico y lo somático. Freud en la Lección XXXII-La Angustia y la vida pulsional-, confirma que la pulsión procede de estímulos del interior del soma, reconoce como fuente de la pulsión un estado de excitación en el soma y el fin como la satisfacción de la excitación que puede ser alcanzado en el propio cuerpo. Lo cual lo lleva a formular que existen diferentes pulsiones parciales procedentes de distintos lugares y regiones del soma que tienden a su satisfacción con relativa independencia. Entonces si la pulsión compromete al cuerpo, ¿cómo es que la angustia coincide en ello? Posteriormente, en el texto de "La Represión", Freud agrega que el destino general de la idea que representa a la pulsión no puede ser sino el de desaparecer de la conciencia y puede tener tres posibilidades. El primer destino es que la pulsión puede quedar totalmente reprimida y no dejar ningún dato observable. El segundo, es que puede aparecer bajo la forma de un afecto coloreado de una forma u otra, y el tercer destino, es ser transformado en angustia. Es decir, que la energía psíquica procedente de las pulsiones puede transformarse en afectos, por lo cual siendo la angustia un afecto, sería un nuevo destino de las pulsiones. Esto se complica al conocer que la angustia no se limita a situaciones del cuerpo, sino que hasta lo excede. A este exceso es a lo que la angustia responde y es a donde retorna vía los síntomas. Los síntomas actuales cada vez más comprometen al cuerpo y la experiencia de la angustia los acompaña, sin embargo, reclaman un saber que elimine la angustia y el sufrimiento del cuerpo. La pregunta es, ¿cómo se puede trabajar con la angustia, si desde la psicología y la medicina se ignora el tema de la pulsión y su relación con la angustia? ¡Sigamos intercambiando comentarios! Piedad Ortega de Spurrier
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