Comentarios al BOLETÍN # 1
COMENTARIOS AL TEXTO
"LOS SIGNOS DE LA ANGUSTIA" de Esthela Solano
Desde el mes de mayo la Nel-Guayaquil empezó a publicar una serie de contribuciones de algunos psicoanalistas de las distintas escuelas de la AMP al tema de las IV jornadas de Nel, "Los nombres de la angustia en el mal vivir actual" que se realizaran el 27, 28 y 29 de octubre. Pensamos que esas contribuciones nos han permitido reunirnos, debatir y escribir algunos comentarios al interior de cada una de nuestras sedes y grupos asociados, a modo de preparación para las jornadas. Publicarlas, nos permite, una vez más, hacer escuela y transmitir lo que en cada lugar nos interroga y nos hace producir para el Psicoanálisis.
Resulta muy interesante leer, los diferentes aspectos que los comentaristas de la Nel optaron por enfatizar en sus contribuciones:
Los miembros y asociados de la Nel-Caracas-Pronunciamiento optaron por examinar las distintas teorías de la angustia en la obra de Freud y de Lacan al comentar el siguiente fragmento del artículo mencionado.
"La angustia ocupa un lugar central en la elaboración conceptual de Freud, y esto desde el nacimiento del psicoanálisis. No obstante, no podemos decir que en la obra de Freud podemos encontrar una teoría unificada de la angustia. Si seguimos sus sucesivos desarrollos se trata más bien de una serie de elaboraciones que tratan de dar cuenta de la angustia de manera diferente, según esta sea considerada como causa o como efecto de la represión"
Estela Solano
Se han podido identificar dos teorías sobre la angustia que, como sabemos datan, la primera de 1895 con el texto que Freud llamó: Sobre la justificación de separar de la neurastenia cierto complejo de síntomas a título de neurosis de angustia - también aparece en el llamado Manuscrito E de la correspondencia entre Freud y Fliess - y la segunda en el célebre trabajo titulado: Inhibición, síntoma y angustia de 1925.
| 1) Represión |
acumulación de libido |
Angustia |
| 2) Angustia |
motor |
Represión |
En esa primera teoría, a causa de la represión, se produce una acumulación de libido, libido no tramitada que será causante de la generación de angustia.
La segunda teoría freudiana presentará una inversión de la causalidad: es a consecuencia de la angustia que se genera represión. Es la teoría que se soporta en la célebre frase de Freud presente en Inhibición, síntoma y angustia : "La angustia, motor de la represión". Si bien en Freud se han podido identificar esas dos teorías, habría que preguntarse si verdaderamente son dos teorías, pues en las dos formulaciones, es lo real del resto lo que está en juego: en una como resultado, en la otra como causa.
En Lacan también podemos apreciar, más que dos teorías, dos relaciones o conexiones distintas de la angustia que son expuestas en el Seminario X: La Angustia .
Al comienzo del Seminario X, Lacan liga la angustia al deseo, al deseo del Otro, a la falta del Otro. No hay angustia cuando el sujeto encuentra, o cree encontrar un lugar en el deseo del Otro. Va a aparecer angustia cuando el sujeto no encuentra lugar en el deseo del Otro. Es una formulación íntimamente relacionada con la instancia del fantasma, pues es eso lo que significa encontrar un lugar en el Otro, lo que se llama con Lacan una realización fantasmática del deseo.
Es allí cuando surge, a comienzos de ese seminario esa expresión que tuvo muy buena fortuna y corrió con mucha divulgación, la angustia como señal, como signo del deseo.
La segunda conexión de Lacan en el Seminario X se sitúa más en relación con lo planteado por Freud a propósito de su segunda teoría, en Inhibición, síntoma y angustia. Se trata de la conexión íntima existente entre la exigencia pulsional y la angustia. Son dos campos perfectamente delimitados. El primero tiene que ver con el deseo. El segundo tiene que ver con lo real de pulsión.
El Seminario X se desarrolla entre dos formulaciones, planteada una al comienzo del seminario, en el capítulo II, donde la angustia es planteada como signo de deseo, mientras que el capítulo XII define la angustia como una señal de lo real.
Es célebre la frase de Lacan en el escrito Du trieb de Freud y del deseo del analista : "El deseo viene del Otro y el goce está del lado de la Cosa". Cuando se habla de deseo se implica al Otro, es el Otro de la Demanda, bajo el cual se desliza el deseo, quien detenta el objeto de satisfacción del sujeto. En Inhibición, síntoma y angustia, Freud sostiene que la angustia esta ligada a la pérdida del objeto (Hans, el hombre de los lobos), mientras que Lacan afirma que la angustia surge cuando la falta viene a faltar. La falta falta cuando existe el objeto que tapona la falta del Otro. En su teorización sobre la angustia Lacan en un primer momento privilegia la dimensión de la falta, para luego pasar a acentuar el registro del objeto real. En un primer momento sitúa la angustia en tanto signo de deseo, signo de falta de la falta en el Otro, correlato del ¿ Che Vuoi? para luego, en la segunda mitad del seminario, presentar la angustia como señal de la presencia real del objeto (a).
El Seminario X se presenta como una frontera, un límite, caracterizado por la marca de un antes y un después. Allí podemos apreciar, entre otros, los siguientes nuevos elementos en la formalización que lleva Lacan adelante:
- La disyunción entre el mito de Edipo y la angustia de castración.
- La castración pasa a ser concebida como separación.
- La decadencia del falo y el ascenso al Zenith del objeto (a).
Lacan presenta, en el Capitulo XIX: "El falo evanescente" de su Seminario X, una desvalorización del falo como eso que estaría en el origen de la angustia de castración para resituar tal origen en el órgano mismo, a nivel del pene. La angustia de castración tendría más que ver con su funcionamiento en el momento del orgasmo durante el coito. Lacan hace sostener el principio de la angustia de castración en la detumescencia del órgano masculino, en su carencia, en el desvanecimiento de la función fálica en el acto sexual.
Esto quiere decir que al ubicarse el principio de la angustia de castración en un funcionamiento de órgano, no se trata para nada de un agente de castración sostenido por ningún Otro amenazante. De esta manera Lacan llega a lograr desinscribir la castración del contexto edípico, para pasar a ubicar en el lugar del falo implícito en la castración, el objeto perdido.
Jacque Allain Miller, por tanto, va a sostener que este paso de Lacan, realizado en el Seminario X, permite apreciar que la castración no constituye un término único y último, pudiendo encontrarse como un caso particular de una función generalizada: la desaparición o desvanecimiento de un órgano, equivalente a un objeto.
Lacan sostiene en el apartado 3 del capítulo XIX que la angustia y el orgasmo son equivalentes en la medida en que si bien la angustia no es sin objeto, igualmente el orgasmo encuentra en la satisfacción misma su objeto. Es importante reconocer que la angustia no se presenta cuando hay un orgasmo que pueda venir a recubrirla, pues mientras en la angustia el objeto puede no ser palpable ni patente, la satisfacción en el orgasmo está presente como objeto.
El Seminario X: La angustia puede ser considerado como aquel en el que Lacan comienza a relativizar el Edipo freudiano, lo que prepara el terreno, afirmará Jacques Allain Miller, para introducir la noción lacaniana de "separación", que no guarda relación con la castración freudiana. "Separación" remite a algo del orden de lo real, lo que viene a desvalorizar al falo, en tanto significación, en tanto imagen. En el lugar del falo Lacan abre el camino para presentar nuevos objetos a la lista de los objetos freudianos: oral y anal. El alejamiento lacaniano del Edipo freudiano comporta una suerte de "desmitologización" del psicoanálisis, proceso que por supuesto sólo podrá ser parcial, incompleto.
En Posición del inconsciente, Lacan se centra en la libido, concibiéndola como un órgano que puede extenderse o retraerse, vale decir como un objeto, un objeto susceptible de perdida. El órgano libido, pasa a constituirse en un nuevo paradigma del objeto perdido, causado no por la castración freudiana sino por la separación lacaniana. Ese objeto perdido es el objeto (a).
Por supuesto Lacan no abandona en su discurso ni al – phi, ni a la castración. Así se puede apreciar un planteamiento de inclusión del falo generado por la castración, por el objeto cuando Lacan afirma: "el objeto (a) minúscula contiene el - phi de la castración".
Es suficientemente conocido el rescate realizado por Lacan del "nachtraglich" freudiano y la aplicación que hace de este mecanismo sobre el Edipo, en la llamada "retroacción del Edipo". Será a partir del Edipo que en los llamados estadios pre-genitales se encuentran retroactivamente esbozos de la castración.
Los objetos de los estadios pre-genitales - como prefiere llamarlos Lacan – oral y anal, siguiendo el esquema anterior pasaban igualmente a tener retroactivamente valor fálico en la enseñanza de Lacan.
En el referido Capitulo XIX del Seminario X son sobre pasadas las anteriores consideraciones sobre el Edipo, la castración y el falo. La elaboración sobre el objeto (a) que sustituye a la anterior aparece ahora ligada no a la castración edípica sino al objeto perdido. Y es que las consideraciones sobre la angustia desarrolladas por Lacan en este seminario no podían ser sustentadas por la angustia generada por el falo sino por el objeto real, el objeto (a). El falo remite a la dimensión de la falta, a la dialéctica con el Otro mientras que el encuentro del sujeto con el objeto (a) no guarda ninguna relación con el Otro de la simbolización fálica. Por ello en la experiencia psicoanalítica puede apreciarse un predominio de la dialéctica fálica, sobre todo, en la clínica del duelo, mientras que la clínica de la angustia presenta una articulación intima con el registro de lo real del objeto (a).
NEL-Caracas-Pronunciamiento
Caracas, Junio de 2006.
Los miembros y asociados de la Nel-Cali, hacen énfasis en la segunda contribución, que hace Lacan al tema en el Seminario X, comentado también por Nel-Caracas-Pronunciamiento. Terminan aseverando con Miller que, cuando hay falla entre lo imaginario y lo simbólico "lo seguro es que lo real está allí en juego en la angustia".
Bajo el título "Los signos de la angustia ", Esthela Solano reúne las elaboraciones de Freud y Lacan sobre la angustia. Señala de un lado, la pluralidad de estos signos, "los diferentes tipos de angustia dan cuenta clínicamente de lo que se anuda o desanuda para cada sujeto en momentos cruciales de su vida, según el tipo de contingencias que vienen a solicitarlo con respecto al sexo, la vida o la muerte" . De otro lado, alude a la angustia como signo, interrogando claramente, la función de señal descubierta por Freud, y que Lacan enuncia bajo la fórmula "la angustia es una señal de lo real", fórmula que sobrepasa la antes planteada "la angustia es el signo del deseo del otro" , permitiendo destacar la función esencial de la angustia y el modo de abordarla, más allá de su articulación con el deseo, en su relación con lo real (Miller, Introducción al Seminario de la angustia, Freudiana 42).
No sobra señalar que de una fórmula a otra, Lacan retoma el rasgo de señal en el que se detuvo Freud por "ser el más adecuado para indicarnos el uso que podemos hacer de la función de la angustia" (Lacan, Seminario 10).
Se trata –como diría Freud- de la señal ante el peligro interno, frente a aquello que queda por fuera del campo de la representación, "que no se deja capturar por el significante, goce irreductible del principio del placer" (Miller, Introducción al Seminario de la angustia), excedente que produce un llamado que hace señal.
¿De qué hace señala? La función de la angustia designa lo real, "no se trata de la pérdida del objeto, sino de la presencia de los objetos, eso es algo que no falta: la angustia no es la señal de una falta, sino de algo que es preciso concebir en un nivel redoblado como la carencia del apoyo que aporta la falta". Falta la falta. "¿No saben ustedes que no es la nostalgia del seno materno lo que engendra la angustia, sino su inminencia? Lo que provoca la angustia es lo que nos anuncia, nos permite entrever, que volvemos al regaño… lo más angustiante que hay para el niño se produce, precisamente, cuando la relación sobre la cual él se instituye, la de la falta que produce deseo, es perturbada, y ésta es perturbada al máximo cuando no hay posibilidad de falta, cuando tiene a la madre siempre encima, en especial limpiándole el culo, modelo de la demanda, de la demanda que no puede desfallecer" (Lacan, Seminario 10).
Lacan pone al descubierto que "la angustia no es sin objeto" y por ende, "la angustia – retomando a Freud- es ante algo". "¿Cuál es , entonces, el momento de la angustia, interroga Lacan, es acaso lo posible de este gesto con el que Edipo se arranca los ojos, los sacrifica, los ofrece en pago por la ceguera con la que cumplió su destino? Es la posibilidad que tiene el hombre de mutilarse? No, es lo que me esfuerzo en designarles bajo la imagen: es la imposible visión que te amenaza, de tus propios ojos por el suelo".
Ese lugar del objeto también lo podemos verificar en la observación de Jean Bobon, tomada por Lacan en el Seminario de la angustia, sobre una paciente psicótica quien después de varios años de mutismo hace una serie de dibujos en los que proliferan ojos y destaca uno de ellos en el que escribe: "Io sono sempre vista", "Siempre soy vista" , es decir que la frase alude a que ella es el objeto "vista".
¿De qué naturaleza es este objeto? Miller (Freudiana 42) plantea que hay una nueva manera de pensar el objeto en el Seminario de la angustia. El objeto del que se trata aquí queda descargado del peso imaginario y simbólico, "es como si emergiera por primera vez". Es un objeto designificantizado y desimaginarizado, "no es como los otros objetos".
Esto trae consecuencias. Si la angustia pasa de ser sin objeto a ser una angustia señal de la presencia del objeto, y si el objeto es del orden de lo real, esta angustia tiene su enclave en lo real del cuerpo. Tal como lo señala Estela Solano "la angustia deviene una pura manifestación de lo real emergiendo del cuerpo. De modo que la angustia es el signo que no engaña relativo a la relación del hablanteser con lo real". La angustia aparece en la "separtición" se trata de los objetos separables, énfasis dado por Lacan retomando la etimología del término "anatomía" en tanto función de corte ( ana-tomía).
Encontramos, entonces, que la angustia introduce una ruptura. Como lo comenta Miller, mientras que la dimensión especular asegura al sujeto frente a la angustia, en este seminario se subraya la falla entre lo imaginario y lo simbólico, entre los nombres y las cosas, de tal forma que ya no hay nada seguro a nivel de la imagen y del significante, lo seguro es que lo real está allí en juego en la angustia.
Nel – Cali
Junio 16 de 2006 Silvia L. Moino del GEP de Guatemala enfatiza en los efectos que se producen en el sujeto cuando se instala algo del orden de lo real.
EXPERIENCIA-ANGUSTIA La reflexión lacaniana sobre la angustia, a diferencia de las construcciones teóricas de la psicología y la filosofía existencialista, la ubica en el estatuto de "experiencia", como el "afecto que no engaña". En tanto afecto no se reprime sino que se desplaza, no puede nombrarse, se localiza en los desfiladeros del significante solo, no encadenado sin-sentido. La experiencia-angustia, apunta al vacío, a un S1 que no se liga a nada, que está por fuera de la red de significantes. Se localiza en el –f, es decir en donde un significante falta y se instala algo del orden de lo real.
La experiencia-angustia tiene función de orientación, apunta a especificar un afecto en estrecha relación con lo que el sujeto es. Aparece como efecto directo de lo real en el cuerpo del sujeto dando cuenta de los momentos cruciales de su vida. En lugar del síntoma, el sujeto atravesado por la angustia intenta escapar con salidas comunes. La angustia despoja de toda "subjetividad" al sujeto y pone en escena el "pasaje al acto". Signa la entrada de la certidumbre de la subjetividad por la puerta del sufrimiento.
La angustia se presenta como una respuesta a lo "extimo" que invade y compromete al cuerpo y deja sumido al sujeto en la experiencia del afecto inconsciente, que expresa una señal que apuntala a la emergencia del ser-de-goce del sujeto; fuera de lo imaginado y lo reglado por lo simbólico, directamente en lo real. Se vive como un exceso en el cuerpo que lo reduce - cuando este se hace extraño - a una experiencia exterior al sujeto.
Al producir la interrupción de la regulación psíquica, la angustia moviliza al sujeto, de tal modo que instala el vacío y la dimensión del objeto "causa de deseo".
Silvia L. Moino
Grupo de Estudios Psicoanalíticos de Guatemala
Laura Arciniegas, Beatriz García y Astrid Álvarez de la Nel –Bogotá comentan el pedido de Estela Solano de estudiar las nuevas formas clínicas que nos presenta la subjetividad contemporánea, acotando que se requiere de una operación del analista que no solo localice al goce, sino también que lo enlace al significante.
La Introducción que nos presenta Esthela Solado en el boletín # 1 nos lleva a pensar que para abordar el padecimiento actual no bastan la primera y segunda teoría freudiana sobre la angustia, tampoco ciertos postulados lacanianos sobre el tema. Se requiere ir -con Freud y Lacan- más allá.
Cuando Lacan aporta nuevos elementos, y en la medida en que introduce la pluralidad y diversidad de los Nombres del Padre se hace posible a su vez, introducir los Nombres de la Angustia. Así la pluralización de los Nombres del padre trae aparejada la pluralización de los Nombres de la Angustia, y los sinthomas para cada sujeto. En las coordenadas actuales, dicha pluralización ha conllevado el problema de que no se hace pasar el goce por el campo del Otro. De esta manera, los síntomas, entendidos en el movimiento de la represión y su retorno, lo que tenía a su vez efectos sobre la angustia, no cubren el espectro sintomático con el que tenemos que vernosla en la clínica.
Ahora vislumbramos otros visos, síntomas donde la angustia hace aparición directa, consecuencia, podríamos pensar de que no media la represión como lo hacía antes.
La angustia en tanto señal de lo real, es decir aquella que se instala entre
el goce y el deseo y desde ese lugar se anuda al deseo del Otro, es la apuesta del trabajo analítico, apuesta en el sentido de que no siempre está dada de entrada de esa forma. ¿Qué sería lo particular de la angustia de hoy y su mal vivir? Para acercarnos a esto es necesario ir más allá de una señalización, más orientada por los elementos aportados desde la clínica del S1, que no es la clínica de las neurosis actuales de Freud...
Cernir, ("separar con el cedazo, una materia reducida a polvo, de suerte que lo más grueso quede sobre la tela, y lo sutil caiga al sitio destinado para recogerlo") es la palabra que introduce Estela Solano, para indicar la necesidad de ubicar su relación al sujeto en lo imaginario, lo simbólico y lo real.
Es claro que la angustia daría las coordenadas de dónde surge o emerge el sujeto y para ello la presencia del analista y su operación o función posibilitaría no sólo su localización sino la posibilidad de anudarla al significante, en lo que de ello es posible, pues sabemos que si la angustia no engaña es en tanto ella es señal de un goce que no se deja capturar por el significante. Sintomatizar la angustia, decimos para indicar la necesidad de un esfuerzo de conexión del significante y del goce de una posible articulación que permita por esa vía construir el objeto a primero como señal de angustia y luego como causa del deseo. Laura Arciniegas, Beatriz García, Astrid Álvarez
Nel – Bogotá
Gloria Varón de la Nel-Bogotá comenta sobre el estado de la angustia en los sujetos de hoy.
LA ANGUSTIA Y LA ÉPOCA
Gloria Varón A
En esta época se observa la omnipotencia de la angustia, ya que si la modernidad empuja al sentido a dar cuenta de la subjetividad, a dar sentido a la existencia de un sujeto a partir del discurso capitalista, lo que se encuentra es que la relación del sujeto con la angustia crece.
La pregunta ¿Cuál es el destino para la angustia en la coyuntura actual del estado de nuestra civilización? lleva a observar con cuidado en la "hipermodernidad" en que lugar surge la angustia y con que elementos el sujeto actual responde, es entonces que ahora se encuentran diferentes angustias o es que a partir del discurso capitalista se presenta un superyo demandante frente al que el sujeto responde: escucho. Si se pregunta Qué es entonces lo nuevo en la angustia, una respuesta es su estrecho lazo con los síntomas que son el lazo social de la época.
A partir de lo anterior encontramos como la psiquiatría desvanece la angustia en un sinnúmero de trastornos ansiosos, en contraste con el psicoanálisis que sostiene la pregunta por la angustia en su clínica, en palabras de Ricardo Nepomiachi "cumplir con el imperativo ético del deber del psicoanalista".
¡Sigamos animando estos comentarios!
Piedad Ortega de Spurrier
Nel - Guayaquil

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