LOS NOMBRES DE LA ANGUSTIA EN EL MAL VIVIR ACTUAL

"En la época del Otro que no existe, en la "ciudad – pánico", en el reinado de una violencia que no es virtual ¿cuál es la oferta posible desde el psicoanálisis? (…) Decimos que el psicoanalista es quien mejor puede escuchar la singularidad de cada uno, hacer surgir la particularidad de cada cual allí en lo que es vivido por todos. Son algunas de las ideas planteadas por Susana Dicker".

Se recuerda que la fecha de entrega de las sumillas será hasta el 31 de marzo y el trabajo final el 30 de junio de 2006. Los trabajos deberán ser enviados a la siguiente dirección electrónica: nelquil@interactive.net.ec , con copia a Alicia Arenas y Maria Hortensia Cárdenas.

Mayra de Hanze
Coordinadora de las IV Jornadas de la NEL

   

Boletín N° 6

LOS NOMBRES DE LA ANGUSTIA EN EL MAL VIVIR ACTUAL

IV Jornadas

Noviembre 17, 18 y 19 2006
Guayaquil - ECUADOR

 

Del desamparo y la angustia, a la creencia en el síntoma

En vísperas de las IV Jornadas de la NEL, en la cual el encuentro de colegas de distintos países de Latinoamérica da espacio para la discusión de las particularidades con que se enfrenta la práctica psicoanalítica, en cada país de origen, me interesa traer la cuestión de la violencia en Guatemala como uno de los factores fundamentales de repetición de situaciones de desamparo y de inermidad en el sujeto. Más allá de esta presencia en la vida cotidiana, constituye uno de los factores desencadenantes de un número muy importante de consultas en la clínica, cuya frecuencia va de la mano con la intensidad de la angustia en quienes la padecen, con los síntomas a nivel de un cuerpo "tomado" por el pánico, etc.

Es la presencia de lo real articulada a la irrupción de la violencia, con la emergencia concomitante de angustia en la vivencia de desamparo del sujeto. Esto lleva a cuestionar profundamente la orientación de la clínica al respecto, la particularidad del psicoanálisis ante las demandas que son consecuencias de este estado de la sociedad, allí donde aquél se orienta en una elección que atraviesa las categorías de lo colectivo y de lo plural, para rescatar lo singular.

Sabemos que, ante un fenómeno que tiene sus particularidades en la época- más allá de la singularidad de sus manifestaciones en cada lugar- cada sujeto reaccionará desde su propia subjetividad. Sabemos también que las situaciones terribles de la vida cotidiana, con las consecuencias de efectos de estupor y angustia, no son siempre una condición para que un acontecimiento sea traumático (1). Más aún, como analistas, no podemos desconocer que, al lado del presente del acontecimiento, nuestra perspectiva no puede dejar de incluir que el trauma mismo es ineliminable en la constitución de la vida subjetiva, allí donde fantasma y síntoma son las respuestas del sujeto al deseo y su interpretación, a la articulación deseo-goce.

Por ello quiero rescatar las contribuciones de E. Solano, A. Arenas y M. H. Cárdenas en los boletines anteriores de las Jornadas, pues vectorizan el lugar de la angustia, en las diferentes formas clínicas - como lo plantea la primera- susceptibles de indicarnos qué de ésta hace signo en cada sujeto; que, evidentemente, la angustia nos pone ante la urgencia, que no tolera la espera y es el ingrediente para el empuje al pasaje al acto, tal como sostiene A. Arenas, pero que, al mismo tiempo, es un antihipnótico que obliga a despertar, "que despierta de la buena manera al sujeto"; y que, como dice M. H. Cárdenas es, de entrada, un asunto de posición subjetiva y que, aunque aparezca como un exceso de cuerpo, como sede del pánico, sintomatizarla es retomar la vía de la subjetivación ... lugar de la intervención analítica.

Si alguien consulta porque "está aterrorizada", porque la secuestraron junto con su auto "a mano armada", que la "dejaron tirada", ya de noche, en un campo en las inmediaciones de la ciudad; que ya no se atreve a "conducir" (cuando es la responsable de la conducción de una institución) sola un auto, a llegar a su casa y abrir la puerta de calle, etc. Si no puede con los síntomas en su cuerpo- los que caracterizan la "neurosis de angustia" freudiana- y va de médico en médico en búsqueda de un alivio a los mismos; si sabe que de nada servirán las recomendaciones para disminuir su ansiedad, para protegerse en "la ciudad de la impunidad", para retomar el curso de su cotidianeidad ... y si, conducida por una escucha que hace lugar a lo que de esa angustia "hace signo" en este sujeto, podemos encontrar lo que Freud nos mostraba como las series asociativas que localizan al sujeto en una temporalidad retroactiva... Entonces esta mujer nos revelará la serie de acontecimientos de violencia e impunidad ciudadana, en que se vio expuesta: dos robos más "a mano armada", un asalto a un microbús en la ruta, donde todos fueron amenazados, amarrados, despojados, algunos violados y donde ella, como en las otras ocasiones, hizo gala de serenidad y "negoció" con los delincuentes. Pero si los recuerdos culminan en dos episodios, 25 años atrás, donde un hermano estudiante es "desaparecido" y, posteriormente, un padre "progresista", garante de la estabilidad de la familia es muerto "acribillado" por su condición de padre de aquel estudiante... muerte violenta de un padre amado, arrancado de la estabilidad en que estaba sostenido lo cotidiano, irrupción de la muerte como "acontecimiento traumático" en la vida de una mujer joven que tiene "planificado" el futuro. Y si, con intervalo de unos pocos años, un esposo, también joven, es atrapado por una "esclerosis múltiple" y reedita el desamparo, en una mujer que empezaba a caminar aliviada de la angustia que le produjo la muerte violenta del padre, después de un tratamiento psicológico... estamos ante la demanda de una mujer que pide alivio para su pánico, para su cuerpo y que quiere recuperar una libertad que ha perdido. Una demanda más en la época del Otro que no existe, en la "ciudad- pánico", en el reinado de una violencia que no es virtual.

Para pensar una oferta posible desde el psicoanálisis, es necesario tener presente los principios de su práctica pero, también, los fundamentos conceptuales de la angustia y su vinculación con el concepto de trauma.

La cadena asociativa que se recupera en el aprés coup de la rememoración, en el caso de esta paciente, actualiza el hallazgo freudiano de los primeros tiempos, en donde un episodio "traumático" no tiene eficacia sino "a posteriori", "por retroacción", mediado por un período de latencia, donde un segundo momento - displacentero-produce a aquél como primero. Y donde un representante psíquico, por la misma retroacción, vuelve a la huella y lo hace Uno.

Pero también actualiza a Freud a partir de "Más allá del principio del placer", donde el trauma ya no es un acontecimiento exterior a la estructura, sino tiene que ver con la exigencia pulsional. Se trata de una irrupción pulsional que derriba la barrera de protección antiestímulo, esa cadena de representantes psíquicos que permite, al sujeto, tramitar la pulsión y mantener el equilibrio del principio del placer, logrando con ello la homeostasis del sujeto pero también el sostenimiento de la tensión deseante.

Esa irrupción pulsional sorprende al sujeto, no le deja responder con sus recursos habituales, lo deja sin "escena psíquica", sin ligadura pulsión-deseo en una escena fantasmática ni en la constitución de un síntoma. Se trata de lo pulsional no-ligado, de la ausencia de significación y su consecuencia, el "desamparo".Hay suspensión, también, de la repetición como camino trazado de "recursos habituales"; hay suspensión del "tiempo de comprender", tiempo lógico que da el espacio a la elaboración pulsional. Aquí estaría la oportunidad para la operación analítica, como posibilidad de reanudar ese tiempo en el que el sujeto puede representarse.

Este desarrollo permite comprender el concepto de "angustia traumática" en Freud, como respuesta a la ruptura de la barrera antiestímulo y el incremento de la exigencia pulsional, con el consecuente desvalimiento psíquico. La respuesta, aquí, es la angustia, ligada a un "más allá del principio del placer". La "angustia traumática" es la respuesta al fracaso del principio del placer en domeñar a la exigencia pulsional que es pulsión de destrucción vuelta contra la propia persona. La consecuencia es la ausencia de significación o de representación, el fracaso de las formaciones del inconciente como ligadura pulsión-deseo a través de los representantes psíquicos.

Pero Freud plantea otra vertiente para la angustia, aquella que la muestra en su función de "angustia-señal", señal para la evitación de la situación de peligro, de la repetición del "instante traumático". Es lo que nombra como "angustia expectante", función de defensa en el doble juego de la expectativa y la anticipación respecto al trauma. Pero, también, de una repetición menguada por su articulación al recuerdo.

Para la angustia traumática, está la referencia a la irrupción de goce. Para la angustia-señal, la articulación a la represión secundaria y la formación de síntomas. Respecto a la primera, el sufrimiento está dado por el fracaso de la ligadura pulsión- deseo y la desarticulación del tiempo lógico. O. Delgado lo subraya como el fundamento metapsicológico del "ataque de pánico". Ello mismo habilita el fundamento de la intervención analítica orientada a permitir la apertura del inconciente, la reanudación del tiempo lógico y la posibilidad de representación para el sujeto.

En Lacan, los conceptos de trauma y angustia también están ligados. Para él, el nombre del trauma es la tyché, ese encuentro con lo real, el "fuera de sentido", extraño al campo del sentido y su efecto de homeostasis. Es, al mismo tiempo, encuentro inédito y retorno de lo que siempre ha estado allí. De allí su efecto Umheilich y la emergencia de la angustia. Real que, en la mujer del relato, liga estructura y acontecimiento cuando lo semejante se vuelve extraño.

En el seminario de "La angustia", Lacan ubica a ésta como una señal en el yo del peligro, para el sujeto, de ser tomado como objeto del goce del Otro. Peligro de su desaparición como sujeto. Nuevamente aquí, estructura y acontecimiento articulados, reforzando uno al otro y el efecto, la angustia y su certeza, la que no engaña, la que indica al sujeto su propia condición singular. La que es índice de lo real. Aquí Lacan invierte la concepción freudiana: lo que angustia es la presencia del objeto, que falte la falta. Y con ello, una orientación diferente también para la cura analítica.

Con respecto a los principios de la práctica analítica y en referencia a este tema, tal como se nos presenta, consideramos las palabras de E. Laurent cuando nos recuerda que no hay tratamiento estándar de los efectos del trauma porque el psicoanalista es quien mejor puede escuchar la singularidad de cada uno, hacer surgir la particularidad de cada cual allí en lo que es vivido por todos. Es la respuesta diferente que ofrece el psicoanalista, en tanto su deseo es deseo de no- acción, pero si de diferencia absoluta.

G. Belaga pone el acento en que el que hace la demanda en la urgencia, viene como sujeto expuesto en su singularidad, padeciendo de lo universal. Y la respuesta primera, en la vertiente terapéutica, apuesta al sentido, a la construcción del Otro que no está, desfallecido, perdido. Recuperación del inconciente y posibilidad, al mismo tiempo, de recuperar el lazo social. Pero para ello es necesario que el analista no descuide que, más allá del impacto del o de los acontecimientos traumáticos, hay una vertiente que no es eliminable en el trauma, porque es de estructura. Reconociendo esto, la oferta siempre será la de la invención, inventar un camino nuevo a partir del traumatismo... cuando el sujeto se enfrenta al agujero en el Otro.

No podemos evitar el desamparo a que el sujeto está expuesto, pero si dar un lugar a la solución singular de cada uno frente al encuentro con lo real y, con ello, abrir la posibilidad de la creencia en el síntoma... que es la apuesta del psicoanálisis.

Referencias bibliográficas:

1- Tarrab, M.: "La insistencia del trauma", en "La urgencia generalizada 2", Grama Edic. 2005, Argentina.
2- Solano, E.: Boletín I de las "IV Jornadas de la Nel"
3- Arenas, A.: Boletín II de las "IV Jornadas de la Nel"
4- Cárdenas, M. H.: Boletín III de las "IV Jornadas de la Nel"
5- Freud, S. y Breuer, J (1893-95): "Estudios sobre la histeria"- Obras Completas
6- Freud, S.(1895): "Sobre la psicoterapia de la histeria" - Opus Cit
7- Freud, S(1916): "La fijación al trauma. Lo inconciente"- Opus. Cit
8- Freud, S (1920): "Más allá del pisncipio del placer"- Opus. Cit
9- Delgado, O.: "Angustia y Trauma", en "La urgencia generalizada 2", Grama Edic. 2005, Argentina
10-Tarrab, M: "La certeza de la angustia" en "Una práctica de la época", Grama Edic. 2005, Argentina
11-Laurent, E.: "El tratamiento de la angustia postraumática: sin estándares, pero no sin principios", en "Una práctica de la época", Grama Edic.2005, Argentina
12-Lacan, J.( 1962-63): Seminario X "La Angustia", Paidós, Bs As

Dicker, S. (2003): "Trauma", en "Psicología Social y Violencia Política" -Publicación de la Maestría homónima- Universidad de San Carlos de Guatemala

 

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