| Editorial
Ecos de Comandatuba
Ecos de Comandatuba
Les hacemos llegar la segunda y última
parte del escrito introducido en la versión anterior
de nuestro Boletín. Sin más, los invitamos a
leerlo.
Comisión Comunicaciones
III Jornadas NEL.
El witz de lasindicaciones y contraindicaciones
II Parte
Ricardo Seldes
¿Por qué es un hallazgo
clínico de la orientación hacia lo real, decir
que no hay contraindicaciones a priori[1]?
1)Porque no existe el analizante a priori,
la indicación del uso de entrevistas preliminares prolongadas,
proporciona a cada uno la posibilidad de desarrollar su demanda
en el vector de la decisión y en el campo de la responsabilidad
subjetiva.
2)Porque la viabilidad del psicoanálisis
aplicado a la terapéutica, sostenido por los mismos
principios del psicoanálisis puro, nos otorga con ejemplaridad
ese campo de responsabilidad que antes mencionáramos
que incluye en la decisión tanto al paciente como al
practicante, lo que en el transcurso de la experiencia no
se hace de una vez y para siempre.
3)Porque tomamos seriamente la cuestión
de los diagnósticos nos servimos de ellos para poder
conocer cuales pueden ser los límites de posibilidad,
captar qué obstáculos se deben a las resistencias
del psicoanalista y qué reservas conviene sostener.
4)Porque tampoco existe el psicoanalista
a priori de su propia experiencia como analizante, ni su conclusión
se sostiene sobre un modelo identificatorio pre-establecido
que daría una falsa garantía del alojamiento
del analista en su institución. Ese objeto que se produce
fundamentalmente en el análisis está en condiciones
de constituir un lugar que recoja la contingencia, en donde
la necesidad afloja, y que sea por excelencia el sitio de
lo posible[2].
Para Lacan no se trata de elegir a los
pacientes sino de que puedan dar forma de pregunta a su demanda,
que la problematicen; pero dado que no se sabe lo que se desea,
¿de qué modo operar ? Sería totalmente
excesivo decir que el analista sabe de qué modo operar.
Lo que sería necesario es que sepa operar convenientemente,
es decir que pueda darse cuenta del alcance de las palabras
para su analizante, lo que incontestablemente ignora[3]. En
el lugar de técnicas y reglas, nos ubicamos en la noción
de ver como cada uno pueda arreglárselas con lo real.
Los efectos lacanianos son los que definen
a la experiencia analítica como una investigación
clínica para buscar los puntos en los que se alcanza
la certeza, en el abrochamiento entre la cadena significante
y el goce pulsional. Si hay un fenómeno lacaniano implica
que se lo escuche y si existe es porque se presenta con un
sentido. El inconciente en análisis tiene más
relación con el Witz, que es el equívoco. Principio
que nos conecta nuevamente con el de evitar la comprensión
emocional de los pacientes.
Indicaciones al analista, quiere señalar
ese punto en el que la transmisión del psicoanálisis
que se hace de sujeto a sujeto, en una experiencia y por una
transferencia de trabajo, presenta siempre entre bambalinas
al deseo de Lacan, vivo y novedoso frente a los standards
congelantes o la tiranía del vale todo. El deseo del
analista último operador de la experiencia es condición
irrecusable y principio ético de cualquier acción
analítica.
¿Por qué la investigación
acerca del bufón? Me permito citar a Marcus Andre Vieira
quien en su presentación en el X Encontro Brasileiro
retomó la cuestión de esta manera: El analista
está del lado del objeto, de ese resto del decir de
este texto extraño, a veces escandaloso, a veces ¿por
qué no?divertido, que incidirá sobre el cuerpo
de sentidos de una vida. Bufón, que moviliza un decir
mas disruptivo que inteligente, hace valer, en la diferencia
entre un texto y otro, la presencia de la propia diferencia.
Y yo me permito agregar que el bufón,
heredero del viejo juglar, implica introducir la dimensión
de la verdad, no estar adonde se lo espera, hacer un particular
uso de la metalengua para producir en el sujeto la extrañeza
de la propia lengua materna, y por supuesto, sostener la absoluta
diferencia con el discurso universitario. Los bufones sostenían
un semblante inimitable. No me imiten, pero sigan el ejemplo.
Sean serios y hagan la serie: que haya psicoanalistas. La
imitación es lo propio del discurso universitario,
que en definitiva es una modalidad del discurso del amo. La
serie implica que cada analista importa uno por uno y para
cada uno se trata de inventar, de reinventar, de dar tiempo,
de aprovechar y hacer aprovechar la oportunidad, de aceptar
más que de rechazar. Decisión y responsabilidad
en una lógica del no-todo nos alivia de las listas
de indicaciones y contraindicaciones, aunque nos carga con
el peso de la prueba de que no hay verdadero sobre lo verdadero.
Inventar quiere decir que se hace un hallazgo y para ello
nada mejor que ponderar el chiste. Si es verdad que el psicoanálisis
lacaniano apunta a lo real, el nombre del fuera del sentido,
también lo es que fuerza el goce al sentido para intentar
elaborarlo, procurar desanudarlo. De este modo, y a la manera
de un Witz, podemos definir que las indicaciones son la orientación
a lo real cuando éste está concernido dentro
de la cura. Cuando no hay modo de tocarlo con las palabras
ahí tenemos la contraindicación.
Desde esta lógica, ocuparnos del
tema de indicaciones y contraindicaciones quizás no
haya sido sino un chiste, en tanto éste se sirve de
una palabra común para otro uso que aquel para el que
está hecha. La propuesta ha sido y es, la de retorcer
un poco este par indicaciones-contraindicaciones para que
en los seminarios que tendremos podamos distinguir en que
reside su valor práctico. Tomaremos las indicaciones
por el eje del síntoma y las contraindicaciones por
el de los obstáculos, los límites, las reservas.
Podremos hasta prescindir de creer en
las indicaciones y contraindicaciones a condición de
que podamos servirnos bien de ellas para nuestras conversaciones
y fundamentalmente para nuestra clínica actual.
1. Miller, J-A. , Las contraindicaciones
al tratamiento psicoanalítico
2. Ídem
3. Lacan, J. Seminario 25, clase del 15 de noviembre de 1977
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