| Editorial
Ecos de Comandatuba
El Comité de Acción dela
Escuela Una (2002-2004), a través de los Papers orientó
durante casi dos años los temas sobre “La práctica
lacaniana sin estándares mas no sin principios”. “Indicaciones
y contraindicaciones” fue abordado en varios espacios de trabajo
del IV Congreso: en la apertura plenaria, luego en seminarios
de la AMP, después en la Gran conversación de
la Escuela Una, a través de elaboraciones de colegas
de la AMP, articulaciones de los invitados a los seminarios
Jean–Piere Klotz y Yasmine Grasser, coordinado por Bernardino
Horne.
En los siguientes Boletines, transmitiremos
las resonancias sobre Indicaciones y contraindicaciones que
desde esa isla, vienen hacia la NEL. Iniciamos con el“ El
witz de las indicaciones y contraindicaciones” presentado
por Ricardo Seldes, el 3 de agosto en la mesa del Comité
de Acción.
Julia Benavides.
Coordinadora Organización
III Jornadas NEL.
El Witz de las Indicaciones y Contraindicaciones
I Parte
Ricardo D. Seldes
La recomendación de Freud de no
encasillar un caso por adelantado, apunta a independizar a
los analistas de su experiencia con otros casos. Esta indicación
paradojal, alienta a recibir de un modo desprejuiciado, libre
de los conocimientos adquiridos, por nosotros o nuestros colegas,
la demanda del que sufre de su cuerpo o de su pensamiento.
Se trata de que apreciemos la particularidad de un caso desde
una posición que implica un cambio de sentido, frente
a la tendencia a construir casillas. El tema de las indicaciones
y contraindicaciones al análisis concierne directamente
a este tópico y comenzamos por ocuparnos en recorrer
textos del International Journal of Psychoanalysis que reflejaran
el problema en diferentes épocas.
El debate sobre indicaciones y contraindicaciones
surgió en el psicoanálisis a partir de las propuestas
freudianas de delimitar su campo, cuando los analistas debieron
enfrentar obstáculos internos y externos a la cura.
En ese primer tiempo el esfuerzo se centró en el intento
por conceptualizar las dificultades para, sin retroceder,
inventar un modo de ir más allá. Ya en la década
del 30 se comprobó que lo inconsciente no se entregaba
como en los primeros tiempos de Freud, y es donde se produce
el gran cambio decisivo, la revisión dolorosa a la
que tuvo que constreñirse la técnica para dar
cuenta de las resistencias. A esto hay que agregarle que el
saber psicoanalítico pasó a ser un saber común,
adaptado con sus novelas al lenguaje corriente, lo que llevó
a que los pacientes estuvieron pronto tan al tanto de ese
saber como lo estaban los analistas mismos. La sorpresa de
la emergencia de este nuevo discurso había cesado.
Vemos entonces el surgimiento de otro momento, en el que para
intentar recuperar el mas allá que efectivamente tuvo
siempre el discurso, los psicoanalistas, debieron inventar
la necesidad de un tercero, que se suponía llamado
a percibir sin intermediarios. Y para designar esta inmediatez
de lo trascendente se apeló al afecto, lo vivido, la
actitud, la descarga, la necesidad de amor, la agresividad
latente, la armadura del carácter, el cerrojo de la
defensa (1), para concluir en el manejo de
la contra-transferencia. Es en este punto en el que cuenta
la institución del principio lacaniano de no comprender.
Consecuencia del cual surge una gran indicación de
Lacan: aguzar en la escucha de los sonidos o fonemas, de las
palabras, de las locuciones, de las sentencias, sin omitir
en ellas las pausas, escansiones, cortes, períodos
y paralelismos, pues es allí donde se prepara la versión
palabra por palabra, a falta de la cual la intuición
analítica queda sin soporte y sin objeto
(2).
Ese tercero asumió también
la forma de las listas crecientes de contraindicaciones que
permitían solucionar, lo que los psicoanalistas llamaban
‘el exceso de entusiasmo de los colegas por atender a pacientes
decepcionados de la psiquiatría’, y por lo tanto la
aplicación del psicoanálisis con fines terapéuticos.
El standard tomó la forma de las contraindicaciones
en la medida en que esas listas, más que advertencias
o precauciones devinieron listas segregativas, ya que lo que
estaba en juego era lo que consideraron una degradación
de la práctica. No tomaban en cuenta que el mismo Freud
al advertir sobre los usos del psicoanálisis en psicosis,
había relativizado las contraindicaciones, aceptando
la idea de una modificación del método analítico.
Abraham lo sigue al indicar que cuenta más la edad
de la neurosis, que la advertencia de no tomar en análisis
a pacientes de edad. Lo que en un inicio se aceptaba y se
apoyaba como variaciones en la técnica que permitieran
aceptar las nuevas demandas, termina siendo considerado como
extravíos, consecuencia de que la ortodoxia todista
indica que lo que se aleja del standard es juzgado como una
desviación. Ya no estamos frente a la búsqueda
de reglas técnicas para cernir lo real en juego en
la experiencia analítica, sino en códigos de
conducta que aseguraban un lugar a los practicantes adentro
de la institución, aunque ello implicara dejar caer
a los pacientes inadecuados al dispositivo, lo que equivale
a decir que se produjo un desinterés en la demanda.
Hoy en día las cosas han cambiado.
Se trata de un tiempo en el que cierto psicoanálisis
se siente liberado de toda regla, pero no en una búsqueda
de desregular los standards para captar lo singular del goce
de cada quien sino al contrario para homogeneizarlos todos.
Se ataca el principio de disimetría, para eliminar
rasgos de poder. El principio de autoridad es el obstáculo
a la libre conversación entre dos seres con iguales
derechos. Lo real queda subsumido, evaporado, en el juego
de una democracia analítica. Las reglas se han aflojado,
la técnica se decide en el caso por caso, el standard
es obsoleto. Es el terreno en donde la oferta de la escucha
termina siendo un gadget más, en la dimensión
actual de ofrecer objetos de supermercado que están
allí para provocar un deseo falso. He aquí nuestro
mayor desafío cuando junto con los standards se borran
las contraindicaciones, y ya no se sabe cuales son los principios
netamente psicoanalíticos.
La premisa de la que partimos, no hay
contraindicaciones a priori, nos resultó tan enigmática
como a la mayoría de los colegas que se ocuparon de
este tema.
En el intento por descifrarla considerando
las coordenadas de nuestra época, transitamos desde
la noción de contraindicaciones al análisis
a la de indicaciones al analista.
1.Lacan, J. Situación
del psicoanálisis y formación del analista en
1956
2.ídem
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