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Prólogo
en Guitrancourt
15 de agosto de 1989
En ninguna parte del mundo existe Diploma
de Psicoanálisis. Y no por azar o por inadvertencia,
sino por razones debidas a la esencia de lo que es el psicoanálisis.
No se ve cuál podría ser la
prueba de captación que verificaría al psicoanalista,
ya que el ejercicio del psicoanálisis es de orden privado,
reservado a la confidencia que el paciente hace a su analista
de lo más íntimo de su cogitación.
Admitamos que el analista responde con una
operación, que es la interpretación, y que se
dirige a aquello que denominamos el inconsciente. ¿Podría
constituir esta operación el material para esa prueba?
–dado que la interpretación no es la culminación
del psicoanálisis y que cualquier crítica de
textos, documentos e inscripciones, también la emplea.
Pero el inconsciente freudiano sólo se constituye en
la relación de palabra que ya he mencionado, no pude
homologarse fuera de ella. Además, la interpretación
analítica no prueba nada en sí misma, sino por
los efectos, imprevisibles, que suscita en aquel que la recibe,
y ello en el marco de la misma relación. No hay salida.
El resultado es que debería recibirse
al analizante para que, él sólo, atestara la
capacidad del analista, si no fuera que su testimonio está
falseado por el efecto de transferencia que se instala de
entrada y a sus anchas y no da ningún seguro con respecto
al trabajo que se ha hecho. Todo ello deja ya entrever que
el único testimonio que podría recibirse sería
el de un analizante postransferencia, pero que quisiera servir
aún a la causa del psicoanálisis. Lo que aquí
designo como el testimonio del analista es el núcleo
de la enseñanza del psicoanálisis, en tanto
que éste responde a la pregunta de saber qué
es lo que puede transmitirse al público de una experiencia
esencialmente privada.
Jacques Lacan estableció este testimonio
bajo el nombre de “el pase” (1967); y dio el ideal
de esa enseñanza, el mathema* (1974). De uno a otro,
hay toda una graduación: el testimonio del pase, todavía
sobrecargado con la particularidad del sujeto, está
confinado a un círculo restringido, interno al grupo
analítico; la enseñanza del mathema, que debe
ser demostrativa, es para todos –y es ahí donde
el psicoanálisis se encuentra con la Universidad.
La experiencia se realiza en Francia desde
hace catorce años; ya se ha dado a conocer en España
desde hace cuatro años a través del Seminario
del Campo Freudiano; tomará desde enero próximo
la forma de la Sección Clínica.
Debo dejar bien claro qué es y qué
no es esta enseñanza. Es universitaria; es sistemática
y gradual; la imparten responsables calificados; se sanciona
con Certificados y Diplomas. No es algo que habilite para
el ejercicio del psicoanálisis. El imperativo formulado
por Freud a partir de 1910, que un analista sea un analizado,
fue no sólo confirmado por Lacan sino radicalizado
desde el momento en que un análisis no tiene otro fin
propio que la producción de un analista. Añadamos
que la transgresión se paga cara y en todos los casos
a cuenta de aquel que la comete.
Ya sea en París, en Bruselas o en
Barcelona, ya sean modalidades públicas o privadas,
esta enseñanza es de orientación lacaniana.
Aquellos que la reciben se definen como participantes: este
término es preferible al de estudiante, para subrayar
el alto grado de iniciativa que se les pide. El trabajo que
ofrezcan no les será expropiado: depende de ellos.
No existe paradoja en plantear la más
estricta exigencia para aquellos que se ponen a prueba en
una función de enseñanza sin precedentes, ya
que el saber enseñado, si obtiene su autoridad por
su coherencia, sólo encuentra su verdad en el inconsciente,
es decir, en un saber en el que no hay nadie para decir “yo
sé”. Lo que se traduce en lo siguiente: que sólo
se dispensa una enseñanza en el Campo Freudiano a condición
de sostenerla con una elaboración inédita, por
modesta que sea.
Se empieza, tanto en España como
en Bélgica, por la parte clínica de dicha enseñanza.
La clínica no es una ciencia, es decir, no es un saber
que se demuestre. Es un saber empírico, inseparable
de la historia de las ideas. Al enseñarlo, no sólo
estamos supliendo las debilidades de una psiquiatría
de la que el progreso de la química ha dejado de lado
a menudo su tesoro clásico; introducimos también
un elemento de certeza (el matema de la histeria).
En el futuro, las presentaciones de enfermos
vendrán a consolidar esta enseñanza. Más
adelante, se añadirá el ámbito llamado
en Francia de “Etudes Approfondies”, cuyo resorte
es la redacción de una tesis de Doctorado. De acuerdo
con lo que se hizo antaño bajo la dirección
de Lacan, nosotros procedemos paso a paso.
Jacques-Alain Miller
*Del griego mathema, lo que se enseña.
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