¿Mujeres maltratadas?
Angela María Jaramillo
Psicoanalista. Asociada a la NEL-Medellín
Conversaciones cotidianas
Programa radial de la Biblioteca del Campo Freudiano de Medellín
María Cristina Giraldo: el tema que nos reúne hoy es la reciente celebración del Día Internacional de la mujer, en el cual fueron muy destacados de un lado, el maltrato a la mujer y la discriminación de todo tipo sobre ella. Nuestra invitación a Angela María quien hace parte de su práctica clínica en la Corporación “Vamos Mujer” es a que podamos tener una mirada desde el psicoanálisis sobre una pregunta: ¿por qué una mujer se deja maltratar, o se somete al maltrato?
Angela María Jaramillo: Voy a relatar mi experiencia en la Corporación “Vamos Mujer”. Durante 15 años he trabajado con mujeres denominadas “maltratadas”, ya esa denominación comporta una dificultad. Cuando uno dice maltratadas, pone el acento sobre el que maltrata y coloca a la mujer afectada en la situación de víctima.
Uno de los énfasis que he hecho y uno de mis mayores esfuerzos, es cambiar esta mirada de la mujer como víctima, en el contexto del maltrato. La clínica nos ha enseñado que generalmente hay una participación activa de la mujer en este tipo de violencias, cuando digo activa, me refiero a aquella forma de actividad, que se caracteriza por facilitar que una situación se presente y los motivos de esta facilitación, siempre son inconscientes para las mujeres. Es decir, ellas no tienen la intención consciente de hacerse maltratar, pero hay maneras de su proceder que así lo demuestran.
MCG: Esta es una perspectiva inédita del tratamiento del problema ¿esa victimización de la mujer no tiene el efecto de una mayor discriminación sobre ella? La victimización genera compasión y una idea de minusvalía.
AMJ: Justamente es una de las observaciones en las que yo más he insistido. El discurso feminista y el discurso de los derechos de las mujeres, tiene el propósito de facilitar la constitución de las mujeres como sujetos de derecho, habilitados para la participación social y política. Sin embargo, en el análisis de las situaciones y de las problemáticas que afectan a las mujeres, uno puede deducir una victimización sutil de las mujeres; se las presenta como víctimas de situaciones que ellas no pueden ni regular, ni impedir, ni limitar. ¿Qué nos han enseñado las mujeres que adjetivamos “maltratadas”? Hay algo de la subjetividad que favorece este tipo de situaciones. Básicamente hemos encontrados ciertas palabras maternas que operan como impronta, como sellos, de los que las mujeres no pueden zafarse o dialectizar, ese ha sido uno de los limites del trabajo, que ellas puedan lograr una distancia entre esas palabras maternas que las conducen muchas veces a facilitar una posición de objeto, ante la agresión del otro.
MCG: El que una mujer pueda llegar a acceder a ser un sujeto pleno de derechos por la ley en un Estado, implica una posición de responsabilidad como sujeto, salir de esa victimización, interrogarse qué la lleva a someterse a una situación de maltrato y a que pueda transformar esa posición, es esa la perspectiva que tu abres con tu trabajo.
AMJ: Si, es poner en primer plano la dimensión de la responsabilidad como condición necesaria y sin la cual es imposible pensarse como sujetos de derecho y como ciudadanos, es decir coma hay que hacer toda una reflexión sobre la subjetividad femenina implicada en la condición de la ciudadanía.
MCG: ¿Tu reflexión ha permeado el discurso feminista, interrogar algo del discurso feminista sobre la victimización de las mujeres?
AMJ: En primer lugar, el discurso feminista y el movimiento de las mujeres son movimientos importantes y son discursos importantes, porque abren nuevas perspectivas de reflexión y de acción. Sin embargo, hay dificultades en la manera como interpretan y como reflexionan las problemáticas de las mujeres. En la institución donde trabajo, la mirada de la mujer como víctima ha logrado relativizarse, interrogarse y mirar las consecuencias desfavorables que tiene sostener que las mujeres siempre son víctimas en todas las situaciones. Me parece que este impacto ha logrado llevarse a otros espacios, a otras organizaciones de mujeres, a otras instituciones de mujeres, esto ha ido haciendo camino, pero no podemos ser ingenuos, porque identificarse al lugar de víctima, cuando el Otro institucional lo avala, produce beneficios y muchas mujeres empiezan a servirse del significante “maltratada” para presentarse ante el Otro, con todas dificultades que eso tiene en la clínica, porque terminan en identificaciones y en una cierta complacencia con el sufrimiento de la otra, una cierta justificación de ese sufrimiento y la intervención se empantana, porque se deja a la mujer exenta de toda responsabilidad y uno de los primeros esfuerzos que yo particularmente hago es, darle un viraje al trabajo, de tal manera que la mujer que viene con la queja, que viene con el sufrimiento del maltrato, pueda preguntarse ¿qué de ella ha facilitado esta situación?, ¿cómo lo ha permitido? Estas son intenciones que para nada son concientes en ellas.
MCG: ¿Qué observas en la clínica con “mujeres maltratadas” y qué posibilidades ofrece el psicoanálisis desde la perspectiva en la cual estas estás trabajando?
AMJ: La clínica con mujeres “maltratadas”, adjetivo problemático, pero así se presentan y es el ítem bajo el cual las instituciones las acogen, nos enseña que hay dinámicas subjetivas comprometidas en la posición que ellas asumen frente a la pareja. Ahora, no se trata de una lógica común, no todas las mujeres presentan los mismos determinantes subjetivos, pulsionales, pero si hay un punto general y es que la historia que ellas narran, la visión que ellas tienen de la relación con los más cercanos en la infancia, sobre todo con la madre, tiene un papel decisivo en la posición que ellas han asumido frente a la pareja, ese es un aspecto que he encontrado con mucha frecuencia.
Otra cosa es la versión que cada una construye del lugar que ocupa particularmente en el deseo de la madre. Generalmente encuentro mujeres que suponen que su deber en la vida es dejarse maltratar, como una vía para acceder al amor materno, incluso madres que han muerto, que ya no están con ellas, y sin embargo la palabra de estas madres sigue teniendo una vigencia impresionante para ellas y son palabras que se convierten en destino, como si estas mujeres las recibieran en términos de un deber absoluto en complacerla y “para que no sufra, yo me dispongo hacer”.
MCG: Como si sostuvieran allí un ideal identificatorio a esa madre, o a lo que culturalmente se considera que puede ser una buena mujer, esas formaciones ideológicas de la época.
AMJ: Yo he propuesto que lo que se llama en el contexto del feminismo “identidad de género” estos discursos sociales se ponen la servicio de ciertas formas de sufrimiento particulares y me parece importante pensar que una cosa son los discursos sociales y otra la dimensión de la subjetividad.
MCG: Agradecemos a Angela María Jaramillo el haber estado hoy con nosotros. En la conducción María Cristina Giraldo. Psicoanalista. Miembro de la AMP y de la NEL-Medellín.
Establecimiento del texto: Astrid Lema G.
Ir
al inicio de sección