Lol y la clínica del arrebato


Patricia Tagle (relatora)
Psicoanalista. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP)
y
La Nueva Escuela Lacaniana (NEL-Lima)

María Hortensia Cárdenas
Presidenta de la Nueva Escuela Lacaniana. Psicoanalista.
Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y la Nueva Escuela Lacaniana (NEL-Lima)

Yovana Pérez, Marisa Shiroma,
 Asociadas de la NEL-Lima

Anna Lía Barandiaran, Jannice Gallo, Karina Villacrés
Estudiantes del CID-Lima

Biblioteca del Campo Freudiano de Lima

Abstract: En la clínica de la psicosis femenina se encuentran una serie de fenómenos que atañen al cuerpo y que se pueden confundir con la histeria. Es en relación al cuerpo que se puede situar el fenómeno del arrebato, muy diferente a lo que se puede ubicar en el fantasma histérico y su pregunta por la otra mujer y el otro goce. La clínica del arrebato, al ubicar el estatuto problemático del cuerpo y su ausencia de correlato subjetivo, aporta elementos para el diagnostico diferencial.                                                      

“… pienso que un psicoanalista sólo tiene derecho a sacar una ventaja de su posición (…): la de recordar con Freud, que en su materia, el artista siempre le lleva la delantera, y que no tiene por qué hacer de psicólogo donde el artista le desbroza el camino” (1).

“Que la práctica de la letra converja con el uso del inconsciente”, como nos señala Lacan (2) es lo que permite que nos aproximemos a ciertas obras literarias para extraer lecciones clínicas y no para hacer crítica literaria. Ahí radica la clave del buen uso que el psicoanálisis puede hacer de la literatura.

El camino que Lacan desbroza para nosotros en su Homenaje a Marguerite Duras a propósito de El arrebato de Lol V. Stein nos indica que se puede ir más allá del caso que la novela nos presenta a condición de servirnos de él.  A partir de esto, Jacques-Alain Miller, tomando las contribuciones realizadas por Éric Laurent y otros, en su curso Los usos del lapso acerca de Lol V. Stein, resaltó la pertinencia de interrogarnos sobre ciertos fenómenos clínicos que el personaje de esta novela manifiesta y propuso la realización en París de unas Jornadas sobre la Clínica del Arrebato (2001).

Se trataba de situar en la clínica de la psicosis femenina una serie de fenómenos que atañen al cuerpo y que pueden confundirse con la histeria. Fenómenos de borde, que en muchos casos, al no ser convenientemente ubicados han llevado a la confusa clasificación de borderline acogida en el DSM IV.   J.-A. Miller señala la siguiente tesis: Lol es alguien que no tiene un cuerpo. De ahí que, a diferencia de la histeria, no sea posible para Lol incorporar su sufrimiento. El cuerpo de la otra mujer tiene para ella un estatuto de objeto. Y es ahí precisamente donde se puede situar el fenómeno del arrebato, muy diferente a lo que se puede ubicar en el fantasma histérico y su pregunta por la otra mujer. Y muy diferente también al extravío femenino, donde se trata del Otro goce ilimitado, que se distingue de la psicosis (3).

En la novela de Duras podemos situar dos momentos distintos en lo que respecta al drama de Lol, un primer momento, la escena del baile, al que sucederá un intervalo de diez años, y un segundo momento, cuando Lol vuelve ya casada a su ciudad natal, y se encuentra con la pareja de amantes que conforman Jacques Hold y su amiga de la infancia, Tatiana Karl, con los que procurará rehacer la primera escena.

La escena del baile en la novela, momento del arrebato de Lol, muestra la forma en que ella sucumbe ante la imagen de la pareja que forman su novio y la otra mujer. Durante el baile Lol contempla la escena de su novio bailando con otra mujer sin dar muestra alguna de sufrimiento, y es precisamente esta ausencia de sufrimiento en Lol, tan bellamente descrita por la Duras, lo que testimonia del fenómeno del ravissement, arrebato. Como señala Vicente Palomera (4) en ese momento Lol se ve ella misma desaparecer en el cuerpo de otra. Ahí Lol es arrebatada por el cuerpo de otra bajo la imagen del vestido del que no acaba de ser despojada. Lol se engancha en esta escena inacabada en la medida en que ella misma está incompleta; es lo que su amiga dice de ella en la novela, que “a Lol siempre le faltaba algo para estar ahí” (5). Estos datos, proporcionados por Tatiana al narrador, no resultan superfluos, pues permiten situar en la peculiaridad subjetiva de Lol  los elementos que darán a la escena del baile su verdadero valor de acontecimiento en el que ella se abisma.

El término arrebato permite dos acepciones que esclarecen el concepto. Por un lado, alude a robo, rapto, llevarse a alguien por la fuerza, y de otro, remite a estar arrobada, en éxtasis, como Lol, arrancada de sí misma. J.-A. Miller precisa el arrebato en relación al cuerpo, al hecho de tener un cuerpo y que puede ser arrebatado, como Lol, arrebatada por el cuerpo de otra mujer.

Es este estatuto problemático del cuerpo, y su ausencia de correlato subjetivo, el que, convenientemente situado, aporta elementos para el diagnóstico diferencial: fenómenos de despersonalización, autodesaparición, cuerpo sufriente pero deshabitado, indiferencia, insensibilidad, falta de una identificación imaginaria que permita la fijación libidinal al cuerpo, ausencia del sentimiento de la vida. Lol es descrita como “una mujer con un corazón inacabado” (6). En suma, pérdida del cuerpo no simbolizable por el significante fálico.

De ahí que Miller propusiera pensar estos fenómenos desde el estadio del espejo, donde se pueden ubicar las coordenadas estructurales de la constitución imaginaria del sujeto. En este caso, lo que se constata en estos fenómenos clínicos es la ausencia del yo en su función de garantizar la continuidad del sujeto; de realizar por la vía de la identificación imaginaria la juntura necesaria del alma con el cuerpo, capaz de proporcionar al sujeto el sentimiento de la vida, y la localización del goce en el propio cuerpo.

Asimismo, puede también abordarse estos fenómenos desde la clínica de los nudos, e interrogar el valor de una suplencia histeriforme en ciertos casos de psicosis.

Es esto lo que nos permite pensar la estrategia a la que se aboca Lol en un segundo tiempo, cuando intenta reproducir la escena que no tuvo lugar en el baile – la escena en la que el hombre desnuda el cuerpo de la otra mujer- con la pareja que conforman Jacques Hold y Tatiana Karl. En el homenaje a Marguerite Duras, Lacan indica claramente que lo que ahí se rehace no es el acontecimiento, sino un nudo, en el cual se encierra propiamente lo que rapta (7).

Es el uso de la pantalla fantasmática en este caso, más que el montaje mismo, lo que permite situar el intento de Lol por encontrar un cuerpo “que sustituya al vacío de su vida” (8). A diferencia del estatuto del fantasma en el neurótico, se trata aquí de un intento de suplencia que pueda proporcionarle a Lol algo del sentimiento de la vida. Lacan señala claramente que Lol no es ahí voyeur, ella no es la que mira, que no se trata de un fantasma perverso, sino de otra cosa. Es Lol misma la que presentifica el objeto a mirada, al ser ella la mancha en el campo de centeno, ella observa desde ahí a los amantes, pero deja el goce sexual  a cargo de la pareja.

En tanto el cuerpo de la otra mujer es la prosecución de la primera escena, esto le sirve a Lol para reencontrarse con esa parte de sí que parecía serle ajena desde siempre. La escena por fin acabada, varias veces repetida, sustituiría en ella su corazón inacabado. Pero, hay que decirlo, y la novela nos lo muestra bien, el intento de Lol es fallido y su solución precaria no la salva del desencadenamiento. Lo que no resta al intento su valor.

Vemos así que pueden extraerse lecciones clínicas del caso Lol, aun cuando éste se trate de un personaje literario. Por lo demás, sabemos que Marguerite Duras basó el desarrollo de su novela en el caso real de una erotómana a la que conoció y entrevistó en varias oportunidades. Debemos a su arte, y a su capacidad de explorar las zonas insondables del alma humana, el habernos legado un saber particular del que podemos servirnos para interrogar la clínica y para lograr precisiones valiosas que nos proporcionen nuevas herramientas para el abordaje de las psicosis.

Teniendo en cuenta que no se trata de describir para construir nomenclaturas ni clasificaciones nuevas, sino para apuntar siempre a la fineza del detalle que  constituye el arte del diagnóstico; se trata para nosotros de pensar la clínica en su particularidad, aquella en la que el caso único  hace objeción  a la clase. Definitivamente Lol es única, un personaje incomparable. Y está claro que no hay dos, que las coordenadas de la jovencita del baile del casino de T. Beach son irrepetibles, como es irrepetible en su estilo la propia Marguerite Duras y su capacidad de mostrar en sus novelas “las bodas taciturnas de la vida vacía con el objeto indescriptible” (9). Irrepetibles en su invención.

Texto presentado en el III Encuentro Americano de Psicoanálisis; Belo Horizonte, Brasil, agosto del 2007

Notas:
(1).- LACAN, Jacques. “Homenaje a Marguerite Duras. Del rapto de Lol V. Stein”. En Intervenciones y Textos. Ed. Manantial, Buenos Aires, 1988, pp. 65-66.
(2).- Op. cit. p. 66.
(3).- MILLER, Jacques-Alain. “Los usos del lapso”. Paidós, Buenos Aires, 2004, p. 497.
(4).- PALOMERA, Vicente. “Amor, cuerpo y locura”. CIEC. Hugo Báez Editor, Córdoba, 2005, p. 34.
(5).- DURAS, Marguerite, “El arrebato de Lol V. Stein”. Ed. Tusquets, Barcelona, 1987, p. 10.
(6).- Op. cit. p. 65.
(7).- LACAN, Jacques. Op. cit. p. 66.
(8).- PALOMERA, Vicente. Op. cit. p 45
(9).- LACAN, Jacques. Op. cit. p. 72.

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