Un trayecto para hallar… ¿la lengua?


Beatriz Vindret
Psicoanalista. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP)
y de
 La Nueva Escuela Lacaniana (NEL).
Analista practicante en el CPCT-París.

Hay que distinguir pues el principio del sacrificio, que es simbólico, la función imaginaria que se consagra a él, pero que lo vela al mismo tiempo que le da su instrumento.
Lacan (1)

El CPCT de Paris ofrece la posibilidad del encuentro con analistas que pueden escuchar y trabajar en varios idiomas. A través de un caso de mi experiencia intentaré ilustrar como la cuestión del lugar dado a la palabra, del lugar desde donde se enuncia, es crucial en los atascos y dificultades de integración de una mujer que Eligio salir de su país de origen.

La Sra. L, trentenaria, es de origen hispano. Casada con un francés, vive en Paris desde hace dos anos y se considera “muy deprimida” desde su llegada. Hace algunos meses abandono el domicilio matrimonial aunque ama a su marido, pero no quiere “hacerlo infeliz”. Ambos “no se entienden”. La falta de comunicación entre ellos fue, según la Sra. L, decisiva en su voluntad de alejarse del marido.

La Sra. L conoce el CPCT a través de una amiga que vino como acompañante y que quedó muy agradablemente impresionada porque “había podido escuchar mujeres hablando en español en la sala de espera y en los pasillos”. Al leer el prospecto del CPCT se le confirma la posibilidad de “trabajar en español” y la Sra L no duda en tomar una cita porque supone que en el CPCT hay “extranjeras que logran trabajar en Francia sin renunciar a su lengua materna”.

A su llegada a Paris, la Sra. L comienza a aprender francés pero no logra hablarlo. Su marido habla español pero se dirige a ella siempre en francés. Ella se siente “bloqueada” y sus posibilidades de conversación son muy limitadas. No soporta su acento aun cuando para su marido, ese acento forma parte de sus “encantos”.

La Sra. L se siente aislada y le parece imposible encontrar un trabajo que corresponda a su nivel de estudios, lo cual añora profundamente. Desde su llegada a Paris, solo hace pequeñas tareas esporádicamente y solo en con gente de habla española.

La Sra. L viene entonces al CPCT para “hacerse entender” y con la idea de que necesita “reencontrar su lengua materna” la cual “habla poco” desde su llegada a Francia. Tuvimos 16 sesiones. Curiosamente, durante nuestros primeros encuentros, al principio y al final de las sesiones, la Sra. L me dice palabras amables siempre en francés: “je vous remercie, bonne journée, au revoir” (2). A la tercera sesión yo señalo este hecho. “Que quiere –me dice- ¿que la insulte en español?”

Al iniciar la cuarta sesión La Sra. L enuncia sus dificultades de encontrar trabajo debido a sus bloqueos para hablar en francés y hace el siguiente lapsus: no puedo exportarme en francés”. ¿Exportarse? Le pregunto. “¡Ah, quería decir, expresarme!” Veremos el valor que estos enunciados tienen para el sujeto y su lugar en la transferencia.

Emigrar de su país natal era un ideal inscrito en su destino incluso antes de su nacimiento pues su madre tenia grandes esperanzas de tener “al menos una hija que pudiese vengarla” de las humillaciones resultantes de su condición femenina en  medio de un circulo socio familiar “profundamente machista”.

La abuela de la Sra. L se casó  con solo 17 anos, para alejarse de su familia, pero su marido abandonó rápidamente el domicilio conyugal para unirse definitivamente a su amante, en el extranjero. A su vez, la madre de nuestra paciente, decidió casarse con uno de sus amigos de infancia en un momento en que la depresión de su propia madre le resulto verdaderamente insoportable. De esta unión salieron 4 hijos varones y una sola hija. “Por desgracia” ese padre, de origen muy modesto, murió muy joven de una grave enfermedad infecciosa. La Sra. L guarda como recuerdo el de un hombre muy severo que solo veía en la cena y que exigía un silencio absoluto para comer.

A partir de ese momento, la Sra. L fue encargada a sus hermanos mayores, implicados todos en peligrosos tráficos de todo tipo, incluso hasta en redes de prostitución con los cuales la Sra. L debía colaborar ocasionalmente. Al principio solo le pedían que se embelleciese para atraer “miradas que paguen” y sobre todo, que guardase silencio y no denunciara. Pero rápidamente las cosas cambiaron y “podían reservarla” para veladas importantes donde se trataba de servir de acompañante a hombres con los que tenia también que conversar y acostarse. La Sra. L explica con orgullo que nunca acompaño esas prácticas de drogas o alcohol. Imposible ausentarse, al contrario, había que odiar, “el odio debía ser máximo en esos momentos”. Ese odio resentido le permitía resistir un poco. Así, ella podía insultar a sus partenaires de manera muy grosera, y la única condición que les imponía era que “se mantuviesen  en silencio”.  Ellos no podían hablar durante las relaciones sexuales, era ella quien les hablaba en un lenguaje más bien grosero. “No callarse”, esa era su manera de “resistir”.

De esa forma, la Sra. L se hacia partenaire de su madre, en “el sufrimiento, la humillación y el odio” que esas practicas le causaban.

Pero su atracción hacia las cosas bellas y en particular los vestidos y perfumes caros, la hacían depender de sus hermanos. “Ellos me obligaban a quedarme desnuda ante los hombres y yo les hacía pagar las ropas más caras, solo para mi”, explica. La mirada tiene entonces un precio, y esto sería para ella una de las modalidades de la no relación sexual a través de un parecer que le serviría mas bien para inscribir la mirada no solamente en el registro pulsional, sino también en el del semblante.

Sin embargo, sus hermanos le pagaron también estudios universitarios y antes de viajar a Paris ella trabajaba durante el día en una prestigiosa sociedad de comercio.

Fue así que conoció a un policía francés que estaba de viaje  turístico en su país. Este hombre se atrevió a enfrentar a sus hermanos. El solo hecho de desafiarlos bastó para que ella se creyera enamorada. Se casaron muy rápidamente “y en secreto” y ella emigró poco después. “Se realizaron los deseos de mi madre”, afirma la Sra. L.

Una vez “en casa de su marido” –así es como define el domicilio parisino- ella no encuentra ningún lugar desde el cual autorizarse a hablar y se siente reducida a ser “la que mira como se hace”. Su marido es quien habla y quien hace todo en la casa. “¡Es un anti-macho!”, dice. Yo le señalo que precisamente por eso, él no es muy apropiado para poder “vengar a su madre.”

Habla entonces de las dificultades de su vida sexual “a la francesa”, caracterizada por la dulzura y la cortesía de su pareja. El trata por todos los medios de despertar el deseo en ella, comprándole incluso mucha ropa interior “muy cara y 100% francesa”. Paradójicamente, mientras mas atento y amable es su marido, menos ella lo desea. No tiene nada que reprocharle, lo quiere. Es el primer hombre que no odia. Al contrario, lo ama. Pero no puede estar cerca de el.

Vemos entonces que el encuentro con su marido es un momento de báscula en su existencia porque con él, pudiera tratarse de saber pasar de la repetición del goce pulsional del Uno al encuentro, contingente, con el Otro sexo. Pero según ella, ambos están en un “verdadero diálogo de sordomudos. Para explicar este hecho ella dice que él habla todo el tiempo, “nunca se para” y este enunciado le parece de pronto equivoco cuestionando así el significante “para”. El sujeto pone de este modo en juego que el discurso es un semblante en donde se anudan, en el destino que hasta entonces le había dado a la diferencia sexual, verdad y mentira.

La Sra. L se siente mucho menos deprimida desde que consulta en el CPCT. Las sesiones le permitieron darse cuenta de que solo goza con los más machos. Esta puesta en evidencia de la distancia entre el Ideal y el Goce la sorprendió mucho y tuvo efectos sobre la depresión.

La Sra. L quiere seguir buscando trabajo en el comercio y con ese objetivo empezó las clases de francés. Piensa también en regresar al domicilio conyugal para tratar de acercarse a su marido. El es un hombre al que puede “decirle gracias”. No está segura de lo que sucederá con la vida de pareja pero se siente “más entusiasta que deprimida”.

A través de una utilización muy particular de la demanda de hablar su lengua materna, las sesiones ayudaron a esta mujer ”a ver de otra manera  su vida” y a querer trabajar sobre su historia personal más tarde. El CPCT fue para ella un pasillo “donde escucharse  mejor y “poder pasar a otra cosa”.

La Sra. L dio entonces un pequeño paso. Esta es también la significación de pasillo. Puede que así haya comenzado a subjetivar “la falta que supone consentir a la injusta distribución de los semblantes –nada de reivindicaciones- y que el sujeto pueda así consentir un poco mas a estar a la merced del encuentro del  deseo de un hombre” (3) sacrificando una parte de goce.

Pudiéramos entonces hacer la siguiente hipótesis: las sesiones redujeron el pathos de la reivindicación y como consecuencia de ello, la rivalidad desencadenada por la dialéctica de posesión del falo.

Por el valor otorgado a la lengua materna, este sujeto pudo percibir los impasses de algunas de sus soluciones. El tratamiento permitió, en condiciones precisas, poner de manifiesto la alineación del sujeto hablante al lenguaje.

La Sra. L pudo entrever que sus dificultades de integración, ligadas a las dificultades  con la lengua extranjera relevan lo que pudiéramos llamar “un  complejo de la extranjera” inscrito de una manera singular en la novela familiar y en la manera en que esta mujer estaba sujeta al fantasma materno.

En fin, el trabajo en el CPCT le dio  ganas a la Sra. L de descifrar los embrollos del trío constituido  par el amor, la ignorancia y el odio.

Creo que este tratamiento en el CPCT puede pensarse no tanto como una terapia breve sino  mas bien como un ciclo, según la definición dada por J.A.Miller en Barcelona: “un ciclo es un momento en el que una pregunta sobre el goce puede encontrar una nominación  provisoria”, y los efectos deben ser considerados entonces en ese sentido.

Intervención en PIPOL III

Notas:
(1).- Lacan, Jacques. Subversión del sujeto y dialéctica del deseo. Escritos 2.Siglo XXI Editores, 1991, pag. 802
(2).-  Le agradezco, que tenga un buen día, hasta luego
(3).- La lettre mensuelle Numéro 112.Oct 92, p.14

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