Cuando la angustia es asociada al VIH/SIDA

Mariela Rodríguez Méndez
Asociada a  la  NEL-Delegación La  Habana

El objetivo de esta presentación es mostrar las relaciones posibles entre el SIDA y la angustia, tal como se presentan en nuestra consulta, a través de los sujetos atendidos en el Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí”, centro de referencia nacional de la atención a las personas seropositivas.

Quisiera defender la hipótesis de que el diagnóstico de VIH-SIDA puede tener múltiples implicaciones subjetivas, que no siempre conllevan a una reacción de angustia. Pero en ocasiones esta aparece asociada al VIH-SIDA, ya sea porque implica un encuentro con lo real ante el cual el fantasma que regula la relación con el Otro deja de funcionar, ya sea porque el VIH-SIDA se asuma como un significante que ayude a elaborar una angustia precedente, o porque la exposición al riesgo de contraer la infección sea una forma de goce desbordante del sujeto seronegativo generadora de angustia. El abordaje clínico del sujeto angustiado, nos indica la necesidad de orientar el trabajo a la escucha de lo subjetivo, más allá de la problemática propiamente médica del VIH/SIDA.
 
El VIH/SIDA es una de las enfermedades que padece el hombre de nuestra época, que atañe a la relación sexual por ser esta su vía fundamental de transmisión y anuncia un pronóstico de muerte segura. Para los psicólogos y estudiosos del VIH SIDA, la angustia es una de las reacciones posibles ante el VIH-SIDA. De hecho Bayés (1995) reconocido autor en este ámbito,  afirma en su libro “SIDA y Psicología”  que “es importante que casi todos los profesionales sanitarios que pueden verse involucrados en situaciones de este tipo y que deban atender –aunque sea para derivar a otros profesionales o centros- a personas angustiadas que acuden en demanda de ayuda, conozcan las estrategias de autocontrol y se encuentren debidamente formados en las técnicas  de counseling”.  A continuación citará a García-Huete quien índica como técnicas específicas de control cognoscitivo la parada de pensamiento, la reestructuración cognitiva, autoinstrucciones y resolución de problemas. Para Bayés el camino a seguir en términos de ayuda psicológica a las personas seropositivas es “incrementar en todos los aspectos posibles la sensación de control de los individuos seropositivos al VIH sobre su proceso infeccioso y su medio ambiente” (p.149).

En cambio para prevenir la infección se considera como solución alternativa, según Bayés (p.113) acercar cognitivamente las consecuencias a largo plazo, a los comportamientos de riesgo, asociándolas si es posible, a la práctica de los mismos de forma emocional e inmediata: consecuencias imaginadas positivas de salud a los comportamientos preventivos; consecuencias imaginadas aversivas de enfermedad a los comportamientos de riesgo. Se reconoce en tal sentido que las cogniciones aversivas a menudo son  evitadas o negadas por los sujetos.

En la psiquiatría contemporánea se suelen utilizar indistintamente los términos “ansiedad” y “angustia”, entendiéndose por ello al temor inexplicable, aparentemente sin objeto, a la muerte,  a la pérdida de control o a volverse loco que puede experimentar alguien, lo que produce generalmente síntomas somáticos como palpitaciones, sudoraciones, nauseas e incluso desmayos. Se la asocia a los trastornos fóbicos y al estrés postraumático. 

Desde el psicoanálisis, señala  J. A. Miller en su texto “A propósito de los afectos en la experiencia analítica.” (1988) que para Lacan “el afecto moviliza al cuerpo”, lo que significa que  articula el alma y el cuerpo, es decir responde a la complementariedad y variación simultánea del alma y el cuerpo, del yo y el mundo. Para Lacan, el único afecto que tiene la cualidad de no engañar es la angustia,  en la medida que da cuenta de lo particular del “objeto a” para cada uno, constituido en su historia subjetiva y que guiará tanto el camino del sujeto en la búsqueda de la gratificación de su deseo, en la elección de los objetos de amor, como el modo particular de su goce.

En el Seminario X, La Angustia, Lacan dice que aunque la angustia aparentemente ocurre por la pérdida de objeto, es precisamente la presencia del objeto que el llamó “a”, en lo que él nombró como registro de “lo real”, lo que  la desencadena. Tal precisión la distingue de la fobia en tanto en esta se presentifica un objeto de los que comúnmente llamamos objetos externos ubicados en el registro de lo imaginario y lo simbólico, significantizados. La falta de objeto aparente con la que se ha distinguido a la angustia implica que falta un objeto que nombre o describa lo que sucede. La fobia es un mecanismo del sujeto para desangustiarse, en tanto encuentra un objeto externo al cual ligar lo que siente, ubicándolo como causante de su sufrimiento.

Por la importancia de la angustia como señal de lo particular de cada sujeto  y por su función de guía del trabajo con las personas que acuden a nuestra consulta hemos querido destacar diferentes formas en que se ha manifestado asociada al VIH-SIDA. Para ello presentaremos tres viñetas clínicas, que nos parecen representativas de las peculiaridades de dichas diferencias, abordadas desde la perspectiva del psicoanálisis lacaniano.

Viñeta 1: El VIH-SIDA en tanto real

Se trata de una mujer de 26 años, recién diagnosticada como seropositiva al VIH, que asiste a la consulta remitida por el médico que la atiende porque está sufriendo mucho y tiene  síntomas corporales como cansancio, falta de fuerza, dolor en el pecho, insomnio; a pesar de los resultados favorables de los exámenes médicos aplicados y las intervenciones de consejería aplicadas por los médicos. En las primeras consultas llora inconsolablemente, mientras habla. Lo que más le preocupa del diagnóstico es la posibilidad de morir porque tiene un niño de seis años.  Ella, que siempre había tratado de hacerlo todo bien, había enfermado de VIH y además le fallaba a su hijito. De repente, cree que todo lo ha  hecho mal con este hombre que es su pareja actual, a quien dice no soportar más, porque a pesar de ser muy bueno con ella y con el niño, la ahoga, siempre quiere estar arriba de ella, tiene cualidades reprochables y lo que es peor, él se sabía portador del VIH/SIDA y no la protegió. Pero, inexplicablemente, no logra separarse de él. Fue esto lo que vino a ser  objeto de análisis en las sesiones. Lo sintomático era no poder dejarlo, a pesar de considerarlo desagradable y asfixiante.

Ante esta imposibilidad de separación, intervengo diciendo que este hombre estaba enlazado a algo muy personal de sí misma, algo en ella estaba muy enlazado a él. A partir de aquí se desencadenan asociaciones referentes a su historia familiar. Se destaca que ella es hija de una infidelidad  de la madre con un hombre casado, a quien parecía amar más que a su esposo. Ella crece queriendo como padre al esposo de la madre. Sólo cuando este muere, le cuentan que es hija de otro; ya era una adolescente para entonces. Su madre y el padre subjetivo siempre discutían, mientras ella trataba de apartarlos. Sentía lástima de este padre al ver el desamor de su madre y lo mucho que él la perdonaba, aunque también la golpeaba cuando se emborrachaba. En este momento intervengo señalando que su pareja actual se parece mucho a este padre. Ella hace silencio y luego dice que puede ser. Luego, se desencadena otro tema en lo referido al deber ser y hacer lo correcto. Intenta saber cómo actuar bien para aumentar su sobrevida y educar del mejor modo a su hijo en el tiempo que le quede por vivir.

El desencadenamiento de la angustia al recibir el diagnóstico actúa como una señal de lo real, incompatible con su fantasma de mujer correcta, diferente a las otras de su familia. Su fantasma se desvanece ante lo real del diagnóstico que ella interpreta como prueba de su comportamiento errado y queda desprotegida, impotente y ubicada en su posición de objeto de goce para el Otro. No funciona de un modo que la sostenga, a partir de que pueda velar lo real que en este caso es representado por el VIH-SIDA. Hasta el momento tenía un modo de goce soportable en la medida que se inventaba una forma de actuar “correcta” que le permitiese expiar las culpas familiares y quizás la suya propia por ser el producto del engaño de la madre a ese hombre que amaba, ubicándose en el lugar de la mujer maltratada y amada al mismo tiempo, resultante de su identificación con aquel padrastro-padre maltratador y maltratado a quien ella sostiene.

Lo anterior podría explicar que luego de algunas sesiones, donde tratamos de abordar lo real de su angustia y de lo fantasmático que fallaba,  comience a retomar el tema del “modo de actuar correcto” ahora frente a la enfermedad, restaurando de otra manera el velo fantasmático, lo que le ayudará a encontrar un modo de vivir con el VIH-SIDA.

Viñeta 2: EL VIH/SIDA como significante para desangustiar

Un sujeto seropositivo al VIH asiste a consulta después de acudir a múltiples especialistas  porque cree que ya comienza a padecer SIDA y su muerte está cercana. Siente taquicardias, falta de aire, no puede dormir ni estar en la casa aunque tampoco sale a ningún lugar. Ante los resultados negativos de todas las pruebas médicas, lo remiten a psicología.

En las entrevistas preliminares se observa como, en realidad, la angustia aparece luego de la separación de una pareja a la que el quiere minimizar, igualar al resto de las otras. Es la única ruptura que le ha resultado tan difícil, a pesar de  haber sido él quien decidió romper la relación. Alude que el fracaso de sus relaciones homosexuales, junto a su imposibilidad de cambiar la orientación sexual hacia los hombres, lo llevaron a decidir no intentar relacionarse con nadie más desde hace un tiempo atrás, permaneciendo en su casa, sin trabajar, acompañando a su madre.

Se habían borrado en él las manifestaciones del deseo, había dejado de existir como sujeto deseante. Las intervenciones apuntaron a buscar su responsabilidad subjetiva. La disminución de la angustia es atribuible al cuestionamiento sobre sus certezas y a la interrogación subjetiva de su sufrimiento. Al desangustiarse, este sujeto abandona el tratamiento

En este sujeto, el SIDA, que se representaba como la aparente causa de la angustia, no era más que un intento no efectivo de significantizar la angustia por la separación a la que él mismo se había forzado, el goce del cuerpo que experimentaba sin estar asociado al VIH-SIDA. En tal caso, sería insuficiente cualquier intento de consejería post-prueba, ni argumentos sobre lo irracional de sus pensamientos, algo a lo que ya habían apuntado en vano los médicos que lo habían tratado sin conseguir aliviarlo.

Viñeta 3: El riesgo al contagio como goce angustiante

Una joven soltera de 24 años, con un hijo pequeño, asiste a la consulta porque temía haberse infectado durante la relación mantenida con  un seropositivo, quien le informó de su  diagnóstico meses después de iniciar el vínculo. En las sesiones iniciales se le respondieron sus preguntas asociadas al VIH-SIDA.  En el año que se hacía los análisis serológicos, ella continuó las prácticas de riesgo con dicha pareja y luego con otros, después de las cuales acudía angustiada.  Luego de saberse seronegativa, se mantiene con el temor a estar contagiada y asiste a la consulta sobre todo después de haber mantenido otros contactos de riesgo. Así, enfrenta una experiencia de violación con una pareja subsiguiente de quien decía querer separarse y se explicita su incapacidad para decidirse a iniciar una relación estable con alguien a quien creía amar y con quien no podía establecer una relación de pareja fuera de los encuentros ocasionales que mantenían por años.

A pesar de su queja, o quizás precisamente por su queja, me inclino a pensar que su angustia aparece en los momentos en que se deja ubicar por los otros en el lugar de objeto de goce, sin la significantización propia del amor. Por otra parte, no puede, no sabe ubicarse en otro lugar diferente de este. El posible diagnostico de VIH-SIDA era angustiante, en tanto la ponía en el lugar de objeto y podía de algún modo dar cuenta del goce en su cuerpo y de su identificación con el objeto resto.

El trabajo con esta paciente pronto se desprendió del tema del VIH en si mismo, orientándose a cuestionar los pasajes al acto que se sucedían a los momentos de angustia como consecuencia de su modo de gozar. En las últimas sesiones trabaja  su angustia asociada a la elección de pareja. Aunque aún queda mucho por recorrer,  me inclinó a pensar que está abierto el camino para hallar un modo de goce menos mortífero.

La intervención dirigida a que el sujeto aumente la sensación de control sobre su ambiente y la enfermedad pudiera ayudar a algunos en tanto son formas de reactivar el funcionamiento fantasmático que vela lo real. No obstante, consideramos oportuno destacar que para el sujeto angustiado es necesario implementar una escucha que trascienda lo asociado directamente con el VIH-SIDA e intervenir apuntando a la responsabilidad subjetiva, a lo particular del caso por caso para lograr no solo un alivio del sufrimiento, sino también un reconocimiento del sujeto en su particularidad que apunte a un saber hacer con su goce.

Bibliografía

Bayés, R (1995): SIDA y Psicología, Ed. Martínez Roca.
Lacan, Jacques: Seminario X en CD.
López, RM (1994): La angustia en la estructura del sujeto en Clínica Psicoanálitica “La angustia” Ed. Instituto del Campo Freudiano. Sección Clínica de Madrid.
Miller, Jacques-Alain (1998): El aparato de psicoanalizar. En  Estudios Psicoanáliticos, 4. Trauma y discurso. Eolia/Miguel Gómez Ediciones.
Miller, JA: A propósito de los afectos en la experiencia analítica.  Matemas II. Ed. Manantial.

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