Niño y familia hoy
Una reflexión dirigida al público
Laura Arciniegas S.
Psicoanalista. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP)
y de la Nueva Escuela Lacaniana (NEL-Bogotá)
Presentación
Día a día escuchamos de forma alarmante a través de los diferentes medios, el ritmo creciente de las diferentes manifestaciones del padecimiento del niño y el adolescente en nuestro contexto. Los temas sobre el maltrato, el abuso, la violencia, están a la orden del día. Lugar sobresaliente tienen ahora las problemáticas que hacen referencia a las dificultades en el aprendizaje, los llamados trastornos de la conducta, la hiperactividad, el llamado déficit de atención, la depresión, el suicidio de los niños y adolescentes. ¿Qué hacer frente a estos fenómenos en crecimiento? ¿Cómo actuar? ¿Qué proponer?
Para hacer frente a esta problemática de manera seria se hace necesaria una reflexión inicial: ¿Qué es un niño? ¿Cómo se constituye en sujeto? ¿Cómo entender su padecimiento? ¿Cuales son sus manifestaciones actuales? ¿A qué responde la proliferación actual (contemporánea) de sintomatologías con carácter casi epidémico?
A ello se anuda: ¿Qué es una familia? ¿Cuales sus funciones y sus transformaciones actuales? ¿Cuál su papel en la constitución del lazo social? ¿A qué responde la “crisis de autoridad”? Y finalmente, ¿cómo influye el contexto actual, el discurso capitalista, científico, técnico e “hipermoderno” en dicha forma de manifestación?
Es seguro que cada sociedad tiene maneras distintas de entender a los niños y de hablar de ellos. Dicha forma ha variado en el tiempo pues cada sociedad construye esa noción de infancia a partir de los ideales de la época que permiten a su vez construir las nociones de “normalidad” así como sus desviaciones, que en ocasiones dan en constituirse patologías. Es por ello que se hace necesaria una reflexión que permita no solo entender el asunto de la constitución del sujeto, sino las coordenadas actuales en que se da dicha constitución, dado que las transformaciones actuales (por el discurso de la ciencia, la tecnología, entre otras) traen aparejadas consecuencias para el sujeto mismo.
A pesar de las diferencias conceptuales, podemos convenir, que cuando hablamos de infancia se trata de un momento fundamental en que a partir de la relación con los otros se construyen los cimientos, las bases y las estructuras que posibilitarán a un sujeto, hacerse un lugar en el mundo y construir los lazos sociales que le permitirán interactuar con los demás más allá del ámbito familiar (íntimo, doméstico, inmediato) en que se han formado. Abordar esta construcción de la subjetividad, y analizar los efectos de las transformaciones actuales en el ámbito familiar y social nos permitirá adoptar una posición más critica y más clara frente a las problemáticas que aquejan hoy a los niños y adolescentes.
El contexto actual
Jacques Lacan, planteaba que el “psicoanalista debía estar a la altura de la subjetividad de su época”, es decir que debía poder responder al malestar y al sufrimiento que se manifiesta de manera particular en cada momento histórico. La forma en que hoy se manifiesta el malestar es diferente a épocas anteriores. No podría ser de otra forma, dado que el sujeto se constituye a partir del Otro.
Acerquémonos entonces a ubicar un poco esta época que algunos han dado en llamar “hipermoderna”. ¿Qué la caracteriza? Es una época en que los ideales no constituyen una perspectiva, y es una época en que la ética del esfuerzo se ha cambiado por la del placer. ¿Así las cosas, cómo mantener las coordenadas del vínculo social?
Alejandra Eidelberg, planteaba (en una reciente conferencia dictada en Ecuador a propósito de los nombres del malestar infantil de la época) que se ha operado un cambio de paradigma que se puede enunciar así: “hemos pasado del paradigma de la represión, a la época del “todo es posible”, todo está permitido”. Es la época del empuje a la libertad. Es una idea vigente la de pensar que se puede lograr todo lo que se desea. Es cierto que si la sociedad victoriana y sus ideales llevaban la marca de la represión del goce, hoy más bien se empuja a la libertad de gozar como sea. Incluso al extremo, no por casualidad el auge de ciertos deportes extremos, y de la cultura extrema. Es decir, al límite…. muchas veces de la muerte misma! Nada es imposible! Y por ende ¡todo es posible! Todo se puede decir, todo se puede mostrar, todo se puede hacer, todo se puede lograr.
En este todo es posible, la ciencia y la tecnología, han jugado un papel muy importante. Hoy podemos ver como matan o torturan en directo a otro, vía la pantalla, o podemos acceder a lo más privado, que ahora se ha vuelto público. Es como si cada vez más este límite se fuera perdiendo. La cultura de los realitys, y especialmente de algunos, nos lleva realmente a introducirnos en lo más íntimo de alguien. Millones de ojos siguen sus pasos, sus tropiezos, sus alcances, y esto sin el más mínimo pudor.
Eidelberg plantea también como se anudan a lo anterior el imperativo de ser feliz. Todo lo que pueda producir malestar debe ser suprimido (debe ser modelado, extirpado, cortado, operado o implantado). Nada que produzca demasiado esfuerzo o trabajo, se busca lo fácil, lo rápido, lo eficaz. El tiempo rápido en el que a todo se puede acceder. Es el tiempo de lo inmediato en el que todo empuja al acto, no hay el tiempo para pensar, hay que actuar, mucho menos lo hay para comprender y menos aún para concluir. Los objetos “gadgets” son en esta dinámica y en esta lógica un buen señuelo para pensar que tenemos lo que deseamos. Son los objetos de consumo, que la tecnociencia capitalista produce y ofrece sin medida, en ciclos casi frenéticos. El aparato de hoy mañana ya es obsoleto, hay que desecharlo. No sirve, está pasado de moda. Objetos inútiles. Es el tiempo para algunos de: ¡lo quiero, lo tengo!
Jacques-Alain Miller, en un texto titulado “La era del hombre sin atributos”, toma en consideración lo profético del libro de Robert Musil, su novela “El hombre sin atributos” y realiza una arqueología de la época actual a partir del reinado de un significante que es la cifra. Nuestra época se caracteriza por la dominación de las imágenes, es un tiempo marcado por la contabilización del sujeto: la cuantificación, el control, el registro, la estadística, la vigilancia, la prevención y el miedo. Es una época donde el sujeto pierde la cualidad y reina su cuantificación. En eso desaparece lo único, lo propio, y se reemplaza por lo típico, lo común. Es eso lo que lleva a la práctica del cuestionario y la casilla por marcar. Se trata ahora del hombre cuantitativo.
¿De qué es efecto toda esta transformación?
El avance del discurso de la ciencia ha transformado todo y ha subvertido el orden social de las tradiciones. La ciencia nos propone una perspectiva universalizable, formulas válidas para todo el mundo, con la consecuente tendencia a homogenizar y a segregar.
El discurso capitalista con su imperativo de rentabilidad financiera en que el dinero rige como forma ideal, encuentra en esto un punto de anclaje. Y la democracia, en lo que antes nombramos como el paso de una sociedad autoritaria y disciplinaria marcada por la ley y la interdicción a una sociedad marcada por la democracia y la igualdad. Una igualdad que si bien tiene sus beneficios en muchos aspectos, trae otras complicaciones. La familia es uno de los escenarios donde ello se puede palpar. La autoridad de padre ya no prevalece, y prima más bien una igualdad de funciones padre y madre. Paralelo a eso, un movimiento paradójico respecto de los hijos, pues en tanto sujetos de derecho, tienen derecho a todo, y por ende todo es reclamado y es exigido. Se diluye cada vez más el ordenamiento simbólico que posibilita lugares diferenciales. De otra parte el lugar del hijo, queda también particularmente orientado hacia el lugar del objeto de satisfacción y por que no, de disputa, cuando llega la separación.
Un cierto rechazo a la diferencia hombre -mujer, es parte del nuevo escenario. La diferencia sexual, no se asocia hoy al matrimonio, y además de eso la consecuencia de la reproducción otrora ubicado en la idea de familia tradicional, hoy se puede hacer por otras vías, producto del avance de la ciencia. Todo un ordenamiento que no se fundamenta en la diferencia. Todo el sistema de parentesco se encuentra transformado, y en lugar de la diferencia sexual aparece la mismidad y la equivalencia.
Todos estos discursos: el de la ciencia, la tecnología, el capitalismo, la democracia, que sin duda tienen su parte muy positiva han traído también serias consecuencias. Hay otra cara del asunto.
La tesis
En este panorama ¿qué podemos constatar? Hay que decir que en esto coincidimos varias disciplinas, a partir de diferentes estudios sociológicos. Lo que constatamos es una crisis de autoridad, o como solemos nombrarlo, una declinación de la función paterna.
La tesis es que esa decadencia, afecta los lazos sociales, que ahora resultan comandados por el discurso de la ciencia y del mercado. Todas las formas de autoridad están en crisis: (ejercidas por el padre y sus representantes: el profesor, el médico, el sacerdote, el jefe.) La crisis de autoridad, crisis de la función paterna, de la que se habla como un nuevo síntoma de la civilización, “procede esencialmente de la mutación del Nombre del Padre, fundamento de las referencias de estructura que son adquiridas por el niño en los primeros años de su maduración”.” El período actual está caracterizado por una puesta en cuestión profunda de esas referencias”. Nos plantea Laurie Naveau en su texto ¿Qué autoridad hoy?. Si la figura del padre declina es porque todas las formas tradicionales de autoridad están en crisis. La causa que se aduce no es otra, nos plantea por su parte Leonardo Gorostiza en su texto “Autoridad”: “el dinamismo imparable de la globalización que nos arroja a esta sociedad del riesgo y de la contingencia, transformando el nucleo familiar, la intimidad de los sujetos y su relación con la autoridad”. El avance de la ciencia ha producido una profunda subversión del orden social sostenido en la tradición por cuanto la perspectiva universalizable de la ciencia se opone al particularismo de las comunidades tradicionales.
Esta es la paradoja: la ciencia y el progreso tecnológico al tiempo que producen grandes beneficios, conducen al sujeto hacia el desamparo y la soledad. Ante el desfallecimiento de esa autoridad lo que encontramos es, o bien el autoritarismo, o bien el todo es posible! Esta es la otra cara del asunto que no se puede desconocer y con lo que a diario tenemos que vérnosla.
La función paterna
Y ¿qué es la Función Paterna? Como su nombre lo indica, más que una figura, se trata de una función reguladora.¿Que regula? El deseo, la pulsión. Anuda el deseo a la ley. Para el psicoanálisis, lo que llamamos padre, refiere a un operador (que bien puede ser agenciado por uno u otro) una función que permite se realicen operaciones indispensables para el sujeto en su constitución como ser hablante. L. Naveau lo plantea así en el texto antes mencionado: “ tres funciones fundan la estructuración del sujeto que pasa por la adquisición de la lengua, es decir, por eso que llamamos el uso de lo simbólico:
Primer función…una función de separación…donde un niño pequeño capta que no está a solas con su madre.
Segunda función, una función de interdicción. Padre es aquel que por su sola presencia, por su misma existencia dice no. Aquel que prohíbe la madre al niño, y que priva a la madre de su hijo, a condición, no obstante, de que de él, de la palabra de él, la madre haga caso.
Tercer punto, la función así llamada de permiso. Padre es aquel que dice sí y aquel que autoriza el saber, el acceso al saber, que provoca el deseo de saber que abre el acceso a la promesa futura de eso que el niño encontrará más tarde en su existencia.”
Esa función simbólica del padre que permite anclajes identificatorios, ideales, regulación de modos de satisfacción, barreras, límites es lo que finalmente llamamos la articulación del deseo a la ley. Y sabemos de la necesidad de esa instancia para posibilitar el deseo, que se anuda justamente a la falta. Porque se desea lo que no se tiene y es necesario mantener esa imposibilidad, porque es eso lo que mueve la vida y lo que lleva a la invención. Esa falta moviliza, anuda, hace lazo.
Decimos entonces que el papel del padre es un asunto de discurso. Por el lugar que el ocupa en el discurso, llega a sustituir a la madre, para devenir un objeto de identificación en la subjetividad del hijo, en tanto que la madre había sido para el hijo un objeto de satisfacción. Es en esto que deviene el triangulo edípico, y es el sentido preciso de un fenómeno de discurso y no de una triada real. Es el NO el que permite luego el SI. El niño tiene una relación singular y estructural con la pareja de sus padres. El padre de un niño es aquel que cuenta para su madre y se ocupa de ella. El niño ocupa un cierto lugar relativo respecto a la pareja parental. Es a la luz de esto que los avatares de la historia de un niño cobran toda su importancia. Esto está en el origen también de diversos trastornos y formas sintomáticas. No podemos dejar de lado este asunto por cuanto eso que llamamos Edipo y castración con Freud o metáfora paterna con Lacan son el fundamento de la constitución de la realidad en el niño. Y es esto lo que determina la particularidad de una manifestación sintomática de un niño, que aunque se parezca a otra, nunca será exactamente igual.
La familia, es pues un asunto esencial. ¿A qué llamamos familia? la familia humana, es una institución que ha tenido cambios a lo largo de la historia, es una estructura de relaciones simbólicas que no siempre se superponen ni coinciden con las de la familia biológica. La estructura simbólica –el lenguaje- la ha desnaturalizado. No hay nada natural en la familia. La semejanza que hoy se observa con la familia biológica es una semejanza contingente. La adopción es un buen ejemplo de ello y nos muestra la condición profundamente desnaturalizada de las estructuras familiares. Familias monoparentales, homoparentales, etc., son otro ejemplo.
Un tejido de relaciones, simbólicas, un complejo nudo de funciones, cuyos efectos tienen relación directa con el lazo social que un sujeto construye en la vida. Un lugar de constitución subjetiva, donde se vehiculiza la relación de un sujeto con el otro y por ende la relación del sujeto con lo social. Lo que humaniza a un ser vivo.
El niño se humaniza en la familia en la medida que tiene lugar la separación entre el sujeto del deseo y el organismo vivo, lo que hace que no se confundan las funciones del padre y de la madre con los genitores padre y madre biológicos. La función de la madre se define por la marca de un interés particularizado en sus cuidados al niño. La del padre por su nombre, rector de la encarnación de la ley y el deseo.
No existe entonces La Familia, sino una diversidad y multiplicidad de sistemas familiares. No hay un modelo ideal de familia. Se trata más bien de ahondar en la diversidad de formas que se ponen de manifiesto en las crisis para deducir la estructura de la familia independiente de sus formas y contingencias particulares en una época o lugar determinados.
En ese lugar de humanización el niño tendrá que armarse su respuesta propia ante la perdida de lo natural, por la entrada en lo simbólico. La no complementariedad entre los sexos, el trauma fundamental por el que todo ser humano ha de pasar. La respuesta a eso es el síntoma. Es la invención de cada uno, la solución que cada uno ha de encontrar para vérselas con eso.
La propuesta psicoanalítica
Es por esto que ante este panorama complejo, los psicoanalistas planteamos un punto de resistencia, para decir, algo, pero sobretodo para responder de otra forma al malestar. La respuesta que llamamos ética del psicoanálisis pretende hacer al sujeto participe de la solución del problema, pero a partir de un trabajo que rescate su particularidad, su historia. El síntoma de un sujeto, es la manifestación de lo que falla, pero es la respuesta que cada uno ha logrado armar ante la cuestión que todo ser humano ha de afrontar, el modo en que cada ser humano responde a lo traumático de la perdida de lo natural, que implica la no complementariedad del sujeto y el objeto, de los sexos.
Esa función necesaria del síntoma es lo más particular y singular de cada uno.
Por eso el psicoanálisis atiende el modo singular del sufrimiento, porque en cada uno se produce, síntomas, excesos, conflictos que no pueden ser homologables unos a otros. Es un espacio para dar lugar a la particularidad de los excesos, desvíos, horrores, para que alguien avance en la búsqueda de un empuje vivaz que oriente sus decisiones, sus actos, sus pensamientos, aliviándose en el camino del sufrimiento y la mortificación. No se propician modelos, ni se le da la receta al otro, para decirle como tiene que actuar, porque es un trabajo que permite y aboga por la responsabilidad del sujeto.
La victimización, se vuelve solidaria de la exclusión de la implicación en el síntoma y de la consideración de una causalidad subjetiva. No se trata de reducir el malestar al silencio, sino de hacerlo hablar y no de cualquier manera, de hacerse escuchar, para elaborar una respuesta a cada demanda, pues aunque cada afección implica un cuadro clínico, supone un uso particular del mismo. Hay en juego en el trabajo analítico la eficacia de un principio ético que no victimiza ni clasifica, sino que apela a la responsabilidad de cada uno en el padecer que le es propio.
Tenemos pues aquí todo un campo a operar con una brújula: la del síntoma. La de ubicar que por esa vía el sujeto dice algo que no ha sido posible decirse de otra forma. Operar sobre ese malestar, tenerlo en cuenta, rescatar esa particularidad, cada vez más perdida, más sofocada, se hace necesario.
Tenemos aquí toda una prueba y todo un reto. Desde las instituciones que trabajan en el campo educativo, en el de las instituciones que atienden los abusos y maltratos. No es por la vía de la victimización que podremos rescatar al sujeto, es por la vía de la invención y la construcción, pero también de la rectificación y del deseo. Cómo ejercer la autoridad hoy? Es claro que educar no es domesticar, y que tampoco se trata de añorar hoy los viejos tiempos y hacer todo para volver a ellos. Tampoco de afligirnos por la declinación de una función. Se trata de estar a la altura de la época, de detenerse a pensar en ella, aún en el tiempo de la prisa, a retardar ciertos procesos, porque en esas vueltas surgen nuevos retos.
Bibliografía
Eidelberg Alejandra. “La hiperactividad: un malestar –infantil- de la época” Conferencia dictada en la Nel Guayaquil y en la Universidad estatal de Cuenca, Ecuador, Dic.2006.
Miller, Jacques-Alain. “La era del hombre sin atributos” En Virtualia No. 15 (Julio- agosto de 2006) Revista Digital de la Escuela de la Orientación Lacacaniana.
Naveau, Laurie. ¿Qué autoridad hoy? Más allá de los complejos familiares, el malestar en la cultura. En Psicoanálisis con niños, Grama Ediciones. 2005
Gorostiza, Leonardo. “Autoridad” en Silicet de Los Nombres del Padre. Textos preparatorios para el Congreso de Roma 2006.