Del nacimiento del Otro al nacimiento del objeto a:
Consideraciones sobre una transferencia posible en la clínica psicoanalítica con autistas (1)
Lyda González
Psicoanalista. Asociada a la NEL-Medellín
La clínica psicoanalítica no ha retrocedido al proponer un tratamiento posible para el autismo, y exige al analista sostener una revisión permanente de los conceptos que enriquecen esta práctica.
En esta ocasión, se tomará el concepto de la transferencia, gestado y desarrollado en relación con el tratamiento de las neurosis,para esclarecer el problema que plantea la posibilidad de instaurar una relación transferencial en el autismo.
En particular, se abordará el trabajo de Rosine y Robert Lefort, a partir de una lectura del caso Marie-Françoise descrito en El Nacimiento del Otro (2), obra que se considera de referencia necesaria en el contexto de la clínica psicoanalítica lacaniana con niños autistas, y el punto de partida para examinar muchos de los conceptos que conciernen a la teoría psicoanalítica.
El análisis de la niña Marie-Françoise, autista célebre, orienta al lector en el camino que ella misma recorre hacia un cambio de posición en cuanto a su relación con el Otro, atravesando diferentes momentos en los cuales su analista, Rosine Lefort, señala la emergencia de un vínculo cada vez más humanizado entre ella y su paciente.
Así, Marie-Françoise se mueve de la ausencia de contacto con su entorno, de su mirada vacía y demencial, de su mutismo y su balanceo estereotipado, de sus estallidos violentos y estridentes, de la ausencia absoluta del Otro, a una relación en la cual su mirada se humaniza, sus palabras emergen y finalmente se inaugura un llamado al Otro, sobre quien logra inscribirse una pérdida.
Si bien no es posible anticipar un final para la cura de esta niña autista, es evidente que el tratamiento la lleva hasta el umbral desde donde habrá de continuar habitando un mundo incierto, pero ordenado ahora por la existencia de un Otro al cual puede dirigir una demanda pulsional.
Ahora bien, a lo largo de este proceso, Rosine Lefort no deja de señalar la dificultad que implica nombrar como transferencia la relación que se establece entre Marie-Françoise y su analista puesto que, en el autismo, el Otro es en sí mismo una ausencia real, que no ha sido agujereada por la pérdida del objeto, y por tanto no puede acoger la demanda del sujeto. Ella plantea el asunto con estas palabras:
Lo que aquí está en cuestión es la transferencia y el lugar del analista: como medio de restitución ad integrum del cuerpo en lo Real –primera parte del proceso de cura en la psicosis– o como testigo de una pérdida: proceso significante […] Es preciso, pues, que la pérdida no sea sólo la del sujeto, porque entonces estamos en lo Real; es preciso que pase por el Otro, que en un solo movimiento la inscribe en el lugar del significante y en cuanto tal es afectado por él. La ausencia real del Otro para Marie-Françoise le impide afectar al Otro con una pérdida, que es el efecto de la inscripción de lo Real en el significante en el sitio del Otro. El Otro realmente ausente no puede advenir a ese sitio. (3)
La descripción del caso Marie-Françoise se despliega sin reservas dando cuenta de las consecuencias que se imponen cuando el acceso al mundo de los significantes representa un imposible. La “ausencia real del Otro” deja al niño autista en una posición insondable, por fuera del circuito de la demanda del Otro, de tal manera que no puede pensarse siquiera en la presencia allí de un sujeto.
Rosine Lefort considera lo problemático que es hablar de la transferencia en la cura de Marie-Françoise si se tiene como premisa la ausencia real del Otro en el autismo y, en consecuencia, la no mediación del objeto a. Sin el objeto medio de satisfacción pulsional que aporta el Otro, el autista queda a merced de un empuje destructivo volcado sobre la figura del analista en calidad de doble, esto es, como un objeto en lo real.
Sin embargo, la relación entre Marie-Françoise y su analista no conserva para siempre la misma forma. Desde muy temprano en la descripción del tratamiento, se observa una inquietud en Rosine Lefort con respecto a las razones desconocidas por las cuales la relación de la niña con la ausencia real del Otro comienza a mostrar ciertas variaciones, y en ello la analista advierte una llamativa paradoja:
Soy uno de los objetos reales, a quien ella ha otorgado privilegios sólo a nivel muscular, a través de las bofetadas. En todo caso, cabría decir que es lo que se manifiesta en las sesiones; pero ha de haber un más allá para que por una parte a ella le importe tanto venir a las sesiones, hasta el punto de que a veces manifiesta precipitación y cierta alegría, con una mímica más vivaz, y para que por otra, según se me informa, el efecto de las sesiones se traduzca en un cambio en su vida institucional, cambio muy ostensible tanto frente a los adultos como a los niños. (4)
Como ésta, otras circunstancias constatan un vínculo “menos autístico” (5) entre Marie-Françoise y su analista, quien continúa describiéndolo así:
En el curso de esta sesión vendrá a mí tres veces, en busca de mi contacto y mi calor. Además, en cada oportunidad da un paso adelante en el establecimiento de ese contacto. Percibo una emoción real y una confianza que distienden su mirada, hasta hacerla muy atenta y muy profunda. Es la gran novedad de esta sesión. (6)
Estos episodios a lo largo del caso permiten considerar la transferencia como fenómeno clínico en el tratamiento con autistas. Pero, para saber si estos dan cuenta de la instauración de una legítima relación transferencial, es necesario traer a la discusión algunos elementos que constituyen este concepto.
Para Freud, la transferencia es el acto que hace operar la compulsión de repetición, siendo ésta el mecanismo pulsional que fundamenta su existencia. Sin embargo, de manera paradójica, la compulsión de repetición se manifiesta como un obstáculo para el tratamiento, como una tendencia a la destrucción del vínculo analítico, al revivir un exceso no tramitado de excitación pulsional vivenciado como traumático en la infancia. Pero este empuje a repetir lo displacentero en sí mismo tiene una función: ligar esta excitación a través de la emergencia de la estructura de la angustia.
La transferencia también pone en acto la potencia de investir libidinalmente al analista como objeto imaginario, sustituto de los objetos de la fantasía inconciente. Es así como esta neurosis artificial entra en escena como un producto nuevo del análisis, en el cual la posición privilegiada del analista le permite maniobrar con la transferencia y hacer del empuje de la pulsión el motor de la cura.
Ahora bien, entre estos dos aspectos de la transferencia es posible establecer una lógica que los articula: cuando la transferencia se presta como escenario para la investidura del analista como objeto, ofrece al sujeto una forma diferente de la angustia para tramitar el exceso de excitación pulsional.
La puesta en relación de los conceptos de la transferenciay lapulsión, destaca el papel fundamental de la función del objeto, llevando a considerar los aportes de la enseñanza de Lacan en este campo.
Para Lacan, el objeto a cobra especial importancia como el término que ordena los elementos comprometidos en el circuito de la pulsión; entendida, esencialmente, como un empuje constante que emerge de la zona erógena localizada en el organismo, bordea el objeto a, y regresa a su fuente trazando un recorrido circular.
Lacan es claro en afirmar que el objeto a no es equiparable al de la necesidad. Su particularidad lo diferencia radicalmente: es un medio para la satisfacción de la pulsión, sólo bajo la condición de ser un objeto faltante, un agujero cuyo contorno se dibuja en el trayecto pulsional. Por el contrario, el objeto de la necesidad es único y debe estar presente para producir la satisfacción.
Ahora bien, la estructura de la pulsión toma consistencia sólo a partir de la intervención del Otro, como el campo en el cual el ser viviente deviene un sujeto, al extraer de allí su objeto a. Así, se entiende por qué Lacan hace intervenir la función del Otro, sin la cual no se puede pensar el circuito de la pulsión.
La articulación entre la pulsión, el objeto a, el Otro y el sujeto, permite introducir el problema de la transferencia a partir de su definición como la puesta en acto de la estructura pulsional, de gran utilidad al pensar el problema específico de la transferencia en la intervención con el autismo.
En tanto que la pulsión es el vínculo más arcaico entre el sujeto y el Otro, a través del objeto a, podría afirmarse que la transferencia se instaura en la clínica con el autismo si el analista, aún si encarna al Otro real, adopta una posición en falta que permite la extracción de un objeto medio de satisfacción para el goce deslocalizado que invade al autista. Así, la transferencia estaría al servicio de la construcción de una estructura pulsional, dando lugar también a la emergencia de un sujeto.
Con los aportes teóricos de Freud y de Lacan, es posible ahora volver al caso de Marie-Françoise para mirar cómo se construye el objeto de la pulsión. Esto se observa a partir del trabajo que la niña hace con las gafas de su analista, objeto privilegiado desde el principio hasta el final del tratamiento. Un ejemplo de ello se puede leer así:
[Mis gafas] en última instancia podrían desempeñar la función de un objeto que ella quisiera sacarme, lo que haría de ese objeto un significante […] Marie-Françoise nos lo dice cuando me muestra mis gafas, las golpea, las arroja y las abandona para apoderarse del muñeco, ponerlo contra su ojo y ponerse a rugir contra mí: es como si por un breve instante hubiera percibido que con mis gafas me hizo perder algo, pérdida que es también suya, y cuya responsabilidad me imputaría, al tiempo que la niega radicalmente, rellenándola mediante el muñeco que coloca contra su ojo. El muñeco es lo Real, es su doble que la defiende contra el significante del objeto de mi cuerpo. (7)
Situaciones como ésta demuestran que el autista puede establecer una relación diferente con los objetos, más allá del plano de los objetos reales que se mueven en el orden de la necesidad. Las gafas se constituyen en el objeto a través del cual Marie-Françoise inicia un movimiento en la vía de agujerearel cuerpo de la analista como Otro real, hasta el punto de elevar el objeto gafas a la categoría de un significante.
Sólo después de este acontecimiento, instaurado como forma de relación entre Marie-Françoise y su analista en la rutina de las sesiones, Rosine Lefort puede afirmar, con respecto a su paciente, el advenimiento de la mirada. Lo dice de esta manera:
En dos oportunidades repite una escena en la cual fija mucho tiempo la mirada […] La primera vez que lo hace advierto que no se aísla de mi presencia, sino que expresa su resentimiento con una mirada distante y fría que desvía de mí; es decir que de modo inequívoco a través de su mirada me convierte en ausente en mi presencia. (8)
Es así como Marie-Françoise logra dirigirse a su analista con la mirada, luego lo hará con las palabras, emitiendo un llamado, o extendiendo sus brazos hacia el otro, sin poner en juego la destrucción propia o del doble. Además, es clara la mejoría en la manera como la niña se relaciona con los otros al final de su tratamiento, mostrando la posibilidad de establecer con el Otro un contacto menos invasivo y más estabilizado.
La extracción de un objeto del campo del Otro real, esto es, la producción un agujero, facilita la instauración de la transferencia. Como se ha dicho, la existencia de un objeto medio de satisfacción pulsional, separable del Otro, es lo que permite hablar de un Otro para la transferencia, con el cual el sujeto puede relacionarse a través de los objetos.
A diferencia de la clínica con las neurosis, la posición del analista frente a su paciente autista no es la de semblar un objeto a, sino la de mostrarse en falta para permitir la extracción del objeto, tomado de su cuerpo en lo real. Así, Marie-Françoise se mueve de la ausencia real del Otro hacia el nacimiento del Otro de la pérdida; y apoyada en el cuerpo que Rosine Lefort le presta, se produce el nacimiento de un objeto a, lamirada.
Entonces, mientras la transferencia pone en acto la estructura de la pulsión en la neurosis; en el autismo, la transferencia consiste precisamente en la creación de esta estructura.
La transferencia, como concepto aplicable a la clínica psicoanalítica del autismo, sería pensada en una vía inversa. La posibilidad de verificar los efectos del psicoanálisis en la clínica con autistas permite, a su vez, observar que la transferencia como fenómeno clínico es el acto que funda, en el autista, la potencia de crear un objeto medio de satisfacción para la pulsión.
La relación del autista con el objeto no se limita a la instrumentalización de un objeto real, con el cual se estabiliza en tanto que dicho objeto se sostiene como continuidad orgánica. El autista logra ingresar en el circuito de la pulsión, para lo cual es necesario que extraiga un objeto del cuerpo real del Otro, haciendo existir a este Otro en tanto puede ser inscrita una pérdida en él, un agujero.
Entonces, en lugar de una salida del autismo, se hablaría de la creación de un sinthome por la vía de la construcción de una estructura pulsional. En otras palabras, por medio de la instauración de la transferencia, adviene el nacimiento de un objeto a con el cual el sujeto autista puede tramitar su relación con el mundo.
Medellín, julio 27 de 2007
Notas:
(1).- Esta elaboración hace parte de un trabajo investigativo en desarrollo, adelantado por el autor en el marco de la Maestría en Investigación Psicoanalítica de la Universidad de Antioquia (Medellín- Colombia).
(2).- Rosine y Robert Lefort, El Nacimiento del Otro, Buenos Aires, Paidós, 1983.
(3).- Ibíd., p. 320.
(4).- Ibíd., p. 305.
(5).- Ibíd., p. 311.
(6).- Ibíd., p. 323.
(7).- Ibíd., p. 317.
(8).- Ibíd., p. 344.
Referencias bibliográficas
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________, Puntualizaciones sobre el amor de transferencia (1915), en: Obras Completas, vol. XII, Buenos Aires, Amorrortu, 1976.
________, Recordar, repetir y reelaborar (1914), en: Obras Completas, vol. XII, Buenos Aires, Amorrortu, 1976.
________, Sobre la dinámica de la transferencia (1912), en: Obras Completas, vol. XII, Buenos Aires, Amorrortu, 1976.
Lacan, Jacques, Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964), Buenos Aires, Paidós, 1987.
Laurent, Eric, Hay un fin de análisis para los niños, 2 ed, Buenos Aires, Colección Diva, 2003.
Lefort, Rosine y Robert, A, a, S1, S2, cuerpo, como determinantes en la transferencia, en: Analectas (Publicación de la Asociación del Campo Freudiano de Colombia), Medellín, # 1, agosto 1995.
________, A propósito del autismo, en: Carretel Nº 3, Diagonal Hispanohablante de la Nueva Red Cereda, Madrid, julio de 2000.
________, El autismo, especificidad, en: El síntoma charlatán, Buenos Aires, Paidós, 1998.
________, El Nacimiento del Otro, dos psicoanálisis: Nadia (13 meses) y Marie Françoise (30 meses), España, Paidós, 1983.
MALEVAL, Jean-Claude. “Plutôt verbeux” Les autistes, en: Ornicar? Digital Nº 299. Junio 26 de 2007.