El deseo del analista y el autismo
Comentarios al caso Marie Francoise, de Rsinne Lfort
José Fernando Velásquez
Psicoanalista. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y de
La Nueva Escuela Lacaniana (NEL-Medellín)
Introducción
Hay un viraje lacaniano en el abordaje de las psicosis y el autismo, que es fundamental a mi criterio, y el cual tiene consecuencias clínicas importantes. Este puede considerarse desde la dimensión Real del objeto que puede encarnar un niño para Otro que goza, el cual puede ser su madre, una institución, etc. Si hay sujetos autistas es precisamente porque ocupan y se realizan como objeto real, hecho que no permite el acceso a la representación fundamental y, por consiguiente, acceder a la lengua ni al deseo metaforizado. La tarea del analista debe ser, hacer excepción a ello.
Lacan propuso ir más allá de la concepción de la “Teoría de la Relación de Objeto”, señalando que no es la relación del niño a la madre la que está en juego, sino la relación del niño como objeto de ese goce Otro de la posición femenina (1), ese goce que escapa al significante fálico, y por consiguiente al sentido; el niño encarnando el objeto de ese goce femenino sin norma ni ley, que puede reproducirse al momento en el que aparece una voluntad de querer ayudar, cuidar, resolver, sanar, etc. Es de esto que nos tenemos que cuidar como psicoanalistas cuando operamos con niños, donde el maternaje se convierte en el pecado original del psicoanálisis con niños y más si ellos son psicóticos (2). Entonces la cuestión fundamental que se plantea como viraje a nivel de la intervención, a partir de los aportes de Lacan, es saber en qué condiciones el deseo del analista, ofrecerá al niño sicótico, autista, o neurótico, la posibilidad de acceder a la subjetivación de su propio ser de goce. La transferencia, es decir, la posición del analista respecto a ese goce Otro, será el componente estructural y estructurante en el psicoanálisis con niños.
En el Campo Freudiano, Rosine Lefort estuvo a la vanguardia de esta posición llevándola a la práctica, luego trasmitida y enseñada a otros analistas a partir de su propio trabajo clínico sistematizado con su esposo Robert Lefort, y luego difundido en varios de sus textos. El más valioso según mi criterio, es el de El nacimiento del Otro (3), donde presenta las curas de dos niñas de estructura diferente. En esta ocasión voy a trabajar sobre el caso de Marie Francoise. De este trabajo psicoanalítico, pionero en su campo, pueden extraerse la mayoría de enseñanzas que posteriormente fueron sistematizadas y formuladas por otros analistas que trabajan con psicosis y autismo en niños.
El deseo del psicoanalista y el niño autista en el caso Mrie Fancoise
Rosine Lefort nos testimonia en el caso de Marie Francoise, cómo es que opera el Psicoanalista. Hay que advertir que esta cura tiene lugar en los años 50. Marie Francoise fue abandonada a los dos meses de vida. Hasta los 10 meses estuvo en la casa cuna; tuvo muchas hospitalizaciones, inclusive por períodos de tres y cuatro meses. A los dos años llega a la institución "Parent de Rosan" donde la trataría la Sra. Lefort. Cuando la ve por primera vez tenía treinta meses, y venía con diagnósticos de Esquizofrenia infantil o Autismo.
Voy a puntuar la presentación del caso en varios tiempos, para así hacer los comentarios.
Marie Francoise es una niña que presenta múltiples dificultades. Durante las primeras sesiones frecuentemente se produce un estado de agitación en la niña que es desencadenado por la imposibilidad de demandar al Otro: presenta convulsiones, crisis de agitación, auto y hetero agresión y un furor sin límite, para luego dejarse caer. A pesar del sufrimiento intolerable por la imposibilidad de demandar al Otro, la Sra. Lefort no la considera “enferma”, “incapacitada” o ‘invalida’ y esto es aprendido de la enseñanza de Lacan: tomar al sujeto del goce en su libertad, y no al sujeto de la necesidad.
Para Michel Silvestre (4), como para otros autores una de las dimensiones problemáticas en la cura analítica con autistas y psicóticos tiene que ver precisamente con que el ser de ese niño se brinda al goce del terapeuta; como no existe el objeto extraído, hay un empuje a padecer los efectos de ser un objeto, “la cosa” que se realiza para el Otro. Así es que se nos presenta en la cura; y el analista si no se aparta de ese lugar, queda sumado al territorio del Otro que goza, del Otro que vocifera, que mira, que paraliza o inhibe, que persigue e impone normas. En el Discurso de clausura de las Jornadas del niño alienado, Lacan indica al analista que debe oponerse a que el niño responda al objeto a, porque el niño sicótico representa ese objeto con su cuerpo (5). Esto es, que el niño sea llevado, cargado, cambiado, alimentado, protegido, al menos dentro del consultorio. El analista por su propia experiencia analítica, debe temperar el activismo de los que se consagran a curar a los psicóticos. Dice la Sra. Lefort: "Mi situación de analizada determinó que yo fuera sensible a una brecha que se abría para estas niñas tanto como para mí. Más allá de toda confrontación maternal, pude establecer y mantener mi interpretación en el nivel de la carencia, y nunca en el nivel del objeto".
El analista hace excepción, no hace parte de ese Otro que goza del objeto “niño autista” (la institución de asistencia en este caso) y con ello provoca una discontinuidad en la manera como procede y responde el goce del niño. Por ejemplo, en la tercer sesión Rosinne Lefort se propuso sostener un No a ser quién le da comida o la cambia. "Ella que padece bulimia y que se muere de ganas de comer ese arroz con leche, no puede hacerlo y su angustia no se hace esperar. Se mantiene de pie ante el plato, devorándolo con los ojos, cerca de su rostro, sus manos crispadas sobre el borde de la mesa, y hace ruidos de succión muy sonoros". Vuelve la mirada a la Sra. Lefort con los ojos extraviados y un grito de auxilio. Su tensión es grande, casi tiene una crisis convulsiva: "Esta crisis gana todo su rostro que levanta hacia el techo con los párpados cerrados, la boca abierta sobre un grito que no sale". La analista no acude ni se anticipa, espera una demanda activa y sin ambigüedades. He ahí una respuesta específica de la analista con su deseo, a un supuesto parletre al que hay que hacer emerger con la maniobra. “Si yo le obedeciera al deseo ambivalente de darle comida, no haría corte entre ella y yo……. Los progresos de la niña son interpretados a partir de esta negativa. “Marie Francoise da un paso pero puede darlo porque rehusé la trampa, la de ocupar el sitio del adulto que le proporciona comida sin que ella la pida; lo que la dejaba hundirse en un total desinvestimiento de la comida. Para que salga de esa inercia yo no debo ocupar el sitio del otro que le da de comer”.
Entonces el deseo del psicoanalista no puede sumarse a esas voluntades de protección, asistencia, sanación y curación, que aparecen cuando se trata de niños autistas y psicóticos porque niegan la lectura del sujeto como ser de goce. Para lograr que la deriva pulsional de lo Uno se manifieste, hay que desnaturalizar los actos, las posiciones, las palabras, los movimientos cotidianos, el encuadre, el consultorio en el encuentro con el parletre, que seguramente desconcertarían en otro contexto. Esto nos lo ejemplifica la Sra. Lefort en el inicio de este proceso, no hay consultorio, las sesiones iniciales se suceden al lado de la cuna, sin palabras, y solo con un mínimo de condiciones. Estas sesiones, en las que no hay palabras, con su inicio y su final, operan como una puntuación, sin elucubración de saber, pero si regulando el goce.
Para la Sra. Lefort rápidamente es evidente el consentimiento de la niña a las sesiones. Muchos de los gestos de alegría y de hostilidad le están dirigidos. Marie Francoise intenta producir en el Otro, que le encarna Rosine Lefort, un agujero por medio de varias maniobras bruscas y agresivas, que se acompañan de una reacción de angustia. “Mientras la saco de la cama se apodera de mis gafas, durante 5 minutos juega a arrojarlas y recogerlas, mirándome y lanzando gritos de tiempo en tiempo. Significa que somete a las gafas, parte de mí, a la suerte que quisiera hacerme correr; precisa esa intención tendiendo su mano hacia mí, la abre y la cierra con una breve llamada, como si quisiera atraparme. Inmediatamente después, arroja mis gafas con violencia”. Rosinne Lefort se ubica bajo el semblante de un Otro tachado, no todo, para que de allí surja el efecto de sujeto en la niña. “Ha adquirido una certeza muy sólida de mi pasividad; una cosa y otra le permiten vivir su mundo interior, en parte segura de mi no-intervención y en parte un poco protegida por mi presencia".
El analista no desconoce el agujero, lo valida, lo asume y lo expone constantemente como un campo “no todo” del cual surge el sujeto. Entonces, el autista como sujeto de pleno derecho, puede hacerse a un agujero y luego a un síntoma. La responsabilidad del analista frente a ese sujeto es política porque antepone a los ideales de normalidad comportamental, escolar, o social, ante las necesidades más apremiantes, antepone a todos ellos, el vacío fundamental que lo constituye.
La observación clínica que realiza la Sra. Lefort es detallada para alcanzar a localizar lo Real, el sustrato desnudo, la materia prima de la singularidad del ser que hay en Marie Francoise. Lo Real pudo circunscribirse a partir de localizar aquello que la determinaba y donde permanecía: los circuitos del objeto que agujerean la dimensión Real: la mirada, la voz, lo oral. Estos circuitos son el lugar del Uno, inaprensible por las vías de la comprensión, que acontecen y se presentan en acto, adviniendo de manera repetida, expresándose como algo que toca el cuerpo y le da un soporte, aunque el cifrado de goce no asegure la articulación al sentido. La mirada de Marie Francoise se circunscribe, entre el plato, la ventana, el bebé de caucho y la Sra. Lefort, acompañado de movimientos de mandíbula como si comiera. Mira a la analista, se calma al escuchar su voz o sentir su presencia.
Es fundamental en la enseñanza de los esposos Lefort, aquel paso inicial del proceso de cura, en el que el analista se presta para que el niño autista reproduzca en él mismo, un agujero en lo Real, paso inaugural de negativización para que exista el “hay”, corte sin el cual no habría nada (6). El autista puede advenir a partir de estar localizado en su materialidad real, y en sus respuestas e invenciones. Este trabajo lo realiza a través de las gafas de la Sra. Lefort, tirando de los cabellos, oprimiéndole un lunar, la nariz, el pómulo y el ojo. Si para todo sujeto es necesario producir una negativización del Otro, el autista la produce por la vía de lo Real. Es el analista el que advierte el movimiento que va sucediendo en la constitución del sujeto, y consiente a ella. No es difícil imaginar que un terapeuta no analista, trataría de rectificar o reprimir esa conducta del niño, lo que sería llevarlo al sometimiento.
A partir de esta extracción del objeto es que se producen los siguientes fenómenos.
El analista, nos enseña la Sra. Lefort, interpreta la presencia del “hay” del lado del niño, y el surgimiento del “hay semejante” donde potencialmente se instituirá todo lo que forma el lazo. Esta operación imaginaria es posible por el establecimiento de una simetría y una similitud vacías.
La Sra. Lefort tiene en cuenta la particularidad clínica del sujeto, la imposibilidad de la representación metafórica, y por ello, tolera que “el objeto no abandone el registro de lo Real”. Además se afirma en una pasividad como Otro para que el sujeto explore ese vacío. La niña no puede establecer el Uno de sí mismo, si no es representándose en un objeto, un “doble”, un muñeco, con el cual funda la identidad con ella misma. Es el deseo del analista el que le permite saber que es necesario el objeto real, para mirar directamente a la terapeuta, para demandar comida, y para explorarlo. Esto representa en lo imaginario que ya Marie Francoise se ha hecho a un cuerpo agujereado donde puede construir algo de la pulsión, a nivel oral, escópico y anal.
El trabajo del analista, su posición es lo que ha permitido que la lalangue aparezca anudando, tocando lo Real, y que el lenguaje aflore de lo Imaginario, así no siga los patrones de la lengua, de lo simbólico: Marie Francoise lanza una serie de palabras: “bebé”, “bibi”, “pipí”, “tete”, emite sonidos de reconocimiento ante la llegada de la Sra. Lefort, además de otras palabras como ”mamá”, “se fue”, “no está”, “tete”, “Bebé”, “mamá no”, “no quiero”, “pipí”. Llama la atención que cuando logra articular estos significantes y aproximarlos (aunque no en un lenguaje, en un discurso), le es posible realizar con éxito un trabajo que hasta ahora le era imposible, hacer una torre con las piezas de la vajilla, una sobre la otra.
Hasta ahí es el proceso interrumpido por el viaje que debe hacer la Sra. Lefort.
Otras observaciones
La Sra. Lefort no operó con un programa previo y bajo condiciones ideales, solamente tenía los principios que había aprendido de su propio análisis. La clínica del uno por uno no es un estándar, sino el principio de reinventar el análisis una y otra vez” (7). El acto analítico permitió separar al niño autista de la condición de objeto del Otro, así ello implicara la angustia con sus manifestaciones más bizarras, y de manera impar construir algo, propio de ese sujeto frente al vacío. Verificó el consentimiento de la niña a su presencia. La transferencia que pudo desplegarse estuvo en relación al deseo del analista: a cómo se situó frente a Marie Francoise para ser usada. La Sra. Lefort supo que ella estaba siendo incluida en la construcción que hacía la paciente, y lo soportó con una pasividad calculada, aunque las condiciones se pusieran difíciles para ella como analista. Fue esto lo que posibilitó hacer un despliegue del tratamiento del goce y una extensión de las posibilidades de la estructura.
De acuerdo a lo que hemos recorrido hasta ahora, el trabajo con la niña autista implicó ir más allá de las consideraciones asistenciales, frente a otras profesiones, y en una institución. Quedó demostrada la aplicación del psicoanálisis como algo posible, en un marco institucional, sin los estándares establecidos, con un sujeto de una edad tan corta, y además psicótica. Además, el acto de la Sra. Lefort fue más allá de los argumentos teóricos que se habían formulado hasta el momento, los cuales se basaban en la clínica del Edipo, en la teoría del falo, y en el trabajo por la vía del sentido; El acto psicoanalítico tuvo su esencia en no minimizar la dimensión Real. "Porque en el análisis se trata de dar cuenta de lo que ex-siste, de dar cuenta del goce” (8).
Las curas, que como ésta, dan consistencia al vacío en el lugar del objeto, producen una discontinuidad en lo Real y mayores posibilidades de un tratamiento en singular, de ese objeto que se intenta negativizar. La consistencia al vacío en la transferencia la da el analista cuando toma la posición de Otro barrado: presta su cuerpo, su presencia, su imagen, “manteniendo una posición que permita al sujeto tomar su lugar de sujeto”(9). Los efectos de la posición del analista en la cura y la localización del goce particular del sujeto, son borromeos y por ello se extienden simultáneamente en direcciones diversas, podemos observar que el efecto generado se expande y consolida en los diferentes registros o moradas del ser diciente, lalengua, el cuerpo y el goce. Marie Francoise consiente a una relación hasta el momento inédita, a la imagen propia y del otro semejante. Los objetos ya tienen límites, y tienen la posibilidad de ir, volver, y construir. Tiene aproximaciones menos bruscas. Comienza a articular palabras y se enriquece su vocabulario. Arma nuevos circuitos. Puede entrar en una dimensión de demandar, no de imponer; ya hay un corte, hay el límite y hay un goce más regulado.
Por último, 50 años antes de establecido el Programa Internacional de Investigación del Psicoanálisis Aplicado de Orientación Lacaniana (PIPOL), encontramos en el caso de Marie Francoise, la novedad que la Sra. Lefort legó con su testimonio: El psicoanálisis aplicado a la terapéutica en un caso de autismo no se atiene al encuadre sino a los principios, los efectos terapéuticos rápidos, el modo de intervención del psicoanálisis de orientación lacaniana en la institución, cómo evade la masificación del sujeto permitiendo inscribirlo en el Otro institucional con la singularidad propia; y la manera de ordenar los resultados y asegurar la verificación en el après-coup, con las formulaciones teóricas para asegurar la transmisión.
Notas:
(1).- Lacan, Jacques. Seminario Aún. Pág. 96
(2).- Solano, Estela. Herminia, Anna. Melanie y los niños en la transferencia. En: Disparatorio. Revista Colombiana de Psicoanálisis. Febrero 1993. No. 4.
(3).- Lefort, Rosinne y Robert. El nacimiento del Otro. Editorial Paidós. Barcelona. 1983.
(4).- Silvestre, Michel. Transferencia e interpretación en las psicosis: una cuestión de técnica. En: Psicosis y psicoanálisis. Ediciones Manantial. Buenos Aires, 1985.
(5).- Lacan. Discurso de clausura de las Jornadas sobre el niño alienado.
(6).- Milner, Jean–Claude. Los nombres indistintos. Ed. Manantial. Buenos Aires. 1999.
(7).- Laserre, A. “Consideraciones sobre la práctica”. En: Psicoanálisis con niños. Serie praxia. Ed. Grama.
(8).- Lacan, Jacques. Seminario XX.
(9).- Stevens, A. La clínica de la infancia y la adolescencia. CIEC.