• FREUD,
UN HOMBRE PARA EL PORVENIR -
Cristina Garroni
“La
clínica freudiana tiene una vigencia que muestra la calidad de clínico
que era Freud y como supo organizar cuadros clínicos que hoy en día
existen, por supuesto con otros nombres. Esta clínica, que tiene toda
su vigencia, de alguna forma es una respuesta al argumento de que lo que Freud
vio en su época está demodé, obsoleto y no tiene nada
que ver con la clínica actual."
• LA
PRINCESA BONAPARTE - Eduardo León Vivas
“Infatigable
traductora de la obra freudiana, organizadora del movimiento psicoanalítico
francés que ella financiaba, Marie consagró su vida al psicoanálisis
con un entusiasmo y un coraje que causaba envidia en sus contemporáneos."
•
SARTRE,
HUSTON Y FREUD - Yovana Pérez
“Y
esta fascinación por el Freud “neurótico hasta la médula”
(expresión que usó una vez), probablemente marcó la singularidad
del guión en relación a la película, pues Sartre centró
la búsqueda y el descubrimiento freudiano en la relación con
la figura paterna (¡siempre el padre!)"
FREUD: UN HOMBRE PARA EL PORVENIR*
*
Conferencia en ocasión de los 150 años del nacimiento de Freud
en la Universidad Metropolitana de Caracas, el 06 de mayo de 2006.
CRISTINA
GARRONI
Analista
Practicante (AP) de la Nueva Escuela Lacaniana (NEL-Caracas Pronunciamiento).
Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.
Me corresponde la última conferencia de esta noche en donde nos hemos paseado por diversos aspectos de la vida y la Obra de Sigmund Freud. Me pareció que para este cierre era necesario hablar de la vigencia que tiene el pensamiento Freudiano en el siglo XXI y la práctica psicoanalítica en nuestra época. El título de mi conferencia Freud un hombre para el porvenir, es un poco atrevido, porque de alguna forma anticipa el futuro, un futuro en el que, según lo que les voy a plantear hoy, se pronostica que el psicoanálisis seguirá teniendo un lugar en la sociedad y en la clínica del sufrimiento humano.
Que un psicoanalista diga que Freud sigue vigente, no necesariamente debe ser convincente para el público, pues podría interpretarse como un argumento de alguien que está totalmente involucrado y parcializado en el tema que nos ocupa. Sin embargo, les pido me permitan ofrecerles algunos argumentos.
No se si todos ustedes tienen conocimiento de los ataques que ha recibido el psicoanálisis a lo largo de su existencia. Cuando era apenas una práctica en nacimiento, Freud tuvo que enfrentar el ataque y la incredulidad de sus colegas vieneses -médicos destacados de su época-, quienes desvalorizaron sus tratamientos y éxitos con las pacientes histéricas. Freud ha sido acusado de charlatán, estafador, drogadicto, farsante. Sumado a esto, cada cierto tiempo aparece una noticia en el periódico o en las revistas que augura o sentencia la muerte del psicoanálisis como práctica terapéutica, apoyándose en los grandes avances de las neurociencias, la neuropsicología y las terapias cognitivo-conductuales o las terapias alternativas.
Sin embargo, el psicoanálisis se sigue expandiendo a lo largo del mundo y es un movimiento que está en constante crecimiento. ¿Cómo podemos explicar que en la época en la que vivimos, en la que los descubrimientos científicos y los avances tecnológicos se suceden con una velocidad vertiginosa, en donde lo que tiene valor es lo nuevo, lo último, lo novedoso e inclusive lo desechable, el psicoanálisis, una práctica y una teoría que nació ya hace más de un siglo, siga reuniendo adeptos y siga siendo una alternativa de tratamiento para muchos sujetos?
Voy a tratar de responder esta pregunta a través de tres vertientes:
1.
Lo actual de la clínica Freudiana
2. La existencia del sujeto del Inconsciente
3. El abordaje de los “Síntomas contemporáneos”
Lo actual de la clínica freudiana
La clínica freudiana tiene una vigencia que muestra la calidad de clínico que era Freud y como supo organizar cuadros clínicos que hoy en día existen, por supuesto con otros nombres. Esta clínica, que tiene toda su vigencia, de alguna forma es una respuesta al argumento de que lo que Freud vio en su época está demodé, obsoleto y no tiene nada que ver con la clínica actual.
(Continúa…)
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EDUARDO
LEÓN VIVAS
Analista Miembro de la Escuela (AME) de la Asociación Mundial de
Psicoanálisis
y de la Nueva Escuela Lacaniana – NEL-Caracas Declaración
Marie Bonaparte nace en Saint-Cloud en 1882 y fallece en Saint-Tropez en 1962, a los ochenta años. Hija de Roland Bonaparte, nieto de Lucien quien es a su vez hermano de Napoleón. Marie es, por tanto, sobrina-bisnieta del Emperador. Su madre muere al nacer Marie, iniciándose para ella una infancia y una adolescencia trágicas.
Educada por un padre a quien sólo interesan sus actividades de geógrafo y antropólogo, y por su tiránica abuela paterna, ávida de éxitos sociales y de notoriedad, Marie es llevada a ser un personaje novelesco. Contrae matrimonio con el príncipe George de Grecia, quien resulta ser un homosexual corrompido, alcohólico y conformista, que hace de ella una Alteza Real llena de honores y de celebridad, mientras ella vive, en cambio, obsesionada siempre por intervenir en causas nobles pero, en especial, por el problema de su frigidez.
Cuando se encuentra con Freud en Viena en 1925, siguiendo el consejo de René Laforgue, estaba al borde del suicidio. Había publicado recientemente un texto bajo el seudónimo de Narjani, en el cual jerarquizaba los méritos de una intervención quirúrgica que estaba en boga en aquella época, y que consistía en proceder a un mejor acercamiento del clítoris a la vagina con el propósito de transferir el orgasmo clitoridiano al orgasmo vaginal. Ella creyó resolver de esta manera su frigidez, y no vaciló en someterse a dicha intervención sin obtener, en cambio, ningún resultado.
Gracias a un trabajo minucioso de Celia Bertin, quien ha sido la única autora que ha tenido acceso a los archivos familiares, conocemos la vida de esta Princesa, muy querida por S. Freud, y quien reinó en la Sociedad Psicoanalítica de Paris en tanto fue, en 1926, uno de los doce fundadores de dicha sociedad, junto a René Laforgue, Adrien Borel, Rudolph Loewenstein -analista de Lacan-, Edouard Pichon, Raymond de Saussure, etc.
Infatigable traductora de la obra freudiana, organizadora del movimiento psicoanalítico francés que ella financiaba, Marie consagró su vida al psicoanálisis con un entusiasmo y un coraje que causaba envidia en sus contemporáneos. Luchó a favor del análisis profano y, frente al nazismo, asumió una actitud ejemplar, rehusando todo compromiso. Pagó una suma considerable para arrancar a Freud de las garras del nazismo, salvó sus manuscritos y lo instaló en Londres con toda su familia. Esta actividad, sin fallas, al servicio de la causa, le permitió ocupar un lugar central en Francia y la convirtió en una de las más respetadas personalidades del movimiento freudiano.
Después de la segunda guerra mundial se convertirá en una suerte de monstruo sagrado incapaz de asumir las ambiciones, los sueños y talentos de dos nuevas generaciones de analistas franceses (la segunda y tercera generación). En el curso de la primera escisión en 1953 y en las vísperas de la segunda de 1963, se opone con fanatismo a Jacques Lacan a quien detestaba y que la trataba con violencia llamándola “cadáver ionesquiano”. Lacan termina por desposeerla de su papel de Jefa de Escuela entregando su sillón a las nuevas generaciones de analistas franceses.
A pesar de su abundancia, la obra escrita por Marie Bonaparte es calificada de mediocre, con la sola excepción de tres excelentes textos, entre ellos una obra monumental sobre Edgar Allan Poe (1809-1849) donde sigue los principios freudianos de la psicobiografía; un artículo de 1927 sobre Marie-Felicité Lefebre: Un caso de locura criminal y los famosos “cahiers”: Los cinco Cahiers (cuadernos, memorias), en los cuales ella comenta su análisis y sus recuerdos infantiles, y los Cahiers Noirs, que son sus memorias íntimas donde ella cuenta los detalles de su vida y las confidencias que le hizo Freud sobre distintos sujetos.
Al contrario de otras discípulas -analizantes- de Freud, el psicoanálisis de la Princesa fue interminable y se desarrolló tanto en alemán como en inglés en períodos sucesivos.
Desde el comienzo de su análisis, Marie, una vez iniciada su asociación libre, fue derecho a una fuerte interpretación pues, de seguidas de un sueño en el cual se veía en su cuna en la situación de asistir a las escenas de un coito, Freud afirma, en un tono perentorio, que ella no había oído solamente dicha escena, como la mayor parte de los niños que duermen en la cama de sus padres, sino que ella los había visto en pleno día. Alarmada y siempre inquieta por obtener pruebas materiales, ella niega dicha afirmación freudiana y rememora que no había tenido madre. Freud acepta la objeción y acude a la presencia de la nodriza. Finalmente, Marie decide interrogar el medio hermano de su padre quien se ocupaba de atender los caballos en la mansión de su infancia. A fuerza de evocar ante él la alta calidad científica del psicoanálisis, ella lo conduce a evocar su antiguo vínculo con la nodriza, un poco avergonzado el anciano recuerda como había hecho el amor con la nodriza, en pleno día, frente a la cuna de Marie.
Frente a esta dama que lo colmaba de regalos, Freud dejó ver la prueba de su extraordinario genio clínico. La amaba, ciertamente, y para compensar su fidelidad le ofreció uno de los famosos anillos reservados a los Miembros del Comité Secreto, como a Lou Andreas-Salomé. Si Lou era La Mujer, la amiga, la igual, la encarnación de la libertad, de la belleza, de la inteligencia y la creatividad, Marie fue la alumna, la discípula sumisa, la admiradora, la analizante, su adicta embajadora.
En el curso del análisis Freud evitó en ella una relación incestuosa con sus hijos e impuso ciertos límites a sus experiencias quirúrgicas sin impedirle, explícitamente, el pasaje al acto. Se puede decir que su situación contra-transferencial era difícil durante todo el curso del análisis pues sufría, él mismo, temibles intervenciones en la mandíbula, destinadas a combatir la progresión de su cáncer. ¿Cómo pudo Freud, en tales condiciones, interpretar el plus de goce -esa exigencia de la pulsión-, experimentado por Marie al someterse al bisturí?
A partir de la publicación del artículo de Freud en 1931 sobre la sexualidad femenina, la Princesa toma parte en el debate de una manera muy personal, transformando la doctrina psicoanalítica en una tipología de instintos biológicos. Ella planteará una psicología femenina donde lo inconsciente ha sido dejado de lado. Desviándose a la vez de la Escuela Vienesa y de la Inglesa, distingue tres categorías de mujeres: las Reivindicadoras, que buscan apropiarse del pene del hombre; las Aceptadoras, que se adaptan a la realidad de sus funciones biológicas y de sus roles sociales; y las Renunciadoras que se apartan de la sexualidad. Estas tesis no tendrán éxito en Francia, donde el debate sobre este tema será conducido, en principio, por Simone de Beauvoir (1908-1986) y luego por los alumnos de Lacan: Francois Perrier y Wladimir Granoff, al igual que por Françoise Dolto.
Víctima de una leucemia fulminante, Marie Bonaparte muere en plena lucidez, tras dar pruebas de un coraje ejemplar; seguía empeñada en asistir a la derrota de Lacan. Durante diez años había luchado con todas sus fuerzas para impedir la reincorporación de la Sociedad Francesa de Psicoanálisis (1953-1963) a la Asociación Psicoanalítica Internacional (I P A).
NOTAS
* Traducción
personal del Dictionnaire de la Psychanalyse, de Elisabeth Roudinesco y Michel
Plon
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YOVANA
PÉREZ
Asociada a la NEL-Lima
En 1958 el cineasta norteamericano John Huston le pidió a Jean Paul Sartre que escribiera un guión sobre la aventura freudiana. Fiel a la tradición hollywoodense, Huston deseaba narrar la epopeya del joven vienés cuando transitó de la hipnosis al descubrimiento del psicoanálisis.
Sartre aceptó de buen grado la propuesta, básicamente porque necesitaba el dinero. Sin embargo, pronto el trabajo lo cautivó y se consagró a él con pasión y placer. La primera entrega consistió en un grueso texto que prometía una película de siete horas. Las objeciones a este primer guión nos son desconocidas; lo cierto es que Huston creía que el público no iba a soportar ni siquiera cuatro horas de “complejos”. Le encomendó a Sartre acotar el escrito y éste, luego de eliminar numerosas secuencias, terminó añadiendo nuevas escenas, ampliando las explicaciones didácticas y teóricas y escribiendo un nuevo guión aún más extenso que, con bastante certeza, se sabe no terminó del todo. Se sabe también que Sartre concluyó esta empresa con la renuncia voluntaria a todo derecho de “paternidad” y que se desinteresó completamente por el resultado final. ¿Habrá llegado a ver la película?
En el año ya citado apareció traducido al francés el primer volumen de la biografía de Freud escrita por Ernest Jones, texto que se refiere al período que interesaba tanto a Sartre como a Huston: desde la treintena de Freud hasta el de la publicación de “La interpretación de los sueños”. Dos años antes se habían publicado la correspondencia hallada de Freud y Fliess y los manuscritos adjuntos a la misma. El primer libro reveló datos insospechados de Freud, el segundo, la naturaleza de un intenso vínculo entre estos dos hombres, una transferencia aún innominada sin cuya existencia hubiera sido difícil el propio nacimiento del Psicoanálisis.
Pontalis comenta que estas lecturas cambiaron la imagen que Sartre tenía de Freud. El patriarca de cortos alcances, filósofo y teórico mediocre, se le mostró como un hombre contradictorio, desgarrado, violento, en permanente lucha contra su medio y sobre todo, contra sí mismo. La sucesión y abandono de algunas hipótesis, la modificación de la teoría, se le revelaron a Sartre no como un ejercicio puramente intelectual o como el resultado empírico de la comparación entre hechos, sino como un proceso de cura en la que lo que estaba en juego era, sobre todo, algo del propio Freud.
Y
esta fascinación por el Freud “neurótico hasta la médula”
(expresión que usó una vez), probablemente marcó la singularidad
del guión en relación a la película, pues Sartre centró
la búsqueda y el descubrimiento freudiano en la relación con
la figura paterna (¡siempre el padre!) Si bien esta visión de
Freud enfrentado a un padre ya era clásica en la época en la
que el guión fue escrito -aunque quizás era novedosa para Sastre-,
el texto va más allá de la alternancia sumisión-rebeldía,
pasividad-acto y nos ofrece, de una manera sutil, la posibilidad de capturar
la implicación inconsciente del personaje Freud en el vínculo
de la paternidad.
Huston también quiso narrar las peripecias personales y científicas
del Freud de fines del siglo XIX, pero no precisamente del Freud sujeto. Calificada
por él mismo, en sus memorias, como una historia de “suspenso
intelectual”, la película “Freud, pasión secreta”
articula el flujo argumental con una virtualidad didáctica que se va
desplegando progresivamente con la presentación de la noción
de inconsciente, la etiología sexual de la neurosis, la configuración
edípica, la transferencia, las alusiones finales a la teoría
de las pulsiones.
En cambio,
el Freud de Sartre era básicamente un Freud deseante, bastante diferente
al de Huston. El guión nos muestra un hombre recurrentemente abrumado
por el afecto ambivalente que sentía hacia su padre, sucesivamente
deslumbrado y decepcionado por los maestros de turno (Meynert, Breuer, Fliess),
enfrentado a diversas versiones de la figura paterna ofrecidas por sus pacientes
(el padre seductor de Cecily, el padre castrador de Carl) y, finalmente, erigiéndose
el mismo como padre de su desafiante producción: el psicoanálisis.
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