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El boletín de la NEL hacia el Congreso de la AMP

 

Buenos Aires, 21 al 25 de abril del 2008

 

Los objetos a

en la experiencia analítica

 

Boletín aperíodico

 

No. 13

Noviembre 29 del 2007

 

Moderador: Juan Fernando Pérez

 

Consultores: Leonardo Gorostiza

María Hortensia Cárdenas

 

Todos los integrantes de las Sedes, Delegaciones y Grupo de la NEL están invitados a participar en este boletín con sus comentarios, notas y textos en torno al tema del congreso

 

 

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En este número

 

• Editorial  

• "Ese dolor de ser" (segunda parte), por Johnny Gavlovski

• Resonancias del seminario "El objeto: formas de serlo, de hacerlo y de hacer con él" (seminario dictado por Enric Bereneger en la NEL-Bogotá, noviembre 16 y17 de 2007), por Laura Arciniegas


 

Editorial

 

Dos textos procedentes de las Sedes de la NEL de Caracas y Bogotá (¡Ah! Ciertamente existen ejes diversos que ligan o desligan a Caracas y Bogotá…) recaban sobre el problema del objeto desde ángulos diferentes.

Johnny Gavlovski desde Caracas prosigue su examen acerca del uso de los objetos en la hipermodernidad, teniendo como referente la construcción y destino de "El grito" de Munch. En esa perspectiva desarrolla lo que había situado en la primera parte de su texto (No. 12 de a), al mostrar cómo la obra de Munch ya describe un tipo de sujeto contemporáneo, que, apresado en esa voluntad de goce que le confina a un deambular solitario, le va acercando progresivamente a la imagen misma que plasmara Munch en su obra, y aun a ese destino absurdo que ésta tuvo luego de que fuera robada en Oslo en el 2004. Se trata de ese sujeto del que ya hablaba Freud en 1915 y quien finalmente hoy participa de su mundo como "partícula de la gigantesca maquinaria de guerra", según nos lo recuerda Johnny Gavlovski.

Laura Arciniegas desde Bogotá nos hace conocer las líneas esenciales de la enseñanza que despliega Enric Berenguer en diferentes Sedes de la Escuela y particularmente en la Sede de Bogotá. Destaca que en el seminario del 14 y 15 de noviembre E. Berenguer ha tomado como eje la vía posible de articulación entre los objetos y el partener que el sujeto se construye, para diferenciar ese movimiento de la "no relación sexual". Se trata entonces de avanzar en la comprensión del sentido que para Lacan tiene el rombo del matema del fantasma, lo cual, ya lo habíamos destacado en un número anterior de a, ha sido propuesto como problema y tema de discusión por J.-A. Miller a la ECF para el 2008.

 

Juan Fernando Pérez

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"Ese dolor de ser"

(Segunda parte)

 

Johnny Gavlovski E.

NEL-Caracas-ACP

 

Muerte y destrucción serían entonces experiencias inherentes a la condición humana, que Lacan condensa en una sola palabra. Goce. Un concepto que va definiendo a lo largo de su enseñanza como:

Es un trozo de ley sin sentido, de carácter insensato y feroz. (Seminario I).

Un imperativo que no tiene contenido, sólo: "-¡Tú debes…!"

Imperativo no comprendido por el propio sujeto, sin dialéctica. (Seminario III).

 

Mandato a gozar, sin condiciones. (Seminarios XVI y XX).

Malestar de la cultura que revela la gula del gozar. [12]

De hecho, a partir de esto, Lacan contrapone "ética" con "moral", a la cual termina definiendo como un "cataplasma de la adaptación". [13]

La pulsión de muerte, y los efectos de su rostro de destrucción pulsan no sólo desde el afuera, sino desde el interior del ser, a pesar de lo que escribiera Freud en De guerra y muerte: "La muerte propia no se puede concebir". [14]

Sin embargo, nuestros tiempos rompen con esa observación de Freud. El desarrollo tecnológico y las guerras a distancia, ya no nos hacen ver la muerte ajena como algo que nunca nos tocará, sino por el contrario, nos anticipan la posibilidad de nuestro propio fin.

 

Con estas reflexiones, volvemos, una vez más, a la imagen de la obra "El Grito", pudiendo ver en ésta un reflejo del sujeto de la hipermodernidad, de éste individuo-objeto, individuo-basura, trash, profiriendo un alarido que penetra a la naturaleza misma; alarido mudo para los transeúntes más cercanos, tal como su creador, Edvard Munch lo describió:

"Iba caminando con dos amigos por el paseo. El sol se ponía. El cielo se volvió de pronto rojo. Yo me paré. Cansado me apoyé en una baranda. Sobre la ciudad y el fiordo oscuro azul, no veía sino sangre y lenguas de fuego. Mis amigos continuaban su marcha, y yo seguía detenido en el mismo lugar temblando de miedo –y sentía que un alarido infinito penetraba toda la naturaleza". [15]

¿Sangre y lenguas de fuego son lo que realmente lo aterroriza? O es acaso como aquel padre que Freud evocara en La interpretación de los sueños, que no sabe que está muerto, y cómo no lo sabe, sigue viviendo.

En "El Grito", un ser, sin mayor definición, da un alarido infinito que penetra toda la naturaleza. La pregunta es: ¿Ante qué grita? Munch responde: " No veía sino sangre y lenguas de fuego", responde. De inmediato, esto nos remite ante aquello que anticipa el hombre de la hipermodernidad, su propia muerte, al saber que su vida vale menos que un barril de petróleo, que quizás en una carta abierta al descuido, pueda encontrar el efecto de una nueva mutación creada para la guerra bacteriológica.

¿Quién grita entonces? Imagen viva de lo siniestro, de quien vive la "inquietante extrañeza". [16] De quien se enfrenta al terror, ante la omnipresencia de lo que Lacan dio por llamar "la segunda muerte", inspirado en la idea sadeana de "un crimen radical y absoluto que libera la fuerza creativa de la naturaleza", [17] y que se inscribe en nuestras vidas a través de las imágenes de los atentados, así como las guerras biológicas y termonucleares.

Terror ante el desaparecer tras ese vacío de lo no simbolizable en nuestras vidas; ese vacío original que nos marca desde nuestro nacimiento, y que el arte no ha dejado de recrear en el cine en películas para niños como "Los cuatro fantásticos" hasta aquellas cintas de terror como "El Cubo", "Poltergeist", etc.

Imágenes que nos parasitan, y que nos ponen, frente a frente, ante el goce total, con la pulsión de muerte y su envés, ya no Eros, sino la pulsión de destrucción. Imágenes que como habitantes de la hipermodernidad nos constituyen. [18]

 Partenaires informativos que exaltan "lo real del goce", el cual, como señala el Dr. Portillo, "en esencia constituye la matriz de las llamadas   'patologías contemporáneas' y que el psicoanálisis de orientación lacaniana ha titulado como  'nuevos síntomas' " [19] "sean los trastornos de alimentación, los estados de pánico, o ese nuevo espectro que se comienza a perfilar como 'El sujeto sin Otro': un individuo que sin ser psicótico, manifiesta una inquietante falta de relación. Un sujeto que goza solo, desde un modo de gozar "segregativo, autista, antisocial".

Podemos encontrar en las calles a estos sujetos desconectados, deambulando en los no-espacios de cualquier mall, haciéndose ver a través de un uniforme que los inscribe en un mecanismo llamado "fashion", que les otorga una suerte de código, no ya de pertenencia, sino de estatus, a través de los dictámenes que el mecanismo del mercadeo llama moda. Después, estos mismos sujetos, se pierden en cyber-cafés a enchufarse con el mundo, en la soledad de una cabina privada, que ofrece café, papel higiénico y lubricantes como única compañía, demostrando todo ello que "el sujeto más que relacionarse con el Otro se relaciona con su objeto de goce".

Límites líquidos, virtuales, viscosos, entre las realidades del film "Matrix". Extrapolación del siniestro hipermoderno que abre grietas en nuestro espacio, desde nuestra capa de ozono hasta nuestro cuerpo. Siniestro cada vez menos externo y más interior en nuestras vidas. Violencia a la que, poco a poco nos vamos acostumbrando, desde ese mecanismo de negación, que gracias a Charles Darwin confundimos con adaptación.

Violencia que suspende al sujeto. Visión en el espejo. Anamorfosis del día a día. Fading frente a una maquinaria de producción interminable que troca al individuo en desecho. Sustituible en sus puestos de trabajo por máquinas. Bajo la convicción que su ser ya no depende de él, sea por efecto del terrorismo, de la guerra bacteriológica, o por nuevas armas a distancia que no le dan la opción de defenderse. Sea por la aparición de nuevas enfermedades, o por ser una ficha más de un juego del poder imperante, o sencillamente, por ser víctima de "lo nuevo", significante que marca estos tiempos donde no terminamos de comprar un computador, o adquirir un conocimiento, cuando cualquiera de estos ya ha caducado bajo una nueva versión.

Ante este significante de "lo nuevo" nacemos con fecha de caducidad, más allá de la muerte natural. Una vez más lo nuevo cuyo goce se vuelve cada vez más insistente, más exigente, en rivalidad mortífera con lo obsoleto. [20]

Antonio Di Ciaccia, presentifica la relación del sujeto hipermoderno con la multiplicidad de objeto a en lo que denominó el célibe y su partenaire-gadget, a saber "una pareja de soltero... una pareja que no soporta más que una relación a uno, ya que la pareja en cuestión es una pareja no-viva, no-viviente, no-deseante pero que sabe circular por todas partes, y sabe hacerte creer que está en todas partes. Una pareja que da justo ese poco de goce a horas que no interrumpe el avanzar quieto e inexorable de la silenciosa pulsión de muerte: una pareja hecha a imagen y semejanza de un computador". [21]

 Todas estas apreciaciones nos remiten a un par de reflexiones hechas por Freud. En 1915, Freud nos decía que el hombre que no participaba a modo de "partícula de la gigantesca maquinaria de guerra" – se siente confundido en su orientación e inhibido en su productividad"; [22] en 1926, señalaba como la empresa de la guerra comenzaba a limitar la capacidad de contacto en el hombre: "Eros quiere el contacto pues pugna por alcanzar la unión, la cancelación de los límites espaciales entre el yo y el objeto amado. Pero también la destrucción, que antes del invento de las armas de acción a distancia sólo podía lograrse desde cerca, tiene como premisa el contacto corporal, el poner las manos encima". [23]

Y así, el sujeto de la hipermodernidad se quedó sin contacto físico, segregado, aislado; al igual que el personaje de Munch, su grito sordo ya no es advertencia para quienes caminan a su lado.

 

Notas

 

[12] Lacan, J.: Radiofonía & Televisión. Op. cit. p. 113.

[13] Miller, J.-A.: Op. cit.

[14] Freud, S: "La muerte propia no se puede concebir; tan pronto intentamos  hacerlo, podemos notar que en verdad sobrevivimos como observadores". En "De guerra y muerte. Temas de actualidad" (1915) Buenos Aires, 1979.

[15] Bischoff, U.: Op. cit.

[16] Término con el que en francés se designa el concepto de "lo ominoso" [ unheimlich] propuesto por Freud.

[17] Zizek, S.: El sublime objeto de la ideología. Siglo XXI editores. México, 1992. p. 180.

[18] Melenotte, George Henri: citando a Guy Debord. "Commentaires sur la societe du spectacle". En Sustancias de lo imaginario. EPELE. México, 2004. p. 54.

[19] Portillo, Ronald: "La declinación del ideal, la exigencia de goce". CAPITON 2. CID –Las Mercedes., 2005.

[20] Miller, J.-A.: El síntoma charlatán. Paidós. 1ª. edición, 1998. Barcelona, España. p. 15.

[21] Di Ciaccia, Antonio: Op. cit. (N. del A.: se modificó del original "ordenador" por "computador").

[22] Freud, S.: "De guerra y muerte. Temas de actualidad" Op. cit. p. 277.

[23] Freud, S.: Inhibición, síntoma y angustia. Op. cit. p. 117.

Continuará…

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Resonancias del seminario "El objeto: formas de serlo, de hacerlo y de hacer con él"

 

Seminario dictado por Enric Bereneger

NEL-Bogotá, noviembre 16 y17 de 2007

 

Laura Arciniegas  S.

Nel- Bogotá

 

 

Es cierto que sostenemos con Lacan que "no hay relación sexual", pero también lo es que, respecto al objeto "la relación ¡sí existe!". Cada uno tiene una relación con sus objetos, con los que produce, por cuya vía se arma una forma de hacer existir al Otro. Pero, ¿cómo se pasa de la inmediatez de esa relación con los objetos a una relación posible con el otro?

Es ésta la pregunta con la que Enric Bereguer nos anima a seguir un recorrido por la vía posible de articulación entre los objetos y el partener que se construye. Así, si el sujeto se hace sus objetos, los produce, también éste se arma un Otro a la medida de los mismos. ¿Qué lugar está llamado a ocupar el partener en esa producción? ¿Qué función?

En una relación el sujeto puede invocar al otro para que ocupe un lugar respecto del propio fantasma. Se trata del otro puesto al servicio de un trabajo que podemos bien nombrar con la operación que Lacan ubica como "subjetivación" en la que ese otro es convocado como escenario de una presentificación del objeto.

Si hay la relación con el objeto y no con el partener, se impone la pregunta por el uso que voy a hacer del otro. En este sentido es importante considerar que, si la "producción" del fantasma (para diferenciarlo de la "construcción" del mismo en análisis) se constituye como respuesta totalitaria del sujeto, es decir   de una respuesta que es completa y "para todo uso", ésta no es tampoco la última palabra. Y aunque es fuerte, no dice todo de la relación del sujeto con su goce. Por lo anterior, no se detiene la necesidad de continuar la labor de subjetivación. No siendo el fantasma todo, hay otras vías posibles del sujeto: la producción del síntoma y la relación con el partener.

En la "relación amorosa" se pone en juego el encuentro con un verdadero Otro, pero puede haber también "un mal uso del otro puesto en ese lugar". La pregunta se rearma y actualiza: ¿A qué llamamos relación? ¿Cuáles las operaciones de suplencia ante esta no relación sexual? ¿Al servicio de qué operación está el partener? Construyendo mis objetos, construyo al Otro y "ubico mi enforma" por ello en el encuentro amoroso se reactualiza la función del Otro.

Si el estatuto del Otro cambia en la obra de Lacan, no podemos desconocer que el estatuto del ser tiende a ser recuperado por "algo otro" y ese es el objeto que, como programa, marca una orientación de goce, que atrapa, rodea, y circunscribe al objeto.

 

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Lacan fumando su "culebra"

 

 

 

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