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El boletín de la NEL hacia el Congreso de la AMP

 

Buenos Aires, 21 al 25 de abril del 20080

 

Los objetos a

en la experiencia analítica

 

Boletín aperiódico

 

No. 12

Noviembre 22 del 2007

 

Moderador: Juan Fernando Pérez

 

Consultores: Leonardo Gorostiza

María Hortensia Cárdenas

 

Todos los integrantes de las Sedes, Delegaciones y Grupo de la NEL están invitados a participar en este boletín con sus comentarios, notas y textos en torno al tema del congreso

 

 

a, el boletín de l a NEL haci a el Congreso de la AMP

 


 

En este número

 

• Editorial  

• "Ese dolor de ser" (primera parte), por Johnny Gavlovski

• El hombre piensa con su objeto: racismo espontáneo de un científico, por Marco Mauas


 

Editorial

 

Algunos hechos propios del mundo contemporáneo le imponen al analista lacaniano la necesidad de responder con claridad acerca de las lógicas que los determinan. Actualmente la comunidad de la AMP, a través de varios medios y con diversas voces, se pronuncia acerca de hechos de ese tipo que exigen toda nuestra atención.

Así, Jacques-Alain Miller ha convocado un foro extraordinario en París el 24 de noviembre para interrogar el fanatismo de la cifra imperante en la época. Este sábado próximo se reunirán en este foro trabajadores de la cultura, psicoterapeutas, psiquiatras, psicoanalistas, científicos, filósofos, escritores, estudiantes universitarios y múltiples ciudadanos de diversas procedencias para pensar esa fetichisación del dato cuantificado que arrincona cada vez más las posibilidades de pensar por fuera de la cifra. Seguramente en las Escuelas de la AMP y en el Campo Freudiano –y ciertamente también más allá de éste–, surgirán, cada vez más, actividades similares, cuya urgencia ya no es necesario reconocer.

De otra parte, los CPCT, esa idea innovadora de la práctica analítica, suscitan recelo y resistencias en diversos medios. Esthela Solano ha tomado una réplica de una practicante brasileña a unas declaraciones de Judith Miller en O Globo de Río de Janeiro sobre los CPCT, como motivo para mostrar que la época le impone al analista lacaniano la invención en las formas de su práctica, sin que ello implique ninguna renuncia a sus principios, ni a los fundamentos más decisivos de su quehacer.

Johnny Gavlovski, de la NEL-Caracas-ACP se pregunta en este número de a acerca de un episodio acaecido en Oslo en septiembre del 2005 cuando se conocieron las declaraciones de un escultor noruego quien afirma haber realizado caretas de yeso con las cenizas de los cuadros "El Grito" y "Madonna" del pintor Edvard Munch, los cuales fueron robados en agosto de 2004. ¿Qué revela acerca del nuestro tiempo un hecho tal a un psicoanalista? Se divulga aquí la primera parte de su elaboración al respecto.

Marco Mauas analista de la NLS practicante en Israel, examina también en este número, las declaraciones racistas de uno de los descubridores del ADN, premio Nobel en 1962, y quien ignora que el sujeto piensa con su objeto. Tratándose de un científico de tales características conviene preguntarse por aquello que hace que una tal opinión quiera presentarse, conciente o inconcientemente, como un producto de la ciencia.

He ahí cuatro planteamientos en torno a sucesos propios de la época, a su singularidad, la cual exige como prioridad esencial que una teoría del objeto sea establecida, desarrollada y aplicada, sin la cual el desvarío, como bien lo ilustran los planteamientos indicados, es inexorable.

NB: A partir de este número a tendrá una circulación aperiódica.

 

Juan Fernando Pérez

 

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"Ese dolor de ser"

(Primera parte)

 

Johnny Gavlovski E.

NEL-Caracas-ACP

 

¿Cuál es el origen de toda ciencia?

 ¿Qué, el espíritu científico no es, acaso,

más que miedo y una panacea contra el pesimismo,

un ingenioso expediente contra... "la verdad"? [1]

 

Friederich Nietzsche

 

"(...) El momento actual de la civilización, donde no es el deseo del Otro

lo que está tan presente sino la insistencia de su demanda política

bajo la forma de la democracia y del mercado considerados como valores

a los que está sujeto su bien. De manera que se vuelve incomprensible,

hasta monstruoso, lo que se presenta como una preferencia:

ser rechazado del orden de estos beneficios" [2]

 

Jacques-Alain Miller

 

Desde septiembre 2005, el mundo del arte, y aun más concretamente el pueblo noruego, se conmocionó con las afirmaciones de un escultor de Oslo quien dice haber realizado caretas de yeso con las cenizas de los cuadros "El Grito" y "Madonna" del pintor Edvard Munch, los cuales fueron robados en agosto de 2004; fecha en la que, además, el busto de bronce que reposa sobre la tumba del artista, fuera sustraído del cementerio, y apareciera, semanas después, dentro de una cubeta, en un callejón cercano al palacio real, apolillada y con corbata.

Si bien la noticia ya es bastante grave para el mundo del arte, considero que más grave aún son las declaraciones del decano de la Facultad de Artes Visuales de Oslo, Staale Stenslie, quien al enterarse de una sospecha acerca de la cual, los ladrones hicieron máscaras con las cenizas de los cuadros, afirmó que los cuadros tienen " más valor quemados en tanto representaciones espirituales e inmateriales", que colgados en el museo. Al mismo tiempo, afirmó que si era cierto que los ladrones hicieron máscaras con las cenizas de los cuadros, alentó al museo Munch a abrir una exposición dedicada a las mismas "si son lo único que queda, dado que tendrían más interés que los originales".

Curiosa apreciación la de Stenslie. Curiosa en tanto aprecia más el incremento del valor de los cuadros, que el rescate de las obras de arte, patrimonio de la humanidad. Curiosa, más no alejada del espíritu de la hipermodernidad, heredera de aquella Revolución Industrial, en cuyo marco Munch pintó su obra. Verdadera revolución que marcó un "acto" histórico, a saber, un antes y un después en la estructura socio-económica de la civilización occidental.

Y es que a partir de entonces, la sociedad se subordinó a un sistema de mercado, donde "todos los factores de producción eran considerados mercancías destinadas a la venta y sujetas al mecanismo de la oferta y demanda" [3]

El propio Edvar Munch se percató de ello y alertó:

"Lo que está arruinando el arte moderno es el comercio, al exigir que los cuadros se vean bien una vez que se los cuelga en la pared. No se pinta por el deseo de pintar... o con la intención de pintar una historia. Yo que fui a París hace siete años (Munch residió en París en 1885) lleno de curiosidad por ver el salón y que estaba dispuesto a dejarme llevar por el entusiasmo –lo que sentí fue sólo repugnancia" [4]

¿Cómo se sentiría Munch entrando hoy día en su museo y viendo expuestas las cotizadas cenizas de sus obras?

Sus premonitorias palabras, están vigentes hoy más que nunca, en nuestra sociedad post industrial. Sociedad basada en nuevas tecnologías que cambiaron nuestra forma de vivir, diluyendo culturas y lenguajes, fragmentando la experiencia humana, al permitir que la tecnología dejara de estar al servicio de la economía y la política social para aparecer "en la conformación del gusto y en el disciplinamiento de la subjetividad". [5]

Estas observaciones no fueron ajenas para un lector tan agudo del malestar de la cultura como lo fue Jacques Lacan, quien logró ver en este devenir una forma de lazo social, que denominó discurso capitalista. Discurso propio de nuestra hipermodernidad.

Tiempos del "sujeto sin referencias", [6] al decir de J.-A. Miller, donde sólo puede obtenerlas a partir de "zonas restringidas de certezas". Tiempos que vivimos donde el individuo es espectador del desfallecimiento de ese significante que impone la ley simbólica y que desde Lacan llamamos "Nombre-del-Padre".

Así encontramos al habitante de nuestros tiempos, como marioneta expuesta a una multiplicidad de objetos de goce, de satisfacción imposible, por mercancía producida desde un enfurecido sistema de mercadeo.

Lacan nos advirtió en Radiofonía sobre el "ascenso al cenit social del objeto (a)". [7] Se refería a esta tendencia hipermoderna a colocar en la mira de nuestra satisfacción pulsional ese objeto que nunca vamos a alcanzar. Su producción excesiva por parte de quienes usufructúan la ciencia, llámense transnacionales, laboratorios farmacéuticos, etc., no sólo empujaron al hombre a un desenfrenado deseo de consumo y satisfacción, sino que llevaron a colocar en equilibrio precario los reguladores simbólicos que aglutinan a los Otros, incluido lo impensable: los "Estados", quienes comenzaron a perder autoridad cuando su competencia y efectividad para controlar actividades económicas, comenzó a disminuir. [8]

Así, los intereses nacionales comenzaron a entrar en conflicto con los derechos sociales, la globalización se convirtió en excusa para invertir en el exterior y no en el suelo propio, el estado se tornó ente recaudador más que sistema gobernante, trayendo como consecuencia que sus ciudadanos se reconviertan en "consumidores y usuarios que deben organizarse para defender sus derechos en tanto que puedan pagar". [9] ¿Y ante esto qué? ¿La nausea sartreana, o la repugnancia de Munch? Quizás el actual movimiento del eje terrestre sea una advertencia del empuje de estos tiempos hacia el Goce total, la muerte.

Ya en 1920, Freud escribió: "La meta de toda vida es la muerte; y retrospectivamente: lo inanimado estuvo ahí antes de lo vivo". [10]

Siguiendo a Freud, Lacan apunta en abril de 1960, hacia lo que llamará "la novedad del Malestar en la Cultura ", [11], a saber, el señalamiento que hace Freud, en éste texto, al emplear "dos términos, pulsión de destrucción y pulsión de muerte. Pulsión de muerte como sustrato económico y biológico, nos dice Lacan; y pulsión de destrucción, en tanto aspecto psicológico de la misma.

                                                                                      Continuará….

 

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El hombre piensa con su objeto: racismo espontáneo de un científico

 

Marco Mauas

 

Lacan nos advierte en Mon Enseignement [1] acerca de lo delicado de suponer que el pensamiento está allí donde se piensa a sí mismo, donde hace un loop. Esta supuesta transparencia ha fascinado a los filósofos y a matemáticos algunas veces –véase por ejemplo el canto de un Douglas Hofstadter, en su "I am a strange loop". Uno extraña la lucidez clásica de un Russell, quien intentó ponerle coto a su propia paradoja con la teoría de los tipos. Por el contrario, Freud –nos dice Lacan–, Freud es un corte, un corte que implica que eso piensa allí donde no se capta a sí mismo como pensamiento.

El pensamiento está siempre encarnado. Encarnado en lo más caduco, lo que nos parece ser lo más desechable, lo más cercano al déficit. Cómo ignorar que el manejo del lenguaje y su poder no ha significado para aquellos que lo han logrado ninguna clase especial de privilegio, ni les ha ahorrado caer en las más feroces atrocidades. Hay aquí una alusión a los campos de exterminio de Europa.

En Televisión, Lacan, respondiendo a las preguntas de Jacques-Alain Miller, contradice a Aristóteles: el hombre no piensa con su alma, sino con su objeto. "Él piensa ya que una estructura recorta el cuerpo". [2]

De allí que llama nuestra atención de un modo muy especial el hecho de que James Watson, co-descubridor con Francis Crick y Maurice Wilkins de la estructura del ADN, premio Nobel de química 1962, tuviera que cancelar un tour de conferencias en Inglaterra, [3] después del escándalo causado por sus comentarios en una entrevista acordada al Sunday Times, de London. "Los blancos son más inteligentes que los negros", habría dicho el Sr. Watson, y él no ve porqué esto habría de causar incomodidad, ya que se trata de un hecho conocido por todo el mundo. El Sr. Watson se disculpó sin reservas al día siguiente, pero la enunciación está allí. Se trata de saber qué es esto. ¿Hay algo de especial?

Louis Althusser ya lo había descrito hace mucho tiempo, a su manera, cuando planteó en 1970, en Ideología y aparatos ideológicos de estado de la "ideología espontánea de los científicos". [4] Nos ayudó a ubicar desde otro ángulo algo de lo que Lacan, ya en 1964, en su seminario de Los cuatro conceptos , [5] y luego más ampliamente en Le triomphe de la religion , en 1975, [6] anunciaba como la angustia del científico. Se trata de lo que sucede cuando el hombre de ciencia advierte que algo puede generarse en el laboratorio, y en especial algo que escape completamente a su control y a sus buenas intenciones, a su ideología espontánea. Que el Sr. James Watson no haya tenido una crisis de angustia, sino que haya expresado una opinión manifiestamente racista, para la cual parece sentirse calificado, no puede sino llamar la atención.

El ADN, ese trozo de real científico cuyos caminos aún están completamente por trazarse, lleva su nombre y el de Crick. Sus nombres están adheridos a ese real como otros ilustres nombres de la ciencia. No es diferente del problema que implica la incidencia del nombre de Freud en el psicoanálisis, solo que en el campo analítico esto constituye, al menos, un problema planteado, en tanto que la ciencia como discurso, en el mejor de los casos, funciona como si este problema no existiera. Es un problema que no es quizás tan ajeno al tema de la angustia y su objeto. La ciencia que por definición usa categorías , [7] tiende a pensar su horizonte y reflexionar sobre su propia finalidad. La ciencia produce de modo habitual tesis metafísicas, es decir, tesis acerca de existentes: comportamientos del individuo, existentes de la naturaleza humana, evaluables ex post factoex post supositio en realidad. Hay un argumento ontológico de un existente, y, a posteriori, se evalúa, se mide este supuesto existente. Estos excesos tienen un impacto que no es desdeñable.

Es la ilusión —posible ciertamente— de que Watson habla y entonces por su boca habla el ADN, el destino de la humanidad toda. Más que del pensamiento encarnado, es como si el ADN, su mensaje, estuviera encarnado en el nombre y la persona de Watson. No es ya la lejana época de Lysenko, quien se esforzaba en formular hipótesis acordes con el régimen comunista. Son los hechos científicos los que van moldeando el régimen mismo, con la voz y el cuerpo que les prestan los descubridores. Aunque quizás no se trate sino de un hecho nimio más: el hombre piensa con su objeto. En este caso, el trozo de real que Watson aisló parece haberlo tocado un poco, demasiado de cerca a él mismo. Si Watson redujera el ADN un poquitito más, quizás encontraría algo interesante, un objeto sin texto y sin código, pero para ello le haría falta experimentar algo de angustia.  

 

Notas

 

[1] J. Lacan: Mon enseignement. Paris, Seuil, 2005, p. 126. [Hay traducción al español en Paidós, Bs. As. 2007].

[2] J. Lacan: En Autres Écrits, Paris, Seuil, 2001, p. 512. [Hay traducción al español en Anagrama, Barcelona].

[3] Adn.com . world: "Controversial DNA pioneer's talk halted", http://www.adn.com/24hour/world/story/3721683p-13168675c.html

[4] Cf. por ej. La philosophie spontanée des savants, (1967) Maspero, Paris, 1974.

[5] J. Lacan: Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse, (1963-64), Paris, Seuil, 1973. Texte établi par Jacques-Alain Miller, p. 14. [Hay traducción al español, en Paidós, Bs. As. 1987].

[6] J. Lacan: Le triomphe de la religion, (1975), Paris, Seuil, 2005, pp.73-74. [Hay traducción al español, en Paidós, Bs. As., 2005. pp. 69-100].

[7] Cf. sobre este punto, Luc Ferry, Alain Renaut, "D'un retour à Kant". En Ornicar? , No. 20-21, 1980, p. 191.

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Aparecido inicialmente en el blog de la AMP del lunes 22 de octubre 2007; en ( http://ampblog2006.blogspot.com/ )

 

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