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El boletín de la NEL hacia el Congreso de l a AMP

 

Buenos Aires, 21 al 25 de abril del 2008

 

Los objetos a

en la experiencia a nalítica

 

Boletín semanal

 

No. 10

Octubre 25 del 2007

 

Moderador: Juan Fernando Pérez

 

Consultores: Leonardo Gorostiza

María Hortensia Cárdenas

 

Todos los integrantes de las Sedes, Delegaciones y Grupo de la NEL están invitados a participar en este boletín con sus comentarios, notas y textos en torno al tema del congreso

 

 

a, el boletín de l a NEL haci a el Congreso de la AMP

 


 

En este número

 

• Editorial

• La NEL-Guatemala hacia el congreso de la AMP, por Susana Dicker

• Los objetos de la experiencia del sujeto contemporáneo, por José Fernando Velásquez

• Comentario para boletín a, por Susana Dicker

• Bibliografía razonada 10, por Monique Amirault


 

Editorial

 

En este número contribuyen en especial la NEL-Guatemala y la NEL-Medellín. Sus textos se ven complementados con la última de las bibliografías razonadas que preparó la ECF sobre el objeto a, con un texto de Monique Amirault.

Susana Dicker presenta aquí una reseña de las actividades que la Sede de Guatemala de la NEL realiza con miras al congreso de Buenos Aires, donde se puede establecer la intensidad del trabajo teórico y clínico que allí se realiza en esa perspectiva. Una tarea significativa en la que participan igualmente los asociados de la Sede, con lo cual se asume de manera pertinente el congreso de miembros como una posibilidad para afianzar la labor de formación de las nuevas generaciones de analistas en Guatemala.

Susana presenta un segundo texto en este número; en él examina la parte II del seminario La Angustia, para considerar el problema del estatuto del objeto en general en el seminario. Esta segunda parte es definida por Susana como la bisagra que abre y permite la comprensión de múltiples proposiciones de la parte IV, consagrada por Lacan específicamente al objeto a. Con esa base retoma las preguntas planteadas por Héctor Gallo y Mercedes Iglesias en números anteriores de a para recordar una tesis de Lacan, según la cual "el objeto a no es el reverso de la angustia, pero sólo funciona en correlación con ella" y   para precisar igualmente que el estatuto del objeto es anterior a la constitución del objeto común. El texto de Susana es un texto lleno de anotaciones de interés para la comprensión del problema del objeto en la teoría de Lacan y para ampliar el intercambio que se realiza en la Escuela con miras a Buenos Aires.

José Fernando Velásquez de la NEL Medellín presenta en este número la tercera y última parte de su texto sobre el objeto a, situando ahora el problema de la experiencia del objeto en el sujeto contemporáneo. Para el efecto establece una sugestiva comparación entre la caverna platónica, el centro comercial de Saramago en su novela La caverna y la serie de películas Matrix, para concluir que, a pesar del imperio del espíritu panóptico y panconsumista de nuestro tiempo que recluye al sujeto en un socavón de goce inmediato, es posible salir de tal alienación. Allí se ubicaría el deseo del analista como alternativa para que el sujeto consiga ir más allá de la realidad virtual de la caverna fantasmática.

Por su parte Monique Amirault destaca en su bibliografía razonada cómo en Lacan se reconoce, desde el seminario 10 hasta Aun, la afinidad del objeto a con su envoltura, para situar de esta manera el objeto a en la dimensión del semblante de ser. Q ueda de este apreciable texto una difícil pregunta para resolver: "¿podemos decir que el hueso duro del 'resto', a, no es entonces, lo que permite sostener la imagen, sino que es la imagen lo que permitiría sostener ese resto? " ¿Quién en la NEL quisiera referirse a esta cuestión?

 

Juan Fernando Pérez

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La NEL-Guatemala hacia el congreso de la AMP, Buenos Aires 2008

 

1.- En la NEL-Guatemala, en el seminario de formación permanente, se trabaja actualmente acerca del seminario La Angustia. En estos momentos se discute el capítulo VIII, articulado al seminario que Esthela Solano dictó en Guayaquil sobre Kant con Sade y el comentario de Mónica de Espinel en el marco del mismo seminario del INES, cuando se detiene en el fantasma sadiano. La indagación tiene como perspectiva esclarecer el estatuto del objeto a como objeto causa, tal como Lacan lo va construyendo en este capítulo.

2.- En el marco del mismo seminario, quincenalmente, se trabaja un caso clínico de Paulina Zamora articulado al tema. En este contexto se aborda la cuestión de "Del Nombre del Padre a los nombres del padre", con la referencia del comentario de J.-A. Miller al Seminario inexistente. La otra referencia utilizada para la discusión del caso ha sido Biología lacaniana y acontecimiento del cuerpo.

3.- Una tercera actividad de la Sede fue un seminario sobre la angustia que dictaron Leonel González y María Elena Farrington, dos asociados de la Sede.

Se recorrieron, primero, la fenomenología de la angustia, su semiología, las teorías de Freud sobre la angustia. De aquí a Lacan y su uso del estadio del espejo para mostrar las relaciones entre los registros real, simbólico e imaginario y conformar la teoría del objeto a.

En un segundo tiempo se abordó el objeto a, causa del deseo y los objetos deseables. El objeto a, construido topológicamente como un agujero y que precede la constitución del sujeto que emerge a partir de ese agujero. Pero también el recurso de Lacan, que intenta materializar el objeto a para que no solo fuera una abstracción topológica y que pueda ser operatorio en la clínica.

Más tarde las formas que toma el objeto a y cuyo soporte es el cuerpo; las cinco formas del objeto a como pedazos separados del cuerpo. Finalmente, la referencia a los lugares donde aparece la angustia, a partir del grafo del deseo. Se hizo también una presentación clínica en esta actividad de la Sede.

Susana Dicker

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 III.- Los objetos en la experiencia del sujeto contemporáneo

 

José Fernando Velásquez

 

El (*) mito platónico de la caverna vuelve a ser útil para pensar la relación entre el goce del sujeto y el Otro: en la caverna los hombres están atados con sogas por las piernas y el cuello, de modo que tienen que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza. Detrás de ellos a cierta distancia hay un fuego que proyecta a los sujetos así encadenados, unas sombras que ellos asumen como reales. Los hombres son prisioneros que creen que las sombras que ven y el eco de las voces que oyen son la realidad, ellos no han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas sobre la pared de la caverna que está frente a ellos.  No hay duda de que esos hombres no tendrán por real ninguna otra cosa más que lo que se les ha proyectado. En este mundo, dice Platón, los prisioneros se dan honores y elogios unos a otros, y recompensas a aquel que perciba con más agudeza lo que la luz proyecta.

La novela de José Saramago, La caverna, [1], cuenta la historia de una familia de artesanos que fabrica objetos de barro y se da cuenta de que su trabajo ha dejado de ser necesario para el mundo. El pequeño negocio de la familia ya no recibe más pedidos del pujante Centro Comercial, y la suerte del alfarero Cipriano Algor es indiferente al Otro; de un momento a otro pierde la dignidad ganada a lo largo de una vida; su tiempo y el de sus objetos ha pasado, ya no son necesarios, ambos ahora son escombros. Su caso no es el único; mercancías que interesaban y dejan de interesar, es una rutina casi diaria en el Centro.

El Mega Matrix de la película The Matrix [2] se convierte en el paradigma de ese gran Otro que condiciona las normas de vida de los humanos. Al estilo del mito de la caverna de Platón, los sujetos son prisioneros de una vida virtual, creada por un gran artefacto técnico el cual " genera una experiencia «simulada» de realidad que llega a confundirse completamente con la «auténtica» realidad". [3]. El Centro Comercial y The Matrix , acaban teniendo una naturaleza divina, se proponen como el orden simbólico pleno, son los que determinan qué es normal, cuál es la verdad aceptada y cuál es el horizonte válido de significados aceptados; lo engullen todo; ni de uno ni del otro se puede salir porque manipulan estímulos y sugestiones suficientes para que los valores de uso se eleven, y los sujetos compitan como en la caverna platónica, por quién es el que más bien funciona respecto a ese Gran Otro.

El Centro como Matrix son metáforas que, como la caverna platónica, generan en el hombre un tipo de naturaleza, una "conciencia autista", donde el sujeto queda sin mirada, sin nombre y sin identidad, imaginando que está en libertad. El Centro Comercial como el Mega Matrix no son máquinas anónimas, ellas requieren a los hombres porque ambos se alimentan de su goce. Mientras el sujeto se reduce a una pasividad absoluta, la realidad pierde su carácter inexorable, y se transforma en un mundo donde las reglas de la naturaleza arbitrariamente se pueden violar de acuerdo a la voluntad de goce. El sujeto encuentra objetos tipo "droga" que lo anclan a un goce y esos objetos lo representan. Los habitantes encuentran en el mismo Centro Comercial una playa y un centro de esquí. Los objetos ofertados también apuntan a la dimensión pulsional: La industrias de lo escópico empujan a ver y escuchar todo, así como a ser vistos y escuchados todo el tiempo (como en la novela 1984 de G. Orwell), todo es perecedero. También se tiene acceso dentro de ellos a objetos sublimatorios al estilo de las religiones y filosofías que le aseguran a cada uno una forma de verdad.

Hay quienes se lamentan de las consecuencias que este tipo de consumo acarrea para el lazo social y su fragilización, levantan sus voces para satanizar estos objetos del mercado sugiriendo el retorno a un objeto ideal que sí sería el objeto "bueno" (al estilo kleiniano) para el ciudadano, como lo sería la vasija de arcilla que fabricaba Cipriano Algor y que ahora a nadie gusta . El problema es que se asume como lo hacía Fairbairn que el "objeto" en la dimensión pulsional es consistente en la realidad, y no en su dimensión de falta.

Se puede salir liberado de la caverna platónica; los personajes de la novela de Saramago renuncian al final a vivir en el Centro; también en The Matrix el sujeto busca salir de la alienación. En este punto retomemos el deseo del analista, el deseo de Lacan, aquel que fue más allá de la realidad virtual que propone la máquina del fantasma, para orientarnos en la salida  que él propone.


 

[1] Saramago, J. "La Caverna". Alfaguara. Bogotá. 2001

[2] Wachowski, Andy y Larry . "The Matrix". Village Roadshow Prd. / Groucho II / Silver Pct. 1999

[3] Zizek, Slavoj . "The Matrix, o las dos caras de la perversión". Publicado en Antroposmoderno el 17-05-03. http://www.accpar.org/numero5/matrix.htm

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(*) N. del E.: Las dos primeras partes de este texto de José Fernando Velásquez, fueron difundidas en NEL-debates, el 11 y 18 de octubre 2007, en los números 8 y 9 de a respectivamente.

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Retomando la "Revisión del estatuto del objeto"

 

Susana Dicker

 

Me adhiero a la invitación de Juan Fernando, celebrando la oportunidad del espacio que nos ofrece.

Aunque la parte IV del Seminario La Angustia nos ubica más de lleno respecto a las cinco formas "naturales" del objeto a y a la convocatoria del congreso de la AMP, me interesa regresar a la parte II, "Revisión del estatuto del objeto", y rescatar su condición de bisagra respecto al resto del seminario.

Las preguntas finales de Mercedes Iglesias en el boletín # 6, en las que ella toma el guante arrojado por las preguntas de Héctor Gallo, en el boletín # 2, me devuelven a una interrogación de Lacan, planteada en la página 100 del seminario. Pregunta que considero fundamental para subrayar el eje del desarrollo de la segunda parte del mismo, que abarca los capítulos del VII al XI.

Transcribo: "¿Cómo se efectúa tal transformación del objeto, que convierte un objeto situable, localizable, intercambiable, en esa especie de objeto privado, incomunicable y, sin embargo, dominante que es nuestro correlato en el fantasma? ¿Dónde se sitúa exactamente el momento de esta mudanza, transformación, revelación?" . Considera, además, que ya nos fue preparando para ella, en sus recorridos de los años precedentes.

La invitación que hace Lacan, al comienzo de La Angustia, a pesquisar el objeto en la experiencia de la misma, en esta segunda parte es acompañada de una aclaración: "el objeto a no es el reverso de la angustia, pero sólo funciona en correlación con ella." 

Desde la consideración de la entrada del significante en lo real y el nacimiento del sujeto como posible –porque hay un cuerpo en el que el significante puede encarnarse y una parte residual, que es el a– hasta las distintas manifestaciones de las vicisitudes del sujeto en su relación a ese mismo a y al A, tanto en el amor como en la transferencia en las distintas estructuras clínicas, tanto en el acting-out como en el pasaje al acto, en el duelo, en la relación deseo-ley en el masoquista como en el fantasma sadiano y la condición de objeto causa del deseo del fetiche, vemos a Lacan interrogando el estatuto del objeto. Empujado por la noción de causa, revisa los desarrollos freudianos acerca de la pulsión y no descuida la relación del objeto a y el cuerpo.

Lo interroga con el esquema óptico. Pero también lo despeja cuando justifica su designación por una letra –buscando dar una "localización pura de identidad"– para no entrar en el juego metafórico; cuando concibe al a fuera del plano de la objetividad, subrayándolo como externo a ese campo; cuando retoma lo siniestro freudiano, en el paso de la imagen especular al doble que se me escapa y que le hace concluir que la angustia no es sin objeto; cuando distingue los objetos que se pueden compartir y los que no, y subraya el estatuto del a, causa, anterior a la constitución del objeto común, oponiéndose a la perspectiva subjetivista; cuando nombra a los cinco objetos "naturales" como cinco formas de la pérdida.

Y también lo hace con el recurso a la topología en el cross-cap para subrayar la función de corte inmanente al a, residuo, resto sin imagen especular; recurso que retoma con la topología del toro y la banda de Moebius para revisar la función del agujero, la falta como algo que sólo puede captarse por lo simbólico y a la que, sin embargo, el símbolo no suple.

De ello no es ajena su recomendación de situar el a en la transferencia y subrayar que el progreso de la cura está relacionado con la introducción de la función de corte como límite donde se instaura el lugar de la falta.

La angustia como señal le permite afirmar que no  hay peligro interno  pues ella es "la manifestación específica del deseo del Otro", es señal de una demanda que no concierne a nada más que a mi propio ser.

Todas estas consideraciones que marcan el trayecto de estos capítulos, no podían terminar sin que Lacan se ocupara del deseo del analista, como puente a la tercera parte del seminario, que anuncia otra bisagra entre goce y deseo.  

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Bibliografía razonada 10

 

A partir de La angustia, y después de Aún, hasta la muy última enseñanza de Lacan, Monique Amirault vuelve a trazar el camino de los lazos de i(a) y de a, invitándonos a explorar las consecuencias de la predominancia del cuerpo.

 

C. Lazarus-Matet

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El objeto a y su envoltura: una afinidad sospechosa

 

Monique Amirault

 

1.- En el último capítulo del Seminario La angustia (1962-63), Lacan aborda la cuestión del objeto apoyándose sobre la clínica del duelo. Se dedica en particular a formalizar nuevamente las relaciones del objeto a –como resto irreductible a la simbolización en el lugar del Otro–, objeto que está en el centro del seminario, y de la imagen, i(a), en su función narcisística. El problema del duelo, dice Lacan, es el del mantenimiento, en el nivel escópico de todos los vínculos de detalle por los que el deseo está suspendido, no del objeto a sino de i(a); con el fin de restaurar el vínculo con el verdadero objeto de la relación, el objeto enmascarado, el objeto a. Por el contrario, en la melancolía el objeto triunfa, como lo destacaba Freud, objeto cuyo gobierno escapa al sujeto y que exige para el melancólico pasar, por así decir, a través de su propia imagen para alcanzarlo.

Sólo podemos distinguirlos, dice Lacan, acentuando esta diferencia de función entre, por una parte, la relación de a con i(a) en el duelo y, por otra parte, en el ciclo manía-melancolía, la referencia radical al a, más arraigante para el sujeto que cualquier otra relación, pero también, profundamente ignorada, alienada, en la relación narcisística (pp. 362-363)

2.- Diez años más tarde, en El Seminario Aún (1972-73), la distinción entre a y i(a), está lejos de ser así resuelta. Lacan destaca más bien su solidaridad, al punto que no son más que uno: "El hábito ama al monje porque por eso no son más que uno. Dicho de otra manera, lo que hay bajo el hábito y que llamamos cuerpo, quizá no es más que ese resto que llamo objeto a. Lo que hace que la imagen se mantenga es un resto" (p. 14)

Al final de ese mismo seminario, Lacan vuelve sobre esta afinidad del a con su envoltura, es una de las articulaciones propuestas por el psicoanálisis (recordemos los trabajos de las secciones clínicas alrededor del matema del cuerpo (i(a)/a)), que introduce sin embargo un punto de suspicacia. Esta suspicacia alcanzaría al objeto a en tanto ser, es lo que Lacan comienza allí a rechazar, como lo ha destacado Jacques-Alain Miller en su curso, deslizando el objeto a del lado del semblante de ser.

"Del otro lado, el a, nos haría tomarlo por un ser (...) pero sólo se resuelve, al fin de cuentas, en su fracaso, en no poderse sostener en el abordaje de lo real" p. 115). Porque "el objeto a, no es ningún ser; es lo que supone de vacío una demanda." (p. 152)

"Y, sin embargo, la a pudo confundirse con la S(A/), encima de ella en la pizarra, echando mano a la función del ser. Aquí queda por hacer una escisión, un desprendimiento." (p. 101)

Y Lacan agrega: "¿No habremos de encontrar aquí la huella de que, como tal, él (el objeto) responde a algún imaginario (...) Sólo con la vestimenta de la imagen de sí que viene a envolver al objeto causa del deseo, suele sostenerse –es la articulación misma del análisis– la relación objetal." (p. 112)

Se desprende esta definición fundamental del analista: el analista es aquel que puede ocupar el lugar del semblante y hacer reinar allí el objeto a. Es la posición más conveniente para hacer lo que es justo hacer, a saber, interrogar como saber lo tocante a la verdad. (p. 116)

3.- Para concluir en forma de pregunta: ¿podemos decir que el hueso duro del "resto", a, no es entonces, lo que permite sostener la imagen, sino que es la imagen lo que permitiría sostener ese resto? En Atenas, recientemente Eric Laurent ponía el acento del lado del cuerpo en donde, decía, la estofa sostiene al sujeto. En cuanto al curso de Jacques-Alain Miller, nos abrió a un nuevo imaginario, que en la muy última enseñanza de Lacan sitúa el cuerpo en primer plano. Queda aún por extraer sus consecuencias.

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Lacan 1975

 

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