
El boletín de la NEL hacia el Congreso de la AMP
Buenos Aires, 21 al 25 de abril del 2008
Los objetos a
en la experiencia analítica
Boletín semanal
No. 6
Septiembre 27 del 2007
Moderador: Juan Fernando Pérez
Consultores: Leonardo Gorostiza
María Hortensia Cárdenas
Todos los integrantes de las Sedes, Delegaciones y Grupo de la NEL están invitados a participar en este boletín con sus comentarios, notas y textos en torno al tema del congreso
a, el boletín de l a NEL haci a el Congreso de la AMP
• Editorial
• Una contribución al "boletín a", por Débora Nitzcaner
• ¿Cuál episteme para el objeto a?, por Mercedes Iglesias
• Bibliografía razonada 6, por Pauline Prost
Editorial
Este número 6 de a lo conforman tres textos de miembros de la EOL, la NEL y la ECF. Allí las ideas se entrecruzan a través de preguntas y aclaraciones en torno al seminario La angustia; se podrá reconocer de esta manera que cada vez se hace más nítido en nuestro ámbito que al hablar de la angustia es necesario remitirse al objeto a.
El hecho era visible para el analista lacaniano de tiempo atrás, pero no siempre era tenido en cuenta, al menos en muchos reportes clínicos o en exploraciones teóricas. Freud, la histeria, la sexualidad, la fobia, el síntoma en general y otros muchos hechos, permitían ya señalarlo, a pesar de que las prácticas no pocas veces lo olvidasen. Era necesaria entonces una teoría aun más sistematizada acerca de la angustia para que ello resultase enteramente visible; era necesaria, como lo ha destacado Miller en Roma 2006, que existiese una teoría de la angustia "construida para hacer vacilar con ella la noción común". Ello contribuye a responder el porqué Miller ha invitado a los analistas de la AMP a trabajar el seminario de Lacan sobre la angustia como eje en la reflexión del objeto a.
Debora Nitzcaner de la EOL, en su amable reflexión para los lectores de a, se remonta a la articulación entre el estadio del espejo y el significante para situar el objeto a como resto hasta definir la significación de la angustia como fenómeno decisivo en el acceso al mismo. El lector podrá establecer en este punto cómo el texto de Debora se complementa con el de Pauline Prost de la ECF quien subraya que el drama del deseo –drama esclarecido por Lacan con la introducción del objeto a– permanecería oscuro si la angustia no viniera a poner de manifiesto su sentido.
Mercedes Iglesias de la NEL-Maracaibo se pregunta por la episteme que corresponde al objeto a, y apoyada con gran tino en La naturaleza de los semblantes de Miller presenta tres períodos en Lacan en los que desarrolla distintos modos de abordaje de los problemas epistémicos que plantea lo real. Entrega así una lúcida reflexión que permite orientarse en la lectura del seminario X y en general en la relación entre la angustia, el objeto a y lo real.
El lector leerá con provecho tres textos cortos que engrosan el trabajo hacia Buenos Aires 2008.
Juan Fernando Pérez
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Una contribución al "Boletín a "
Debora Nitzcaner
EOL
Secretaria del VI Congreso de la AMP
"El verdadero genio del psicoanálisis es
el objeto a"
J.-A. Miller. *
En respuesta a la invitación de Juan Fernando Pérez propongo situar en la lectura del Seminario de La Angustia algunos interrogantes que Lacan presenta para responder al problema de la constitución del a como resto.
Va a disponer de la angustia precisar la escisión que se produce en la articulación entre el estadio del espejo –es decir, como lo expresa el Discurso de Roma, la imagen especular– y el significante.
En esta dirección el objeto a, es definido como resto, residuo; objeto cuyo estatuto escapa al estatuto derivado de la imagen especular, el remanente que deja detrás de él la introducción de lo simbólico en lo real. …"Es tan difícil de articular que se constituyó en la puerta de entrada de las confusiones en la teoría analítica "…
Se trata aquí de instituir otro modo en el que se defina el objeto a, que no sea en el registro especular. Avanza por el abordaje de la angustia, en tanto vía de acceso al objeto a, ese resto que no es significante.
¿Cómo profundiza entonces Lacan la función del objeto en la experiencia analítica?
El a es la causa, el objeto causa; elaboración que restituye el objeto parcial a su lugar de objeto causa, bajo la forma de resto y desecho.
El "objeto a" lo enuncia como el único objeto que debe proponerse al análisis de la transferencia.
El neurótico concede el a al Otro, el fantasma constituye su "a postizo", es el soporte del deseo, consigue defenderlo de la angustia. Es por este sesgo que se puede hablar del objeto a, es su única traducción subjetiva.
…"El neurótico no dará su angustia"… La primera entrada, de toda la cadena del análisis, consiste en que el sujeto dé su equivalente, un poco de su síntoma. La vía original de su demanda. En otros términos, la demanda acude indebidamente al lugar de lo que ha escamoteado, a, el objeto.
Este Seminario se abre al esclarecimiento de una confusión, cómo identificar el objeto del deseo, "que sea difícil de identificar no implica que este ahí y de manera decisiva" . Entonces situará a la angustia entre tres temas: el primero será el goce del Otro, el segundo la demanda del Otro y el tercero aquel deseo que se manifiesta en la interpretación, ahí donde incide el analista en la cura; es el deseo del analista.
Se producirá así un cambio de estatuto en la aplicación de la interpretación, el analista trata de interpretar el objeto-causa. La interpretación tiene por objeto la causa del deseo.
Para ello da una precisión clínica, "en la medida en que se apunta al vacío en cuanto tal, se instituye la dimensión siempre descuidada, y con razón, cuando se trata de la transferencia".
Para concluir voy a hacer referencia a J.-A. Miller en el texto "Genio del psicoanálisis" * título que se enmarca para demostrar la apertura a lo real puesto en juego en la experiencia freudiana: un goce irreductible que no tiene un símbolo fálico, que se resiste al discurso. Goce al que Lacan ha dado una escritura, el objeto a, que no tiene lugar en lo universal. Precariedad del objeto que solo puede verificarse en el caso por caso, en la particularidad de una cura.
El desafío ya ha sido iniciado, queda por continuar y responder a la invitación que nos convoca Eric Laurent, "La apuesta mayor del Congreso de 2008 de la AMP sobre los «objetos a en la experiencia analítica» es proseguir nuestro diálogo entre el psicoanálisis como práctica y la civilización que es nuestro partenaire".
* El Analiticón 1. Ed Correo-Paradiso. Fundación Campo Freudiano en España. 1986.
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¿Cuál episteme para el objeto a?
(Primera parte) *
Mercedes Iglesias
NEL-Maracaibo
Miller plantea en La naturaleza de los semblantes tres épocas en Lacan y diferentes modos de abordar los problemas epistémicos en torno a lo real. En un primer momento lo real queda fuera. Esto es así no porque Lacan acepta en ese momento una noción de realidad planteada por el positivismo lógico, la realidad como el mundo de los hechos, el estado de las cosas. En esta época es como si no hubiera más que la relación de lo imaginario con lo simbólico. Y es así que Miller sostiene que no tenemos propiamente hablando una ontología porque tenemos que lidiar con 'lo que no hay', con lo que fracasa, nuestro real es algo del orden de lo que no se dio, del desencuentro.
La siguiente episteme se denomina la etapa lógica y aquí introduce lo real, en tanto a, lo coloca como diciendo, ahí está, existe y causa. Esta etapa se denomina lógica porque lo real lo puedo presuponer lógicamente y entonces al menos lo puedo escribir: está ahí. Miller introduce el ejemplo de Tales quien es capaz de medir la pirámide por su sombra; algo así sucede con lo real; lo que tenemos es la sombra pero sabemos que está ahí lo real, que algo causó la sombra.
Posteriormente la episteme de la década de los 70 será la topología con todos los cambios que estamos intentando elucidar. P. Monribot vino a Maracaibo a dar un curso en torno a algunos capítulos del Seminario de La Angustia. Escuchándolo, le pregunté ¿por qué hablaba del objeto a en la episteme topológica? ¿Por qué seguir hablando del objeto a en otra episteme diferente? Es decir, al pasar a esta episteme el objeto a pasa a ser un semblante de lo real y no una escritura que designa lo real.
Analizando el texto del Seminario 10 Monribot sostiene que aquí se trata de cavar un problema, que hay un abismo entre lo real y su formalización. La angustia será así una vía de acceso al objeto a que es más una escritura que un nombre. En un primer movimiento la angustia es causada por el objeto a, en un segundo movimiento, la angustia crea el objeto a. Miller sostiene así que la primacía de la angustia transforma lo real de la Cosa inconcebible en un objeto real, lógicamente concebible.
De este Seminario de Monribot pude captar que el objeto a adquiere otra dimensión en la siguiente episteme; no desaparece sino que se mantiene bajo otro estatuto. Es así que Monribot señala que es muy importante distinguir entre el objeto agalmático, deseable, del objeto a que es causa, es resto de una operación significante y del cual el sujeto no quiere saber nada. Aislar la causa en análisis significa extraer del campo del Otro, el objeto que mi fantasma eligió como deseable. El objeto a es construido topológicamente como agujero. Lacan intenta materializar ese objeto con el fin de que no sea una abstracción topológica y de que sea operatorio en nuestra práctica. Se trata de encarnarlo. Explora las formas que toma el objeto y le da soportes a nivel del cuerpo. Lo extrae de los objetos de la pulsión.
Entonces, las siguientes preguntas: una tal como lo sostiene Gallo, ¿qué estatuto lógico y epistémico tiene el objeto a entendido como resto de una operación significante? ¿Cómo explicar la relación de que el Otro se hace inconsistente a partir de entender el objeto a como resto significante? Y, por último, ¿debemos admitir una cierta 'sustancialidad' en la episteme topológica?
* La segunda parte de este texto se publicará en el No. 7 de a .
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Bibliografía razonada 6
Pauline Prost trata aquí, según sus propios términos, "un tema insistente en el Seminario X: la disyunción del punto de angustia y del punto de deseo, y la inversión que se produce en sus relaciones, entre el objeto oral y el objeto fálico".
C. Lazarus-Matet
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Los caminos cruzados de la angustia y del deseo
Pauline Prost
La entrada en escena de los objetos a en el Seminario X reconduce lo más vivo de la clínica hacia el punto mítico en el que el goce del viviente, siempre perdido según los relatos de origen, avanza e insiste a través de un "resto" refractario a las regulaciones del lenguaje y del principio del placer, exceso pulsional alrededor del cual "gira el drama del deseo". Este drama permanecería opaco si la angustia no viniera a revelar el sentido.
El pasaje del mito a la estructura toma el sesgo del espacio, horizonte y límite de todo saber: la hiancia irreductible entre el punto de angustia y el punto de deseo procede de una tópica, el deslizamiento del objeto, causa supuesta del deseo, expuesta en la angustia, procede de una topología. Pero este objeto es el mismo, el flujo pulsional ligado al Otro primordial, Das Ding, cuya proximidad es riesgo de muerte psíquica, retorno al riesgo de muerte física en el desamparo absoluto del nacimiento.
Así, bajo su forma oral, el punto de angustia está situado en el cuerpo de la madre, el seno nutricio; el punto de deseo, por el contrario, es el pezón, un señuelo, un engaño al hambre, por donde el objeto oral es desplazado, trasvestido, cubierto por todo tipo de objetos sustitutos de los cuales la cultura ofrece una panoplia ilimitada. El objeto queda reducido a su envoltura, función exacta del fantasma, que mantiene el objeto a distancia. A la manera de los perros de Baskerville, que ladran al acercarse al peligro, la angustia mantiene la separación entre goce y deseo; ella es "media" y no "mediadora" como el amor que pone sobre el objeto su velo de agalma.
La inversión paradójica en el caso del objeto fálico, paradigma de todo objeto, esta repartición es inversa. La angustia de castración es "el único nivel en el que la angustia se produce en el lugar mismo donde falta el objeto". Esta anomalía le permite a Lacan retomar la temática freudiana del tope de la castración.
Efectivamente, la angustia es la verdad de la sexualidad, pero la castración es su coartada, su máscara. La angustia no es correlativa a una falta, porque la caducidad del órgano es su goce: "El objeto está en esta caída misma". La angustia está bien en su lugar, en el punto de llamado a un exceso, el goce sumergido de la vida, donde se perfila la muerte del individuo, la conversión sadiana del instrumento de goce en órgano sacrificial.
Esta inversión de la angustia traduce una inversión del deseo: su estatuto metonímico de elisión, de falta en ser, de negativo está aquí positivizado en emblema de potencia. Pero la potencia pertenece al campo narcisista, se despliega en lo imaginario, impostura viril, mascarada femenina, frustración y reivindicación. El objeto caduco deviene objeto parcial, "invención y fantasma del neurótico". Situado en el Otro, es eso que puede ser demandado.
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Robert y Rosine Lefort
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